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Esta semana las noticias con relación a ser un joven de entre 12 y 29 años en México no son del todo esperanzadoras; según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística de nuestro país, el   35% de los habitantes cuyas edades oscilan en ese rango,  no estudian o no trabajan.


Circunscritos en el término “Nini” que coloquialmente trata de designar a estos jóvenes con futuro incierto (no quiero pensar que sin futuro, me niego a ser tan derrotista), valdría la pena replantearnos de qué forma nos afecta como sociedad una alarmante noticia de estas dimensiones y, tristemente, cuánto nos ocupa. Además, también es preciso ubicar cuántos de estos jóvenes son resultado de las políticas sociales implementadas desde hace años que han visto superado su ámbito de acción y que, desde esa perspectiva, como evaluación al ojo de buen cubero, y me refiero al programa oportunidades, están generando igualmente problemas sociales no previstos como escenario futuro de política pública
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Además, está ese pequeño plus de la delincuencia organizada, esa que lastima y aniquila ya no solo sueños o esperanzas, sino vidas  de las que pienso yo al no encontrar otra opción más redituable, rentable o ni siquiera real de vida enrolan en sus filas a miles y miles de jóvenes que al no encontrar ni estudios ni trabajos deciden acoger esta única opción de ingreso de recursos en este mi México lindo y querido. No voy a profundizar acerca del origen de estos muchachos, porque si alguno de quien lea estas líneas me diga que los valores y la formación que hace que cada uno de nosotros decida no irse al “camino fácil” (pregúntome yo, qué tiene de fácil este camino?) tal vez en la totalidad de los casos descubramos que son hijos de familias disgregadas donde al menos uno de los padres migraron al no encontrar otra opción de trabajo o ingresos en el país.

Tal vez conocer el origen del problema nos ayudaría a entender las implicaciones que hasta el momento se tienen. No es gratuito que las migraciones ocurran del campo a la ciudad, cuando en el campo se tienen políticas públicas han “tenido que ser” no proteccionistas a lo local; cuando la canalización de recursos se planea desde el escritorio, considerando la adopción y no la adaptación de criterios económicos y de sus políticas públicas consiguientes a desarrollos que no son locales; cuando para la distribución de los recursos se crean figuras asociativas que no coinciden con la realidad social de la localidad; cuando se solicitan requisitos legales, por ejemplo la propiedad de la tierra, a núcleos de población que no acceden a sistemas individualizados desde lo local; cuando los apoyos orientados hacia la comercialización de los productos no vislumbran necesidades reales e inmediatas como los canales e infraestructura para la distribución y salida de los productos locales, mucho menos para su comercialización o cuando dentro de los padrones de productores a quienes beneficiar, aparecen hasta los hermanos de los secretarios de Estado federales, quienes al enterarse de ser descubiertos aducen la costumbre como la razón por la que no deben renunciar a los apoyos otorgados de manera consecutiva desde hace años.

Para no ahondar más en el problema, aunque lo ideal seria planear, realizar y evaluar conforme los resultados que se vayan obteniendo, la idea del desarrollo local, o desde lo regional, potencializando factores como el capital social, la apropiación del problema y los resultados obtenidos por medio de los agentes y actores locales, se vislumbra como una alternativa al sistema económico mundial, el que como díria el gran Zizek, ha adoptado un capitalismo cultural que sólo nos hace cómplices piadosos.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

Licenciada en Derecho por la UNAM y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha trabajado en diversas instancias gubernamentales y ha sido docente de universidades privadas. Twitter: @almasoberano