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Sus decires solo son un deseo pero su tozudez disgusta, enfada, molesta, cansa y lo lleva a afirmar que tiene la razón y este supuesto lo hace actuar irrazonablemente, lo que demuestra que no razona y si no lo hace es porque no la tiene, le es ajena o tal vez, simplemente, la ignora. Complementa sus constantes declaraciones indicando que tiene(n) la Ley y la fuerza lo que le da poder y, en la demostración de la misma fuerza, tiene el usufructo del gobierno pero lo único que ha logrado a lo largo de estos cuatro años y medio es el de incrementar el número de las cifras en las estadísticas del propio INEGI: mayor endeudamiento, mayor pobreza, mayor el número de secuestros, de asesinatos, de masacres las que mes a mes rompen sus propios records. Por más ley, poder y razón que dice tener los crímenes no van a la baja pero en cambio crece la molestia del ciudadano común y corriente; se multiplican las marcha de inconformes demandando ¡no más sangre! y exigiendo otras estrategias que resuelvan el enorme crucigrama que significa la guerra contra el crimen organizado.

Cuestiona el presidente que solamente lo cuestionan y que los quejumbrosos cansados por la caótica situación que vivimos no aportan ideas, pero cuando éstas se dan a raudales por parte de investigadores sociales, intelectuales, por los partidos distintos al que pertenece, por el Congreso de la Unión, por la sociedad en lo general, afirma que no cambiará su única y tozuda estrategia, que es la de utilizar a soldados, marinos y policías federales, cuyo número de muertos tampoco lo sabemos, no dan informes y por lo mismo, presuntamente intuimos que son muchos más las bajas que tiene de los que nos informan diarios y noticieros.

Pero no termina allí su soberbia; su razonamiento equivocado lo induce sólo a nuevas ideas para fortalecer el militarismo no para combatir el crimen. Por eso, a los planteles integrados en el Con-sejo Nacional de Educación Profesional Técnica ( CONALEP) llegan hasta éste sus secretarios de Educación y el de Gobernación, no para revisar estadísticas o analizar la problemática que inter-namente se tiene: Arriban como emisarios del pasado Alfonso Lujambio y Francisco Blake, olvi-dando por un momento lo de la guardería en Hermosillo y las ”broncas “políticas. Acuden a esta institución educativa con la destacada idea de su comandante supremo, sólo para “hacer leva”; es decir, acuden a los colegios donde expresan la idea de reclutar a los estudiantes y enrolarlos en el ejército o en la policía, por lo que, ignorantes, suponemos que hacen falta más policías y soldados pero no sabemos si porque eran pocos los que había o hay, o son muchos yá los que han muerto en la guerra contra las organizaciones que tiene el narco crimen y por lo mismo, hay que reemplazar a los caídos.

 

En la época del Porfiriato las levas y el mátalos en caliente eran la norma del gobierno Porfirista. Las levas eran cosa de todos los días y así parece ser la muerte (diaria y en abundancia) de jóvenes sin porvenir alguno metidos a narcotraficantes porque no hay otra cosa en el país para ellos. Sin juicio alguno aparecen balaceados por todo el territorio nacional sin saber si se enfrentaron con el ejército o la policía.

Antes, con Don Porfis, llegaba el ejército y agarraba parejo sin importar si a los que obligaban a enlistarse en el ejército querían irse a la “bola” o a realizar trabajos forzados, de sol a sol, en las grandes haciendas que acaparaban inmensas extensiones de los mejores terrenos. No importaba si tenían el interés de hacerlo o no; tuvieran o no familia, pero si no aceptaban, la muerte esperaba por ellos. Ahora Calderón, quien ha participado en un simulacro de una guerrita, quien se fotografía subido a un jet de combate, quien ha sido transportado en una Humvee, que ha gastado millones y millones de dólares en equipamiento, en armamento, en helicópteros, distraído recursos que bien podían servir para generar empleos seguros, etc. gira sus altas ordenes para que los secretarios hagan leva en las escuelas de educación Técnica Profesional.

En el ejercicio del poder indebido, las cárceles -como en el Porfiriato- se han llenado no importando los michoacanazos que dan paso más tarde para meter reversa y liberar a muchos inocentes que sufrieron las consecuencias de este ejercicio torcido en el manejo de las leyes.

Por fuera de las cárceles deambulan millonarios que han quebrado al país, que matan en guarderías, que deben millones de pesos por usos de aeropuerto, que venden cemento no de la calidad que ofrecen y aun cuando haya ordenes de aprehensión, ni se inmutan.

La estrategia presidencial no da para más. Su guerra que está perdida y por más gritos que se dan no oye y su razonamiento no le permite saber que está equivocado, que su guerra está perdida, que los crímenes aumentan, que…