.

La militarización en el país no es el rumbo a tomar que México requiera con extrema urgencia; por lo contrario, el empecinamiento del representante del Poder Ejecutivo en tener mayores facultades para manejar a su antojo las fuerzas armadas, ahora mismo que estamos en los pro-legómenos de las elecciones de 2012 y que nos permitirán constitucionalmente cambiar al gene-ral de cinco estrellas y estar en posibilidades de terminar con este ya largo viacrucis de cinco años, sería llevar a la República entera a incrementar el ya elevado número de muertos mismos que se cargan a la espalda del inexperto y soberbio capitán de fruslería y a complicar aun más el triste panorama nacional.

Desafortunadamente para los mexicanos, en el Congreso de la Unión -específicamente en la Cámara de Diputados- los personeros presidenciales que se encuentran en función de legisladores continúan cabildeando sobre las reformas necesarias para lograr tal fin y, con mucha insistencia, como si los males que el país padece se debiesen solo a la falta de normas y no a la desobediencia o desacato de las leyes y reglamentos constitucionales por quienes principalmente tiene la obligación de hacerlo.

Sin descanso, en forma constante durante todo el ejercicio constitucional que lleva Calderón, sacó a la calle a soldados y marinos y los mandó infantilmente, primero a nuestro Estado, a combatir a las organizaciones que traficaban -y que lo siguen haciendo exitosamente- con estu-pefacientes tan necesarios e imprescindibles principalmente para nuestros vecinos del Norte. Ya sabemos que su objetivo no fue alcanzado y certificamos que, por el contrario, el conflicto se ha extendido a todo el territorio nacional agravando la de por sí difícil vida de todos los nacionales. Se han despoblado comunidades enteras y reducido considerablemente la producción agropecuaria por la emigración provocada.

En la otra cara de la moneda, lejos de meditar sobre las verdaderas causas de la proliferación del crimen organizado, de un plumazo, en octubre de 2010, Calderón termina con la vida labo-ral de miles de trabajadores electricistas y abre un frente más de intranquilidad social que se suma a los millones de ninis, en un entorno en donde la inflación continúa ascendente mientras el salario se achica inversamente proporcional a como crecen las fortunas de los grandes millonarios de México.

A trabajadores y pobres los ha transformado en miserables mientras a los grandes empresarios, en bandeja de plata les entrega y prácticamente les regala las concesiones de “fibra óptica” que con recursos millonarios del estado mexicano los gobiernos nacionalistas fueron construyendo poco a poco conforme crecían las propias empresas eléctricas nacionales; es decir, CFE y la compañía de Luz y Fuerza del Centro. Es pues, rumor conocido, el por qué del cierre de Luz y Fuerza.

La guerra de Calderón no termina y por el contrario, miles de millones de dólares que pudieron invertirse en generar fuentes de trabajo, en educación, en materia de investigación científica, en salud, etc., se han dilapidado en la compra de armamento, construcción de bunkers, vehículos militares, aviones y helicópteros que rápidamente se destruyen, y en un incremento salarial considerable, muy por arriba de la media nacional, para soldados y marinos. ¡Pero la guerra termina con todo y el país se empobrece aún más!

La derrota de Calderón quiera apuntalarla con reformas constitucionales en materia de soldados y marinos, pero solo contemplando que en un momento determinado, cuando se extienda aún más su guerra, puede Felipe declarar la excepción y el “estado de sitio” que le puede dar el pretexto para suspender el proceso electoral para renovar el año próximo al titular del Poder Ejecutivo.

La reforma soñada de Calderón no es para modificar el marco jurídico que rige a los militares y éstos puedan ser juzgados por tribunales civiles cuando cometan delitos como los que han cometido frecuentemente. Ya puede realizar el espionaje telefónico, ya puede dar michoacanazos aun cuando después meta reversa obligada. Más de una vez el Congreso de la Unión le pidió suspender la utilización de las fuerzas armadas y estas siguen combatiendo contra el narcotráfico. Sus programas de estrategia y seguridad no han dado resultado. ¿Declarar “el estado de sitio” en el país será lo que persigue Felipe?