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El desafío de los gobiernos de América Latina es la inversión en políticas públicas para el desarrollo de la juventud y no impulsar planes como el «Mano Dura».
La mayoría de países de América Latina enfrentan el mismo fenómeno de la violencia y crimen organizado, situación que pone a los jóvenes en riesgo, ya que son los más propensos a ser víctimas y victimarios.

La situación de los jóvenes es muy paradójica; por un lado, es un sector que tiene dificultades, que tienen carencia en acceso a la educación de calidad, dificultades en empleo y son protagonistas de hechos violentos; pero, paradójicamente, los jóvenes son la reserva de cambio que la sociedad necesita, indica Alejo Ramírez, secretario de la organización Iberoamericana de Juventud (OIJ).
Ante esos datos reales, el desafío de los gobiernos de América Latina y El Salvador es la inversión en políticas públicas para la juventud y no seguir impulsando más “Mano Dura”, advirtió el secretario de la organización, durante el desarrollo del IV encuentro de Periodistas Iberoamericanos sobre Juventud, celebrado en San Salvador.
“La Mano Dura no ha dado resultados, porque si diera los resultados que uno espera más allá de las cuestiones ideológicas y políticas, uno entendería que algunos sectores lo apoyen, pero la Mano Dura solo ha generado más violencia”, recalca Ramírez.
Países como Guatemala, Honduras, El Salvador y México han probado la formula de la represión llamada Mano Dura; pero quedó demostrado que esa iniciativa, lejos de ayudar, generó un panorama más complejo.
Las pandillas evolucionaron y se camuflagearon. Dejaron de tatuarse y cambiaron su forma de operar. Incluso, se volvieron más utilizadas por el crimen organizado y el narcotráfico.
Sólo en El Salvador, se estima que estos grupos juveniles estén integrados por unos 24 mil jóvenes.
“Muchas veces ocurre que no se ve la luz al final del túnel, que no tenemos modo de salir y se cree que de esto no se puede salir. Se le tiene que apostar y tener un compromiso serio.
Por ejemplo, en 10 años invertir en determinadas cuestiones como en espacios públicos,  en educación, empleos, no solo es poner más policías en las calles”, recalca el secretario.
Ramírez argumenta que el propio Banco Mundial (BM) dice que cada dólar que no inviertas hoy en políticas de inclusión social, educativas, serán siete dólares que se gastarán en el futuro en políticas de represión e inclusión.
“Uno puede tener bonitos discursos, pero la realidad de las políticas publicas se da a través de los discursos si estamos invirtiendo en educación o no, si estamos invirtiendo en empleos de calidad o no, si estamos invirtiendo en políticas de seguridad que atiendan la necesidad de los jóvenes y no de una sociedad o de los medios que temerosamente solicitan diariamente más mano dura”, agrega.
“Ante la desesperación, uno espera que lo salve Dios, que lo salve alguien. No hay soluciones mágicas para el tema de violencia, tienen soluciones a largo plazo”, dijo.
En el caso de El Salvador, se ha tomado la ruta de pensar más en los jóvenes.
El secretario instó a tomar en cuenta el caso de Medellín, en Colombia, con su situación de mafias, crimen organizado, violencia y que se inició a trabajar con inclusión.
Estos casos pueden servir como ejemplo y es donde se pide la colaboración de los medios de comunicación social, que sean conscientes o que vean la ruta, si ellos entienden que el camino elegido por determinado gobiernos para solucionar el problema de la violencia es el equivocado, no está mal que hayan críticas.
Para el secretario de la OIJ, los medios de comunicación son claves.
“Muchas veces se critica por el lado concreto; es obvio que hay trece homicidios por día, que hay familias que sufren permanentemente esa situación. Sin embargo, debemos todos, gobierno, medios de comunicación, sociedad, creer en soluciones a mediano y largo plazo”, acotó.
Además, enfatizó en que no es prudente que los medios de comunicación estigmaticen a los jóvenes; pues no son la mayoría los que están involucrados.
El representante de la OIJ considera que el contexto de violencia que se vive en muchos países hace que caminos, que se creían inadecuados, no necesariamente lo sean.
Las naciones deben de analizar otros factores externos y combatirlos como es el tema del narcotráfico; más en México, Guatemala y El Salvador, que son países de tránsito de este ilícito que llega a Estados Unidos.
El debate tiene que ser sobre el consumo de drogas y la penalización, o no, de ese tráfico. Ese es un debate que se está dando y es un tema que los presidentes están planteando.
Agregó que, el segundo tema que se tiene que analizar, es el ingreso social de nuestros países.