Por: Arturo Alejandro Bribiesca Gil
En los últimos años he escuchado insistentemente y en infinidad de voces, tanto de ciudadanos de a pie como de actores políticos, comentarios y opiniones en contra los legisladores “pluris”. Independientemente de si se está a favor o en contra de esta figura, lo importante es que la pongamos en su contexto.
Empecemos por conceptualizar: Los legisladores de representación proporcional, comúnmente llamados “pluris” o plurinominales, surgen de un sistema electoral encargado de traducir votos proporcionalmente en escaños, esto es, que todas las personas que acudan a emitir su sufragio se vean representadas en el órgano legislativo electo, ya que en el sistema de mayoría, solo los ganadores acceden a la representación.
En México tenemos un sistema electoral mixto, que conjuga el sistema de mayoría y el de representación proporcional, por lo que tenemos 300 diputados electos por mayoría y 200 “pluris”, que pudiera decirse representan a los votantes de los derrotados, dando esta combinación, en teoría, mayor representatividad social en nuestro Congreso.
En el contexto histórico debemos de reconocer que los diputados plurinominales cumplieron en su momento la función de llevar voces al Congreso de la Unión que en un sistema exclusivo de mayoría difícilmente se hubieran llegado a escuchar (el partido hegemónico ganaba todo o casi todo). Y a la fecha, este sistema de representación proporcional sigue cumpliendo con una importante labor, que es la de llevar a nuestros congresos cuadros técnicos e intelectuales que difícilmente podrían acceder por la vía de la mayoría relativa, toda vez que la elección popular privilegia el carisma y el corporativismo, sobre la capacidad y la preparación.
En discusiones sobre el tema, he escuchado un absurdo argumento contra los “pluris”, el cual estriba en que tenemos demasiados diputados (500), porque Estados Unidos de Norteamérica tiene casi 3 veces la población de México y solo tiene 425 congresistas; y digo absurdo, porque no se sostiene al mínimo contrargumento, que es que Alemania tiene menor población que nuestro país, sin embargo el Bundestag (Parlamento alemán) tiene más de 600 integrantes. Como podemos ver, las comparaciones en este caso son ociosas, y considero que el problema o descontento contra nuestro congreso y sus integrantes, no radica en la cantidad o en su forma de acceso, si no en la calidad de los legisladores y de los privilegios que gozan.
Es importante destacar que un congreso pequeño garantiza gobernabilidad y efectividad, pero resta representación y legitimidad, y esta es la interrogante principal que debe hacerse y responderse cuando se discute sobre la posible reducción de nuestro Congreso, que es muy válida.
Principalmente me he referido a los diputados plurinominales, toda vez que el caso de los senadores de este tipo se cuece aparte, ya que el origen de esta cámara revisora lo es la representación de las entidades federativas firmantes del pacto federal, por lo que pudiéramos advertir que su representación proporcional es en este caso innecesaria, ya que sin dichos legisladores, cada estado tendría la misma representatividad; es más, en la actualidad la lista nacional de representación proporcional genera que haya estados sobrerrepresentados en esa alta cámara (Michoacán tiene 6 senadores).
No debe pasar desapercibido para el análisis, una problemática que genera el sistema de representación proporcional, y que es la proliferación de partidos pequeños que, en México, poco aportan al trabajo legislativo y menos al desarrollo de país, sin embargo, una solución a esta problemática sería subir el umbral electoral al 5% (hoy día es 3%), a efecto de que solo subsistieran los partidos que en verdad representen voces distintas a las de los, hasta hoy, 3 principales partidos (PAN, PRI y PRD).
Finalmente, es preciso aclarar que el presente texto no pretende manifestarse a favor o en contra de los plurinominales, si no dar algunos datos que permitan vislumbrar que es un tema delicado y con muchas aristas, por lo que las manifestaciones a la ligera y sin sustento, son irresponsables y perniciosas.
NOTA: Les recuerdo que es un texto de 2016, al cual no le moví ni una coma.
























