La eterna Europa siempre deja al descubierto sus heridas cuando se trata de resolver alguno de los múltiples problemas que la aquejan y no se diga si es la Unión Europea (UE) la que debe resolverlos. Para llegar a la solución habrá antes rayos y centellas y una lentitud que suele poner los pelos de punta.

Pero a ciencia cierta, la UE siempre ha logrado sobrevivir a sus amenazas existenciales, aunque tenga que vivir con el elefante en la cocina; con Putin tiene una vecindad claramente en riesgo.

No es solo su ejército… es su guerra híbrida, los hackeos constantes, las interferencias electorales y la financiación a partidos ultraderechistas. Hay toda una estrategia perfectamente delineada llena de malos acontecimientos que han contribuido a debilitar la fortaleza del bloque comunitario porque hay fuerzas orbitando para romperlo.

Veámoslo objetivamente: el golpe fortísimo de la crisis de las subprime en Estados Unidos que desató en 2008 un colapso financiero que sumió a la UE en una recesión, larga por cierto, una decáda para salir de ella. Y, cuando, está por levantar cabeza llega Trump en su primera Presidencia e impone aranceles inaugurando una época negra para el comercio mundial. No se salvaron los aliados europeos.

Tampoco lo hicieron de la pandemia y de sus graves efectos colaterales: en tasas de mortandad, minando la confianza de cierta parte de la poblacion hacia sus instituciones; alimentando las teorías conspiranoicas compradas ademas por la ultraderecha que dijo no a las vacunas, no a cortar las libertades y no a los confinamientos.

Del desastre de la pandemia y de su gestión, el enojo en la calle recayó en las urnas y muchos de los gobernantes o perdieron las elecciones o perdieron poder en sus respectivas cámaras. Es el caso de Francia y Alemania.

Encima, la pandemia debilitó más a las economías. Esta historia que parece de terror, no está completa porque tras levantarse las restriciones por la pandemia, entonces Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero de 2022.

La UE respondió en foma de sanciones y de cortar lazos económicos, financieros y comerciales con Rusia; y, encima, ha debido ayudar y financiar económicamente y militarmente a Ucrania para que resista ante el invasor.

Ya estaba debilitada la UE, ahora se pega un tiro en el pie con las sanciones a Rusia y con rebajar a mínimos las compras de ese barato gas y petróleo ruso. Alemania lo ha resentido, por esa está en recesión.

Muy seguramente caiga el canciller Olaf Scholz en las elecciones del próximo 23 de febrero, es parte de este juego macabro, de darle golpe tras golpe,

a la UE para ver si finalmente termina despedazada a mordiscos entre los ultranacionalistas, los populistas más rancios y los tardofascistas.

A COLACIÓN

Desde luego, no puedo obviar la salida de Reino Unido, con el Brexit, de la UE a finales de diciembre de 2020; por si faltase algo negativo por contar y recordar.

De este destino, con tal mal fario que se carga la UE, no se libra de la sombra alargada y afilada del dictador ruso, con sus pretensiones de recuperar para Rusia su antigua zona de influencia en Europa del este que antes de 1991 orbitaba bajo los designios de la URSS.

La invasión rusa a Ucrania juega parte de esta estrategia de Putin: hay motivaciones económicas, ganas imperialistas y la añoranza por un rol geoestratégico más relevante.

Ahora que se habla de un alto el fuego negociado por Trump, con Putin, sin tomar en cuenta al país invadido que es Ucrania, ni a la UE, que es la zona estratégica afectada, la sensación de humillación corre por los pasillos de los despachos gubernamentales: desde la Moncloa, el Elíseo, hasta el Palacio Bellevue.

Pero allí esta la bella Europa, dubitativa, que no quiere quedarse fuera de una mesa de negociación pero ni siquiera se ha puesto de acuerdo qué va a proponer; un alto el fuego no significa la paz, solo tiempo para que Putin se reorganice e invada a Georgia, luego a Moldavia y llegue a los Bálticos. ¿Cómo van a frenar que Putin no cumpla con sus deseos teniendo a Trump de su lado? Si de algo están conscientes los líderes europeos es que se están jugando su futuro inmediato y mantener la paz tendrá un elevado costo.