C.P. Manuel Montes y Arroyo
Una mirada desde el año 2000
Primera parte
Cuando se analiza la situación financiera de México en 2026, es fácil concentrarse únicamente en las cifras actuales: el monto de la deuda pública, el costo financiero, las pensiones, los ingresos y gastos del Gobierno Federal o las necesidades presupuestarias de los estados y municipios.
Sin embargo, las finanzas públicas no se construyen de un año para otro.
Muchas de las condiciones que hoy enfrentamos comenzaron a formarse hace décadas. Por ello, para comprender mejor la situación financiera de México en 2026, considero conveniente mirar hacia atrás y recordar cuáles eran algunos de los principales problemas que se discutían alrededor del año 2000 y, particularmente, durante los trabajos realizados en los primeros años de este siglo.
No se trata de comparar cifras de manera aislada, porque la economía mexicana ha cambiado profundamente en estos años. Se trata de observar qué problemas se identificaron entonces, qué se hizo para enfrentarlos y cuál es su situación actual.
Esta perspectiva permite comprender que algunos problemas fueron atendidos, otros cambiaron de naturaleza y algunos permanecen, incluso con una dimensión mayor.
1. EL MÉXICO FINANCIERO DEL AÑO 2000
Al comenzar el nuevo siglo, México enfrentaba importantes retos económicos y fiscales.
El país había atravesado durante las décadas anteriores diversas crisis económicas, ajustes fiscales, procesos inflacionarios y cambios en su estructura productiva. La estabilidad macroeconómica alcanzada hacia finales de los años noventa representaba un avance importante, pero no significaba que los problemas estructurales de las finanzas públicas estuvieran resueltos.
Uno de los temas que ocupaba un lugar central era la necesidad de fortalecer los ingresos públicos.
México tenía una recaudación tributaria relativamente baja en comparación con otras economías y una importante dependencia de los ingresos provenientes del petróleo.
Esto significaba que las finanzas públicas podían beneficiarse considerablemente cuando los precios internacionales del petróleo eran favorables, pero también quedaban expuestas cuando estos disminuían o cuando la producción petrolera comenzaba a perder dinamismo.
Este problema adquiere especial relevancia cuando observamos la situación actual.
2. LOS INGRESOS PÚBLICOS Y LA DEPENDENCIA DEL PETRÓLEO
Durante muchos años, los ingresos petroleros representaron una fuente fundamental para financiar el gasto público.
PEMEX no solamente era una empresa estratégica para el país; también constituía una importante fuente de recursos para las finanzas públicas.
Esto permitió durante mucho tiempo financiar una parte importante del gasto gubernamental con los recursos derivados de la actividad petrolera.
Pero esa situación también generó una vulnerabilidad.
Cuando una parte importante de los ingresos públicos depende de una actividad cuyo precio y producción pueden variar, las finanzas públicas quedan expuestas a factores que el Gobierno no controla completamente.
Durante los primeros años del siglo XXI se discutió ampliamente la necesidad de fortalecer la recaudación tributaria y reducir la dependencia de los ingresos petroleros.
El problema, por tanto, no era desconocido.
Lo importante es preguntarnos qué ocurrió después.
México avanzó en diferentes reformas fiscales y en el fortalecimiento de la administración tributaria. El SAT incrementó sus capacidades de fiscalización y, con el paso de los años, se incorporaron nuevas herramientas tecnológicas para combatir la evasión y facilitar el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
Sin embargo, paralelamente se produjo una transformación profunda en la situación de PEMEX.
La empresa pasó de ser una fuente muy importante de recursos para el Gobierno a convertirse en una empresa con fuertes necesidades financieras y operativas.
Esta transformación constituye uno de los cambios más importantes que debemos considerar al analizar las finanzas públicas actuales.
3. PEMEX: UN CAMBIO FUNDAMENTAL
La historia de PEMEX durante estos años merece una reflexión especial.
En los primeros años del siglo XXI, hablar de PEMEX significaba hablar de una de las principales fuentes de ingresos para el Estado mexicano.
Hoy la perspectiva es diferente.
La empresa enfrenta problemas financieros, operativos y de endeudamiento que tienen repercusiones directas e indirectas sobre las finanzas públicas.
Esto representa un cambio fundamental.
El problema ya no consiste solamente en cuánto dinero puede aportar PEMEX al Gobierno, sino también en cuánto apoyo financiero puede requerir del Estado.
La transformación es particularmente importante porque demuestra que las finanzas públicas deben analizarse desde una perspectiva de largo plazo.
Una fuente de ingresos que durante décadas fue considerada fundamental puede dejar de cumplir esa función y convertirse, con el tiempo, en una presión adicional para el presupuesto.
Por ello, cuando en 2026 analizamos las necesidades financieras del país, no podemos hacerlo sin considerar la evolución de PEMEX.
4. EL GASTO PÚBLICO: UN PROBLEMA QUE TAMBIÉN CRECIÓ
Otro de los grandes temas que ya se discutían alrededor del año 2000 era el crecimiento de las necesidades de gasto público.
El Gobierno tiene que atender cada vez más obligaciones: educación, salud, seguridad, infraestructura, programas sociales, pensiones, transferencias a estados y municipios, inversión pública y el funcionamiento de las instituciones.
El problema aparece cuando el crecimiento de las obligaciones permanentes supera la capacidad de generar ingresos suficientes para financiarlas.
Y aquí encontramos una de las características más importantes de las finanzas públicas de 2026:
una parte cada vez mayor del presupuesto está comprometida antes de que el Gobierno pueda decidir libremente cómo utilizarla.
Pensiones y jubilaciones, participaciones y aportaciones a entidades federativas, servicios personales, programas sociales y, de manera muy importante, el costo financiero de la deuda, representan obligaciones que limitan el margen de maniobra presupuestario.
Esto significa que el problema financiero no consiste únicamente en cuánto gasta el Gobierno, sino en cuánto del gasto puede realmente modificar de un año a otro.
5. LA DEUDA PÚBLICA: DE UN PROBLEMA CONTROLABLE A UNA PRESIÓN CRECIENTE
La deuda pública también estaba presente en las discusiones financieras de los primeros años del siglo.
México había aprendido, a través de las crisis de décadas anteriores, que un endeudamiento excesivo puede tener consecuencias muy graves para la economía.
Por ello, durante los primeros años del siglo XXI se puso especial atención en mantener una mayor estabilidad de las finanzas públicas.
Sin embargo, con el paso de los años la deuda fue creciendo.
Para 2026, de acuerdo con las cifras que hemos venido analizando, el endeudamiento público alcanza aproximadamente 18.6 billones de pesos, equivalente a cerca de la mitad del Producto Interno Bruto.
Pero el tamaño de la deuda no es el único problema.
Existe otro elemento que puede ser todavía más preocupante: el costo de mantenerla.
Para 2026, el costo financiero de la deuda representa alrededor de 1.5 billones de pesos.
Estos recursos no se destinan a construir una escuela, ampliar un hospital, mejorar una carretera o fortalecer una institución.
Son recursos necesarios para cubrir los intereses y demás costos derivados del endeudamiento.
La situación obliga a formular una pregunta que considero fundamental:
¿Cuánto espacio le queda al Gobierno para atender nuevas necesidades cuando una parte tan importante de sus ingresos debe destinarse previamente al pago de obligaciones adquiridas en el pasado?
Esta pregunta no corresponde a un partido político ni a una administración determinada.
Es una pregunta de finanzas públicas.
6. LAS PENSIONES Y JUBILACIONES
Otro problema que ha adquirido una dimensión mucho mayor con el paso de los años es el relacionado con las pensiones y jubilaciones.
En el año 2000, México ya sabía que el envejecimiento de la población y los sistemas pensionarios representarían un desafío futuro.
Hoy ese futuro ya llegó.
El gasto en pensiones y jubilaciones representa una de las obligaciones más importantes del presupuesto federal.
Esto tiene una explicación sencilla: los sistemas pensionarios generan obligaciones durante muchos años y, una vez adquiridos determinados derechos, el Gobierno debe cumplirlos.
Por ello, las decisiones tomadas décadas atrás tienen consecuencias financieras muchos años después.
Este es precisamente uno de los aspectos que debemos tener presentes cuando hablamos de las finanzas públicas.
El presupuesto de hoy también es consecuencia de decisiones tomadas en el pasado.
7. LA INFORMALIDAD: UN PROBLEMA QUE CONTINÚA
Existe otro problema que ha acompañado a México durante décadas y que continúa siendo fundamental: la informalidad.
La existencia de millones de personas y actividades económicas fuera de la formalidad limita la capacidad recaudatoria del Estado y, al mismo tiempo, genera desigualdades entre quienes cumplen regularmente con sus obligaciones fiscales y quienes permanecen fuera del sistema formal.
La tecnología ha permitido mejorar considerablemente la fiscalización.
El SAT cuenta actualmente con herramientas que hace veinte años prácticamente no existían.
La facturación electrónica, las declaraciones digitales, los cruces de información y las nuevas herramientas de análisis han aumentado considerablemente la capacidad de las autoridades fiscales.
Pero la tecnología no elimina por sí misma la informalidad.
La puede detectar mejor, pero el problema económico y social requiere políticas de mayor alcance.
Por eso, un problema que ya se identificaba en los primeros años del siglo XXI continúa formando parte de la realidad financiera de México en 2026.
8. ESTADOS Y MUNICIPIOS: UNA ASIGNATURA PENDIENTE
También debemos recordar que las finanzas públicas mexicanas no se limitan al Gobierno Federal.
Estados y municipios tienen responsabilidades fundamentales en la prestación de servicios públicos.
Sin embargo, existe desde hace muchos años una fuerte dependencia de las transferencias federales.
El artículo 115 constitucional reconoce importantes responsabilidades a los municipios, entre ellas servicios públicos fundamentales como agua potable, drenaje, alumbrado público, limpia, mercados y otros.
Pero para cumplir adecuadamente esas responsabilidades se requieren ingresos suficientes, una administración eficiente y mecanismos adecuados de control.
La situación financiera de muchos municipios demuestra que el problema de las finanzas públicas también tiene una dimensión local.
No podemos hablar de un federalismo financiero sólido si los municipios carecen de capacidad suficiente para generar y administrar sus propios recursos.
9. ¿QUÉ CAMBIÓ ENTRE 2000 Y 2026?
Después de revisar estos temas, podemos encontrar una conclusión importante.
México no permanece igual.
En algunos aspectos se han logrado avances importantes.
La administración tributaria es mucho más moderna. La tecnología permite obtener y cruzar información que hace veinte años era prácticamente imposible manejar. La transparencia presupuestaria también ha avanzado y existen mayores mecanismos de fiscalización.
Sin embargo, algunos problemas estructurales no desaparecieron.
La necesidad de fortalecer los ingresos públicos continúa.
La informalidad continúa.
Las presiones pensionarias aumentaron.
La deuda pública creció.
El costo financiero de la deuda adquirió una dimensión considerable.
Y PEMEX, que anteriormente representaba una importante fuente de recursos para el Estado, actualmente constituye uno de los grandes retos financieros del país.
Por ello, no sería correcto afirmar simplemente que México está igual que en el año 2000.
Tampoco sería correcto afirmar que todos los problemas fueron resueltos.
La realidad es más compleja.
Algunos problemas fueron atendidos, otros se transformaron y algunos adquirieron una dimensión mucho mayor.
10. UNA REFLEXIÓN PARA 2026
La comparación histórica nos deja una enseñanza que considero fundamental.
Las finanzas públicas deben observarse con una visión de largo plazo.
Una decisión puede parecer conveniente en determinado momento y, sin embargo, generar obligaciones muchos años después.
Una fuente de ingresos puede parecer permanente y dejar de serlo.
Una deuda que inicialmente parece manejable puede convertirse con el tiempo en una obligación que limite las posibilidades del Gobierno.
Y una obligación social que no se atiende oportunamente puede convertirse posteriormente en una presión presupuestaria mucho mayor.
Por eso, analizar las finanzas públicas de 2026 únicamente a partir del Presupuesto aprobado para ese año sería insuficiente.
Para comprender la situación actual tenemos que mirar hacia atrás.
México no llegó a 2026 con una situación financiera creada en 2026. Llegó con el resultado acumulado de decisiones económicas, fiscales y presupuestarias tomadas durante muchos años.
Esta primera parte nos permite identificar los principales problemas estructurales.
En la segunda parte será necesario analizar con mayor detalle qué significan las cifras de 2026 para las finanzas públicas y, sobre todo, cuánto margen financiero tiene realmente el país para enfrentar las necesidades de los próximos años.
Conclusión de la primera parte
La pregunta ya no debe ser solamente cuánto dinero tiene México.
La pregunta fundamental es:
¿Cuánto de los recursos públicos puede realmente decidir utilizar el Gobierno después de cumplir con las obligaciones que ya adquirió?
La respuesta a esta pregunta nos permitirá entender mejor la verdadera situación financiera de México en 2026.
Para la elaboración de este artículo se consultaron diversas fuentes oficiales y especializadas, entre ellas disposiciones legales, documentos y estadísticas de instituciones públicas, información de la Convención Nacional Hacendaria y otros materiales relacionados con las finanzas públicas de México. Asimismo, se utilizaron herramientas de Inteligencia Artificial como apoyo para la investigación.