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El humano es crédulo por definición, sobre todo cuando se trata de noticias y datos que le resulten compatibles con  su muy particular catalogo de ideas fijas, catálogo iniciado y desarrollado desde su infancia, en el seno de su familia, en el ambiente escolar, con sus amigos, con lecturas propias o inducidas y posteriormente en el ambiente social y laboral.

Así vemos que una determinada noticia, cierta o falsa, eso no importa, adquirirá patente de -verdad absoluta- si concuerda con la información,  verdadera o falsa, que previamente la persona ha  adquirido.   Aquí está precisamente el problema, si la información que un niño recibe en su casa en deficiente en calidad y/o cantidad, y la que recibe de joven en la escuela es mediocre, fragmentada, tendenciosa y sin fundamentos científicos, impartida por -maestros- más interesados en andar de agitadores que en cumplir con su labor de docentes, entonces su formación cultural dejará mucho que desear. El terminar una carrera universitaria, la que sea, tampoco es garantía de nada.  Si a esto agregamos que el mexicano no lee mas allá de un libro por año, y que según los estudios de la OCDE no entiende bien a bien que es lo que leyó, y si de remate aceptamos que una buena parte de su información la obtiene de la televisión comercial  entonces tenemos un gran problema.

¿Que calidad tiene la televisión comercial en México?.  Lamentablemente para la mayor parte de su  programación la calificación mas adecuada oscila entre mala y pésima. Los programas de concursos, los de chismes intrascendentes, los musicales llenos de lo que se ha denominado -música Kleenex- (úsese y tírese), los increíblemente estúpidos programas de mediums, magia, ovnis, espectros, horóscopos, -aparecidos- y demás tonterías son bodrios verdaderamente insultantes para cualquier inteligencia. Pocos programas son rescatables e incluso, si uno insiste,  hay algunos muy buenos, pero resulta que están en horarios propios para veladores.

La radio no está mejor. Existen cada vez menos estaciones de la llamada -música culta-,  mismas que mueren desplazadas por la música grupera y la balada desechable. Los programas de pseudociencias, naturismo, horóscopos, terapias alternativas y chismes de la farándula predominan en el cuadrante. Los programas de contenido educativo son de una pobreza alarmante y varios programas noticiosos han abandonado cualquier intento por la objetividad y apuestan decididamente por la estridencia, el sesgo extremo y la descalificación.

El cuadro se completa con la programación de eventos deportivos, sobre todo los fines de semana,  -Pan y circo-, antigua y aún vigente formula del Imperio Romano. A este respecto podemos hacer un pequeño ejercicio interrogando a un conocido; casi con seguridad veremos que nuestro interlocutor no sabrá bien a bien que significa y que alcances tiene la  autonomía universitaria pero si nos podrá informar cuantos puntos obtuvo el equipo de fútbol de Morelia y podrá disertar con gran sapiencia sobre las virtudes de -X- jugador que milita en  tal o cual equipo.

¿Consecuencias de esta triste realidad?. Las previsibles: Un pueblo en su gran mayoría con una cultura que oscila entre pésima y mediocre, una visión del mundo deformada y sesgada, una veneración por ídolos transitorios y sin valor intrínseco, una escala de valores contaminada con criterios comerciales e inmediatistas, un desprecio por la cultura del esfuerzo y ahondamiento de profundas contradicciones sociales al ensalzar una serie de valores ligados no al trabajo sino a la corrupción y delincuencia.

La mayoría de las universidades no se escapan a la mediocridad nacional, pues son parte de la misma, por sus malos maestros, sus holgazanes alumnos, sus laxos criterios de ingreso, permanencia  y titulación y sus atrasados  programas académicos.  Así vemos médicos recién graduados que no saben de que lado esta el bazo y que escriben -útero- con -h-, arquitectos e ingenieros que al construir un deposito de agua este se les desfonda en cuanto lo llenan, abogados  que dicen “huesamenta” y que con trabajo pueden  recitar el abecedario completo, psicólogos que aún creen que las teorías freudianas tienen valor científico.

Con semejantes antecedentes, ¿por qué nos extraña que nuestros políticos sean unos verdaderos asnos?. Ellos, igual que todos, son el producto de nuestras escuelas, de nuestros maestros y de nuestras gloriosas universidades.  Aunque ciertamente  ya Peña Nieto avisó que está leyendo una excelente obra de William Shakespeare llamada -Don Quijote-, que, según nos informa, es una muestra representativa de la literatura griega.

Remedio a esta tragedia, solo uno, educación de calidad. O sea… adiós primer mundo.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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