Indignados México

 La capacidad del hombre para la justicia hace la democracia posible, pero la inclinación del hombre hacia la injusticia hace a la democracia necesaria.
Reinhold Niebuhr

¿Por qué en México no ha iniciado un movimiento de indignados por lo que sucede en el país? No me refiero a un movimiento como el de Javier Sicilia, a la reciente Marcha de las Putas o a las “n” Marchas por la Paz que ha habido en los últimos años. Me refiero a que no hay un grupo de mexicanos dispuestos a salir a marchar día con día, a acampar indefinidamente en el zócalo de la Ciudad de México, en los centros de cada una de las capitales de nuestros estados o en las plazas municipales de nuestro país. No sólo no están dispuestos a salir y plantarse indefinidamente, sino que quienes salen no están dispuestos a organizarse colectivamente y perder protagonismo, no lo hacen con objetivos claros ni comunes que evoquen principios y no pequeñas demandas que no modificarán más que la realidad de pocos. Quienes salen a demandar hoy cambios para nuestro país no los tienen claros y no logran sumar adeptos ante la indefinición o constantes cambios en sus demandas.

Cada movimiento me parece loable para perseguir pequeños logros y atacar pequeñas causas, pero hoy México no requiere cambios pequeños, sino cambios profundos y radicales que nuestro sistema político actual no permite que florezcan o siquiera que se propongan. ¡Por Dios! Escribo esto con un hartazgo y una indignación tal de la política mexicana, de la administración pública y la putrefacción de las instituciones de nuestro país (ver el editorial de ayer de Mauricio Merino de el Universal). No soy el único, no somos los únicos. España comenzó el 15 de mayo al levantarse en contra de un sistema político que considera insostenible, cuyas prácticas limitan la provisión de servicios públicos de calidad, cuyas luchas electorales dejan de lado las necesidades de la población de satisfacer sus derechos sociales como la educación, el trabajo o la salud. En México, la situación es aún peor, estamos luchando día a día por la protección de nuestros derechos civiles, políticos y humanos, ¡caray! estamos peleando por el derecho a la vida, porque podamos salir a las calles y que no nos maten; por el derecho a la propiedad, por salir a la calle y que no nos quiten lo que es nuestro. ¿Qué diantres esperamos?

 
Es tiempo de abrir los ojos, de sumarnos para creer que podemos hacer un cambio. Yo comparto en su mayoría el planteamiento del Movimiento M-15 o Democracia Real Ya de España y ¿saben qué?, no está tan distante de lo que demandamos y sentimos los mexicanos. Las causas de nuestros problemas pueden ser innumerables, desde la educación, la cultura o nuestro sistema político hasta la herencia histórica que nos mantiene en un circulo vicioso del que parece imposible salir. ¡No es así! Sí es posible salir, sí es posible cambiarlo. Hoy creo que una de las principales causas que limita que podamos crecer como sociedad (entiéndase crecimiento económico y humano) es el sistema político-electoral. No son los partidos políticos, sino las reglas que hoy los regulan hacia dentro y hacia fuera. No son los candidatos, sino el sistema de cómo son electos, cuyos incentivos están puestos para que rindan cuentas a los líderes de partido o a quienes aseguraron su candidatura, pero jamás a la ciudadanía; incentivos que tampoco aseguran su capacidad o profesionalismo como personas idóneas para convertirse en líderes.
Los ciudadanos mexicanos nos hemos convertido en espectadores de nuestra realidad. Nuestra injerencia hoy es mínima, pues los incentivos están dispuestos para que la participación sea cada tres años en la ronda electoral, pero déjenme recordarles algo: la democracia se vive en el día a día. La democracia se vive no sólo cuando intervenimos en la elección, sino cuando podemos participar en el día a día en la co-gestión ciudadanía-gobierno, cuando los ciudadanos participan en los procesos de toma de decisiones, cuando exigen cuentas, cuando intervienen en el proceso de las políticas públicas con propuestas y soluciones, cuando es posible identificar responsables sobre decisiones concretas (no olvidemos el caso de la guardería ABC o el caso de licitaciones millonarias de adjudicación directa). Además de ello, falta el ingrediente principal: la democracia no se vive sin justicia. La democracia no es posible si no existe un sistema capaz de proveer justicia, un sistema cuyas reglas sean cumplidas y se hagan cumplir y, en los casos donde no se cumplan, sea posible perseguirlas y sancionar. España también ha titulado la revolución española como una revolución ética, cuyos principales valores se sustentan en la honestidad y en el interés colectivo sobre el interés individual. ¡México, comencemos ya!
El artículo de hoy no es más que una convocatoria para que nos convirtamos en la Fuente Ovejuna de Lope de Vega, aquella que unida bajo el objetivo común de buscar el bienestar colectivo deja de lado pasiones e intereses individuales para buscar lo mejor para la comunidad. Les dejo el MANIFIESTO que ha utilizado el Movimiento M-15 con algunas modificaciones para el caso mexicano y los invito a que lo adoptemos como bandera de lucha pacífica y como el inicio de algo que puede cambiar definitivamente el rumbo de México:
MANIFIESTO “DEMOCRACIA REAL YA MÉXICO”:
Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

 

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos, pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de policías, políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.
Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:
Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, [la justicia], el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
 Existen derechos [sociales] básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz. [También existen derechos civiles y políticos que no se deben vulnerar bajo ninguna circunstancia: los derechos a la vida, a la propiedad, a la libertad de expresión, a la libertad de tránsito dentro de nuestro propio país y al derecho de votar y ser votado como ciudadano por medio de un partido político o de manera independiente.]
 El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de [México] y la humanidad.
 La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. [Al vivir en una democracia representativa,] sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes políticos y económicos y aferrándose al poder a través de una [oligarquía] partidocrática encabezada por [los mayores partidos políticos como el PRD, PAN y el PRI]
 El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
 Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo. [Es importante recalcarles que sin ciudadanos no hay democracia]
 Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.
Hoy yo estoy indignado por todo lo que está sucediendo en México. ¡Sumémonos! Sí estás dispuesto a entrarle, a que iniciemos un cambio profundo y radical, a plantarte en la plancha del Zócalo o en el centro de nuestras comunidades, pongámonos en contacto e iniciemos el movimiento que cambie a México.

 

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