opinionLos tres personajes que cierran los primero sexenios gubernamentales del siglo XXI pertenecen a diferentes institutos políticos, sus ideas son tan distantes unas de otras como lo son ellos físicamente. Uno después de gobernador quiere ser presidente y tuvo un comienzo extraordinario, pero diciembre no le favoreció en sus apariciones. Otro cambió de rojo ardiente a rosa pálido en pos de su segunda aventura consecutiva, sin buen augurio en el final. El tercero está por irse con un costal lleno de sangre, de desempleados y de inútiles cuates que resolvieron su problema económico.

Estamos en los últimos días del agitado, política y electoralmente, año 2011. Más que hacer un balance de lo que hay en rededor del trío que figura preponderantemente en la vida nacional, se requiere saber cómo van a proceder en la continuación de sus actividades. Los que pretenden ser candidatos presidenciales tendrán que exhibirnos sus programas de trabajo, el plan de soluciones a los graves problemas que se confrontan, firmar el compromiso de tener un equipo humano para seis años de servicio.

Al que está por concluir sus seis años como Presidente de México, le queda un camino muy ancho para que lo abone con un cierre de actividades que si no corrigen los males cuando menos que deje un sendero propicio para los que vienen y puedan hacer la cirugía mayor en todas las áreas. Estuvimos acostumbrados a que el mandatario saliente empleara sus últimos once meses para recorrer el país y despedirse con una sonrisa de haber cumplido, aún cuando no todos pudieron hacerlo en esa forma.

El 2012 que está tocando la puerta será definitivo para la vida de los mexicanos, quienes tienen la responsabilidad de elegir al hombre o a la mujer –si llega a registrarse una candidata- que tome las riendas de un país que está convertido en un rompecabezas, cuyas piezas están en completo desorden. Deberemos fijarnos bien lo que haremos al acudir a las casillas y depositar el voto. No olvidemos que al grito de ¡sí se puede!, mucho se ha logrado cuando menos en el terreno deportivo.

Comentamos desde hace tiempo que el despegar tempraneramente en una abierta campaña por la Presidencia de la República, o por cualquier cargo de elección ciudadana, es en extremo peligroso y desgastante. El elegido por las diversas corrientes políticas, sociales, económicas, culturales, es el blanco preferido por quienes no simpatizan con él. A ese aspirante no le perdonan absolutamente ni el más mínimo error. Se le censura hasta por la forma de vestir, de peinarse, de caminar

Lo anterior está representado en este momento por el licenciado en Derecho Enrique Peña Nieto, un mexiquense que despuntó cuando apenas iniciaba su trabajo de gobernador del Estado de México, hace seis años. No tenía aún proyección nacional, pero es un fenómeno de la política

mexicana. Creció rápidamente y pronto se convirtió en una de las importantes piezas del Partido Revolucionario Institucional. Firmó ante Notario Público seiscientos compromisos ante los electores y cumplió al paso de su sexenio. No hubo reclamos.

El PRI lo arropó y en un acto multitudinario, celebrado en el Distrito Federal, lo ungió como su gallo para la pelea nacional. Ahí el primero de los golpes duros por haberse rodeado de “viejas caras” y de desprestigiados ciudadanos como Arturo Montiel Rojas, su antecesor en el Palacio de Gobierno de Toluca. Después todos los sucesos ya muy comentados y concluye el año con una imagen desdibujada. Vienen los 15 rounds. Es la pelea por el campeonato mundial y va contra un fajador.

La nueva línea de Andrés Manuel López Obrador ha desconcertado a sus simpatizantes, a sus seguidores, a sus derecho-habientes, pero más asombrados están los militantes del PRI y los titubeantes del PAN. Hoy el tabasqueño tiene todos los colores del arcoiris en su camiseta, la que antes lucía el negro y el amarillo con la estampa del llamado sol azteca. Antes mandaba a todos al diablo y hoy los busca con frases de amor. Por supuesto que a nadie engañará este mañoso lobo que se pone la piel de cordero, blanca no azul.

A esos dos personajes que se enfrascarán en una lucha sin precedente porque tendrán que demostrar la capacidad suficiente para convencer a hombres y a mujeres, a viejos y a jóvenes. Los obreros y los campesinos esperan anuncios, no promesas, de superación en la legislación laboral y en la reactivación del campo. Los empresarios, los comerciantes, los industriales están por escuchar que habrá medidas de protección frente a la invasión de productos asiáticos y la motivación fiscal para frenar el cierre de fuentes de trabajo.

Mientras tanto en los meses que le restan al segundo sexenio de “La Docena Azul”, el michoacano Felipe de Jesús Calderón Hinojosa deberá preparar su salida, por cierto nada airosa, y buscar su refugio lejos de aquellos que hoy viven sin el marido, sin el padre, sin el hermano, sin el hijo, porque murieron sin ser parte de la guerra o lucha contra los narcotraficantes.

¡FELIZ AÑO 2012 A TODOS LOS SEGUIDORES DE GURÚ POLÍTICO!

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.