Tras 14 largos meses de jaloneos polÃticos, fueron designados los tres consejeros ciudadanos que faltaban en el Instituto Federal Electoral.
Por 385 votos a favor, cero en contra y siete abstenciones el pleno de la Cámara de Diputados aprobó la nueva terna de consejeros.
Los tres nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral, Sergio GarcÃa RamÃrez, Lorenzo Córdova y MarÃa Marván, rindieron protesta el jueves pasado ante el Consejo General, luego de que la Cámara de Diputados aprobara el nombramiento de los nuevos funcionarios.
Con cierto cinismo Beatriz Paredes, a nombre del PRI, se congratuló con la designación, cuando fue precisamente su partido polÃtico el que impidió la integración del Consejo General del IFE, el que, cual reparto agrario, exigió dos de los tres espacios disponibles, sin importar el perfil o trayectoria de sus propuestas, solo buscando la lealtad a su Partido. Tan desafortunada fue la postura del PRI, que incluso intentó dar un albazo legislativo y sacar por mayorÃa simple la designación de los Consejeros.
No nos equivoquemos en celebrar que todo terminó en un final feliz, lamentablemente esta designación llega 14 meses después de vencido el plazo constitucional para realizarlo. Esto no es una cuestión menor. La observación desde luego no va encaminada a cuestionar la honorabilidad o capacidad de las personas que fueron designadas, ya que las tres gozan de una gran trayectoria como ciudadanos probos, preparados y merecedores del cargo de Consejero.
Sin embargo es una nueva llamada de atención en la necesidad de reformular las instituciones mexicanas y en especial adecuar a una realidad plural, los procesos de designación de los titulares de los distintos órganos autónomos constitucionales.
La solución adoptada por la Cámara de Diputados fue una respuesta para salir del paso, fue en realidad una reacción al ultimátum que le habÃa dado la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; es pues una salida adecuada en términos de las personas designadas, pero que no resuelve de fondo la problemática que enfrenta desde hace años la Cámara de Diputados para la conformación de acuerdos polÃticos.
En este sentido, la adaptabilidad y la contextualización de las instituciones juegan un papel prioritario en la efectividad y eficiencia de las mismas.
La adaptabilidad entendida como la medida en la cual pueden ajustarse las instituciones y sus procesos cuando fallan o cuando cambian las circunstancias.
Es conveniente que los paÃses puedan adaptar sus instituciones en respuesta a cambios en las condiciones polÃticas o sociales, y que puedan modificarlas cuando es evidente que no están dando resultados.
En entornos polÃticos que no facilitan la cooperación –como el actual, en pleno año electoral- es necesario limitar el oportunismo de los actores estableciendo reglas nuevas que promuevan la transparencia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana. Esto restringe la volatilidad de las instituciones.
Luego, mientras siga siendo la Junta de Coordinación PolÃtica de la Cámara de Diputados el órgano del Poder Legislativo que elabore las propuestas de ternas para Consejeros del Instituto Federal Electoral, seguirá rigiendo el principio de afinidad polÃtica, el reparto de espacios y de intereses.
Se debe pensar en un nuevo proceso para elegir, no solo a los Consejeros ciudadanos del IFE sino al resto de los titulares de los órganos autónomos, dónde se transparenten los perfiles, se realicen evaluaciones objetivas, se privilegie la participación y observación ciudadana, pero sobre todo que intervenga algún otro órgano del Estado, o bien las organizaciones civiles no gubernamentales.
Los órganos autónomos no pueden ser agencias de colocación de amigos o de personas a las cuales se les podrán cobrar lealtad, por no decir el aspirar a complicidades, que cuiden los intereses de determinado partido polÃtico.
En el auge de lo que debiera ser la transición democrática del paÃs, el espÃritu de cambio nos debe llevar a los partidos polÃticos a impulsar perfiles ciudadanos, Ãntegros y con una trayectoria probada que permita la consolidación de la democracia mexicana y, asÃ, ciudadanizar el ejercicio del Poder, pero sobre todo el control del Poder.
Sin embargo, la tentación retrograda de controlar al controlador parece estar permeando en varios actores polÃticos, situación que los ciudadanos no podemos permitir que suceda.
No se trata de ser ingenuo y creer que existen ciudadanos quÃmicamente puros y ajenos a toda ideologÃa polÃtica, sino de buscar perfiles que garanticen la imparcialidad, independencia y autonomÃa de las instituciones. Sólo asà podremos seguir avanzando en la calidad de nuestra democracia.
























