.

Primero una obviedad; el uso de la Internet ha cambiado la manera de informarse. Su acelerado crecimiento y su virtual omnipresencia ha hecho que las noticias nos lleguen de manera instantánea, sin mayores filtros. La supercarretera de la información propicia la transmisión de información de primera mano, de manera inmediata, sin editar y sin matices. Ahora mas bien el problema es la saturación de noticias, por lo  que nos vemos obligados a separar lo que es útil de lo que es irrelevante paja.

Hace poco  llegó a mi correo uno de esos correos/cadena imposibles de rastrear hasta su origen primario.  La mayoría de esas cadenas son intrascendentes, algunas simpáticas, otras no tanto por su filosofía barata estilo Og Mandino o Deepak Chopra,  pero ocasionalmente llegan algunos bastante rescatables y que ponen el dedo donde hay que ponerlo.


El siguiente correo  es un  buen ejemplo de ellos; se trata de una verdad que muchos se niegan a aceptar, básicamente por que es muy difícil ejercer la autocrítica, no un maquillaje gatopardesco, sino una real y profunda autocrítica. El original es un escrito extenso, por lo que transcribo solo una parte del mismo:

“El ataque al casino en Monterrey no fue la gota que derramó el vaso. Este hecho ha sobrepasado incluso al crimen organizado. No es desproporcionado hablar ya de terrorismo. Jamás en la historia de nuestro país un ataque había dejado tantos muertos; jamás se había realizado un atentado contra la población con tanta saña.

Nuestro vaso ya estaba desbordado, al igual que el Estado Mexicano. A estas alturas es torpe y estúpido señalar a un único culpable. Pero en México señalar a otros y lavarse las manos es el pasatiempo nacional gritando “Calderón, asesino”, “Muera el espurio”, “Gobierno represor, cobarde, inútil”.

Todas estas frases, vacías por naturaleza, poseen cierta lógica; muestran el miedo, la impotencia, la ignorancia al asumirse inocentes y culpar a otro de nuestros males. Como si fuera Calderón  personalmente, quien dispara, secuestra, viola, asesina o decapita.

Yo no culpo a Calderón. Es el presidente, y siempre tendrá responsabilidad.  Pero él tiene cinco años en la Presidencia, y los mexicanos tenemos más de 200 años de ser como somos.

Calderón tiene responsabilidad, y su guerra carece de resultados y de estrategias. Pero no podía quedarse con los brazos cruzados viendo cómo los cárteles despedazaban el país para repartirse los pedazos. Yo no culpo a Calderón.  Culpo a nosotros, a los mexicanos, que durante toda nuestra historia hemos hecho de los ilícitos la manera normal de vivir y relacionarnos. La mordida, la transa, la piratería, conducir un auto como verdaderos estúpidos, estacionarnos en lugares prohibidos, festejar cuando alguien burla las leyes, sobornar al maestro, al dependiente de alguna tienda para que nos venda alcohol cuando no está permitido, el graffiti que tapiza las ciudades, presumir de que somos intocables e influyentes, tirar basura en las calles.

Decenas de nuestras conductas diarias, que nos parecen normales, son ilícitas. Simple y llanamente, delitos. Estamos demasiado acostumbrados a vivir de esta manera,  a despreciar a quien demuestra educación, a insultar al que consideramos inferior. Festejamos cuando un niño comienza a decir sus primeras malas palabras y lo animamos a que las diga en público como si fuera una gracia. Preferimos ver un partido de fútbol que leer el periódico; una telenovela que adentrarnos en un libro.

Yo no culpo a Calderón. Tiene responsabilidad, pero en todo caso, ¿por qué Calderón y no el PRI, que por 72 años fue el partido intocable, megacorrupto y todopoderoso? Generaciones enteras se educaron bajo su sombra.

Los que venden drogas son los responsables. Pero también quienes las consumen. Quienes saben que sus amigos o familiares las consumen. Y quienes saben que un conocido suyo las vende, y por eso tiene dinero.

¿Por qué, cuando alguien se compromete a querer cambiar las cosas, se le ataca, se le critica, se le insulta, y no se hace otra cosa más que hablar y hablar?.  No soportamos que los demás tengan razón o sobresalgan. Estamos resentidos. ¿Somos violentos por naturaleza?, ¿Imbéciles que odiamos porque nos odiamos a nosotros mismos?.

Yo no culpo a Calderón. Calderón no es diferente a López Obrador, a Peña Nieto, a Marcelo Ebrard. Creer que alguien llegará para llevarnos de la mano al país de las maravillas es una verdadera estupidez. Este país no será diferente mientras no dejemos de ser como hemos sido”

Fin de la transcripción.

Si lo leemos con calma, veremos que mucho tiene de verdad. Nos agrade o no.

Alejandro Vázquez Cárdenas
[email protected]