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Sólo un mes nos separa de las elecciones de Noviembre próximo. Tomar una decisión per-sonal y a la vez colectiva, que será de trascendencia para el futuro de nuestro Estado no es fácil y de ninguna manera puede ser trivial y más aun, no debiera estar sustentada en las voces múltiples de la publicidad que a raudales nos atosiga, ahoga, confunde y molesta por los enormes recursos económicos que se diluyen y que bien podrían servir para remediar algunos de los miles de males que inundan todo el territorio nacional. Nuestro voto debiera depender de un análisis completo, profundo, del actuar de los últi-mos gobiernos que nos han conducido a las lamentables condiciones socioeconómicas y políticas que estamos padeciendo.

Ciertamente la frecuencia de las olas de publicidad impactan y empujan en sentido con-trario al propósito de la propaganda que es el de impulsar el voto ciudadano y conlleva, en lugar de ejercerlo, a no votar o anular el mismo. Hay partidos que venden su alianza por una candidatura y otros que la compran y no creo que por lo anterior se tenga que anular el voto o que sea lo prudente el no acudir a las urnas. Ciertamente que los partidos están desdibujados y muchos de los aspirantes a las candidaturas no son lo más recomendable.


Para ejercer adecuadamente el voto, los ciudadanos tenemos que hacer una revisión de la historia política ocurrida en los últimos años y analizar las consecuencias que ha provoca-do tanto el gran robo electoral de 1988 a Cuauhtémoc Cárdenas, como el fraude cometi-do en contra de Andrés Manuel López Obrador en el año 2006.

Sirva de recordatorio en este análisis la conducta antinacional de Miguel de la Madrid, quien prácticamente inició el colapso económico con la venta indiscriminada de más de 1400 empresas que componían el Patrimonio Nacional. La privatización fue un proceso ilegal, de componendas entre el capital privado y el gobierno, mediante el cual las tareas del sector público fueron transferidas alevosamente al sector privado que más y más ha intervenido cada vez en la financiación y en la prestación de servicios asistenciales que al Estado corresponde y desatendiéndose, éste, de sus funciones y sus responsabilidades. Los gobiernos subsecuentes, ambos del PRI y del PAN, terminaron con la faena iniciada. Vicente Fox con su trivialidad y Calderón con su necedad y por su estupidez acabaron casi por desquebrajar a la República. Los actos de estulticia política, de corrupción guberna-mental finalmente han sido peliculescos y últimamente, films de guerra fratricida .

En Michoacán, compiten tres partidos solamente; desde luego que hay otros que bajo la sombra de PAN, PRI y PRD, van en busca de limosnas proporcionales y nada más. Una mu-jer es la representante de Felipe Calderón, mismo presidente que en todos los rincones de México ha dejado una huella de sangre que no se borrará y que además, amenaza con extenderse. Ya van más de 50 mil, dicen los que de esto saben y ¡aún hay más! como decía Raúl Velasco (+). Lo anterior es el fondo real del problema actual; de aquí debemos desprendernos para el análisis correspondiente.

El gobierno de estos dos partidos, terminaron con todos los principios y activos que la Re-volución Mexicana impulsaba todavía hasta los años 80. Luego vino la descomposición. Recuerdo bien que de la Madrid indicaba que no era casual el que México se hubiera hecho propietario de esas 1400 empresas que daban sustento a la República, ¡ese era el propósito! afirmaba y terminó vendiéndolas.

Lo que ha dejado de hacer el gobierno de la República y la serie de interminables proble-mas que ha causado como consecuencia de su incapacidad política son de los primeros elementos a analizar y que nos servirían de pauta para ejercer un voto razonado y a con-ciencia, y a particularizar o generalizar el voto a un partido o a un candidato.

Los partidos políticos (PAN, PRI, PRD) están en las mismas condiciones, lo que nos lleva a los ciudadanos a no confiar en los mismos y menos en sus representantes, pero en las transas los dos primeros llevan la mano. No es fácil la decisión, pero un voto de confianza al PRD se hace necesario para impulsar la corrección del rumbo desde el centro del país.