¿No que no? Por fin, los “hombres de negocios” michoacanos se rajaron, por fin, pidieron ayuda y que se reactive pronto la economía en nuestro amado Michoacán, pues, por fin, se dieron cuenta de que es un grupito nada más los que se benefician del erario y pueden mantenerse de pie sin cerrar sus negocios ni arriesgar su patrimonio.
El pasado fin de semana los organismos empresariales y sindicatos de ricos salieron a clamar a los cuatro vientos sus desgracias, y no es para menos, pues en los últimos meses se han cerrado desde tiendas de barrio y estanquillos, hasta negocios establecidos que pagaban piso, fondo y hasta impuestos. La planta productiva se desmorona mientras un pequeño grupo se sigue regodeando del dinero público y por ende, no ve amenazada su inversión, en pocas palabras, les vale una pura si los demás revientan, al cabo tienen la chichi en el hocico.
De su dicho, lo rescatable es que los emprendedores michoacanos bajaron la guardia y se mostraron vulnerables ante la falta de liquidez de gobiernos municipales y del estado, la retención de pagos y la morosidad de la gente a la que le venden sus mercancías. No hay ventas y se detiene la producción.
Haciendo de lado su falso pudor dijeron que urge se liberen los pagos atrasados y se atraigan inversiones, pues no ven la puerta de salida, sin embargo, ninguno de ellos habló respecto al porqué sus líderes de cámara y organismos no mueven un dedo para solucionarles sus cuitas.
Desde textiles, imprentas, ropavejeros, tenderos, abarroteros y hasta taxistas resienten la falta de dinero en las calles, los únicos que venden sin reserva son los bares, cervecerías y antros de desplumadero, pues para la sana recreación siempre sobra un varo.
De ahí en fuera, todos los demás comerciantes, chiquillos, largo, y grandotes, arrempujo, se la pasan haciendo guacamole con la rabadilla esperando que la cosa se mejore, de lo contrario, tendrán que cerrar y emigrar de estado y hasta de país.
Entonces, ¿quién podrá socorrernos?
























