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Justo hace 6 años, en noviembre, se publicó la lectura que hoy quiero comentarle. Se trata de “Equipo de Rivales. El genio político de Abraham Lincoln” (Editorial Simon and Schuster, New York, New York, 2005).


Se trata de una de esas obras excepcionales del género biografía política, de la historia Doris Kearns Goodwin, que estudia y retrata no solo al décimo sexto Presidente de los Estados Unidos sino al mismo tiempo, en conjunto, a varios de los miembros de su gabinete. Kearns ganó el prestigiado Premio Pulitzer en la categoría de historia en el año 1994 por otra biografía múltiple: la referida al presidente Franklin Roosevelt y su esposa Eleanor. En el mismo sentido, escribió Los Fitzgerald y los Kennedy, una saga americana, en 1987.

El libro es la historia de la impensable destreza y enormes cualidades políticas de Lincoln que le permitieron forjar amistades con hombres que habían sido sus adversarios políticos, cuyas vanidades y agravios (reales o imaginarios), de no haber sido atendidos, habrían escalado a una hostilidad permanente, dificultando en grado superlativo su ejercicio de gobierno en tiempos de secesión. Así, según Kearns, el genio del abogado de Illinois le permitió asumir la responsabilidad de las fallas de su equipo y, con la misma soltura, compartir el crédito respecto de los triunfos.

La obra empieza con cuatro hombres esperando, en sus respectivos cuarteles de campaña, noticias sobre los resultados de la convención del partido republicano, celebrándose en Chicago, que elegiría al candidato presidencial para la elección de 1860. Los otros tres, también abogados de profesión, eran políticos profesionales muy experimentados y no concedían a Lincoln la menor oportunidad por sus modestos méritos y corta trayectoria. Eran William Seward, Senador por New York; Salomon Chase, Gobernador de Ohio; y Edward Bates, viejo lobo de la política nacional, originario de Missouri.

Al saber que Lincoln los había derrotado, los tres montaron en cólera. El triunfador, en cambio, en una jugada maestra, expresiva de su profunda auto confianza, los incorporó a todos al gabinete. A Seward lo nombró Secretario de Estado (Canciller); a Chase, Secretario del Tesoro (Hacienda) y a Bates, Procurador General.
Algunos historiadores insisten en que tener a estos personajes en su administración le permitiría al Presidente tener mejores oportunidades de controlarlos y a ellos les restaría oportunidades de “irse por la libre” y portarse mal. Sería seguro también que, de darse controversias entre ellos, se anularían entre sí, brindándole a su líder la calidad de supremo árbitro entre ellos. Por otro lado, no hay que olvidar que Lincoln se hizo de la candidatura presidencial por su posición centrista pero además porque tenía pocos enemigos o ninguno, mientras que sus competidores cargaban con largas carreras políticas, que les significaban largas listas de malquerientes.

Gracias a la templanza y prendas del Presidente, éste se convirtió en el indiscutible líder de este verdadero equipo de rivales. Sus secretarios se tornaron de adversarios jurados (y que se veían gobernando a través del débil Lincoln, al que esperaban relegar a figura de ornato) en leales colaboradores y verdaderos amigos en los momentos más oscuros de su país.
A lo largo de la obra, apasionante relato político con invaluables lecciones para el presente mexicano, puede advertirse la extraordinaria pericia del Presidente para construir y mantener intacta su coalición de gobierno; para inducir o realizar filtraciones estratégicas a la prensa; y reconocer y usar las fuentes reales del poder del ejecutivo federal, con una permanente disposición serena y equilibrada.

El mérito de Equipo de Rivales. El genio político de Abraham Lincoln, es que nos provee de una nueva manera de “leer” la época por la que discurren sus múltiples protagonistas, ya que no sólo sigue a los 4 personajes centrales, sino que a través de nuevas fuentes documentales, como correspondencia, diarios personales, múltiples fotografías y documentación oficial otrora no considerados relevantes, descubre personalidades relevantes para los protagonistas y para los procesos políticos que transitaron, como sus esposas e hijos o colegas y adversarios de avatares burocráticos.

Con todo y sus lecciones particulares sobre la historia del presidencialismo norteamericano y específicas sobre la política durante la guerra civil del vecino país, la lectura que COLUMNA NORTE de esta semana ofrece también cuenta con mensajes invaluables para los candidatos presidenciales y sobre todo para el que resulte ganador en la elección del año próximo. Está en ellos (y en él o ella) saberlos reconocer y aprovechar. Nos leemos la semana próxima.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

Licenciado en Derecho con 22 años de experiencia en el servicio público en posiciones de Dirección y Alta Dirección en la Administración Pública Federal, del Distrito Federal, en órganos autónomos (IFE, IEDF), en el Congreso de la Unión y en el sector privado. Candidato a Maestro en Derecho Constitucional y Amparo por la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados. Columnista semanal del periódico LA CRÓNICA DE HOY (columna TRAS BANDERAS los miércoles) generalmente en temas electorales o de análisis y comentario político. Profesor y conferencista en diversas instituciones de educación superior en Derecho. Colaborador ocasional de las revistas PROCESO, VÉRTIGO, EME-EQUIS, NEXOS, y del suplemento dominical ENFOQUE del periódico REFORMA. [email protected] Twitter: @sergioj_glezm