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Este martes se definió finalmente el candidato de unidad del PRD, los números, -sin contundencia, hay que decirlo- dieron la ventaja necesaria a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), para encabezar a los partidos de izquierda en sus aspiraciones de ganar la Presidencia de la República.

Con ello se pone oficialmente el primer nombre en la mesa de lo que probablemente será la terna de candidatos que lucharán sin cuartel por los votos de un pueblo sumido en una recesión económica y una crisis de seguridad percibida como nunca antes en la historia de nuestra democracia como uno de los problemas más apremiantes a resolver.


Así las cosas PAN y PRI tendrán que definir sus candidatos bajo este entendido, a sabiendas que enfrentarán a una izquierda unida y con un candidato que de manera ininterrumpida desde el 2006 ha mantenido operando su estructura a lo largo y ancho del País, y ha contado con una cobertura noticiosa medianamente buena en los medios de comunicación. Saben que enfrentarán al que para muchos es un mártir de la democracia, una víctima de los obscuros intereses de los grupos que le impidieron –desde su perspectiva- ganar 6 años atrás.

En ese sentido el PRI ya ha definido que le apuesta a hacer un ejercicio de calentamiento para que Enrique Peña Nieto mida sus retos en los estados de la república donde su partido es oposición, para que redescubra sus bastiones y reconozca sus zonas hostiles. Le apuestan a concentrar los reflectores locales y nacionales en la precampaña para llegar con un impulso extra y generar una tendencia ascendente que lo catapulte en la contienda constitucional, por lo que realizarán una elección interna para definir quién será su candidato a la Presidencia de México, aunque todo mundo sabe que el candidato será Peña Nieto, quien con el simple hecho de hacer una campaña aceptable puede capitalizar la inercia ganadora que trae su partido y el apoyo de los gobiernos estatales en manos del PRI.

El PAN por su lado tiene hasta este momento una apuesta más ambigua, velada y en cierto modo incierta, y aunque la única esperanza de obtener un resultado decoroso en las próximas elecciones está más en función del candidato que escojan, que el método de selección, hasta este momento, Creel y Cordero se mantienen al menos formalmente a la espera y en la contienda, pero ante estas alternativas la única opción que tiene Acción Nacional es, según mi lectura, Vázquez Mota, porque ella puede presentarse ante el electorado como una ciudadana capaz de generar el prometido cambio, una transformación radical en materia de seguridad y económica basada en una cualidad distinta a la de sus otros rivales y antecesores: su género.

Asumiendo este escenario, una campaña entre: AMLO, EPN y JVM. Se dará una contienda en distintos frentes, en el primero la batalla será por el voto de una generación, género y estrato socioeconómico. En otro frente, se dará una batalla con el respaldo que puedan generar el gobierno federal, estatal y municipal hacia sus candidatos. Y finalmente, otro frente que lidiará con la batalla entre las estructuras de un partido y un movimiento que aglutina las estructuras de otros movimientos.

La lucha por el voto de las generaciones que aún tienen fresco en la memoria lo que representan los años de gobiernos priistas en la Presidencia de la República (De 30 años en adelante) será entre el PAN y PRD, pues quienes se definen a si mismos como anti-PRI, apoyarán al partido que tenga mayor chance de contener el regreso de dicho partido a los pinos. Es decir que esa contienda generacional la ganará el partido de oposición que esté mejor a unos días de la elección y pueda apelar convincentemente por un voto útil para frenar el regreso del tricolor a los pinos. En el segmento de los electores menores a 30, sucederá lo contrario, el PRI y el PRD pelearan por los votos de una generación que sólo conoce los resultados de gobierno de administraciones panistas en el ámbito federal, y se encuentra francamente inconforme con el desempeño en materia económica y de seguridad, por lo cual la explicación que presenten a la opinión pública sobre el modelo que seguirán en el combate al crimen organizado puede ser central para obtener votos de ellos.

Por género, la lucha por la simpatía de las mujeres se dará entre JVM y los otros dos candidatos. En la medida que ella sea capaz de transmitir la idea que el cambio en el país es asequible adaptando una visión de género en el gobierno entonces podrá salir victoriosa y hacerse de una cantidad importante de votantes de sus rivales. Si es capaz de construir un discurso que haga central el tema del género y logra esperanzar a la ciudadanía que la alternancia en el poder será insuficiente si no es impulsado con responsabilidad por un actor con un pensamiento humanista y maternal, entonces AN tiene un buen chance de conseguir muchos votos con su candidatura.

Por estrato socioeconómico el choque más fuerte será entre López Obrador y Peña Nieto, entre los perredistas y priistas, que competirán probablemente con distintos métodos por los votos de los marginados del desarrollo en el país según se puede prever en su discurso.

Otra fuente de votos muy importante que sin duda alguna será un factor decisivo en esta elección son los apoyos que los gobiernos municipales, estatales y federales darán a los actos proselitistas de sus partidos. En este sentido la gran ventaja la tiene el PRI pues tiene la mayoría de gobiernos estatales y por lo general opera electoralmente de manera magistral en las entidades federativas que gobierna. Lo interesante será ver qué sucede en las entidades donde la pluralidad hace convivir a gobiernos yuxtapuestos en el ámbito Estatal, municipal y federal. Que sucederá por ejemplo aquí en Cancún donde los tres gobiernos (federal, estatal y municipal) emanan de un partido distinto.

Por último, un punto para considerar en la batalla que viene es el despliegue de las tropas en tierra a través de la organización de los partidos y movimientos involucrados en la contienda. En los cuales por la distribución territorial del poder en México y el trabajo realizado recientemente, es el PRI quien lleva la delantera, seguido muy de cerca por AMLO que a lo largo de estos casi 6 años se ha dedicado a moldear y robustecer la estructura que a lo largo de la campaña necesitará para identificar, convencer y movilizar a sus simpatizantes y electores potenciales.

Politólogo. Líder nacional de Insurgencia Participativa. Estudió la licenciatura en ciencia política y la maestría en Políticas Públicas en el ITAM. Asesor político en el ámbito federal, estatal y municipal desde 2001. Fue primer regidor del municipio de Benito Juárez, Quintana Roo. http://www.facebook.com/zanabar Twitter: @RobertoEstradaM