elecciones

Por fin llegó el tan esperado 2012 para los políticos, por supuesto, y para nosotros ciudadanos. A los aspirantes o pre candidatos se les nota ya la presión, es mucho lo que está en juego y perder es una posibilidad que ni siquiera quieren considerar.
Iniciando el año y a escasos seis meses de la elección presidencial encontramos a un PRI confiado, al grado que no parece su interés mostrar algo que no son, en cada paso, en cada palabra, en cada movimiento se muestra a ese PRI que conocemos al desnudo. Su entrada a Los Pinos la sienten inevitable, de eso podemos estar seguros, pues si no fuera así, el escándalo de la deuda de Moreira no se hubiera aplaudido sino repudiado, la presencia de Arturo Montiel en los eventos públicos no sería bienvenida, no hubieran evidenciado, así tan claro la incapacidad de Enrique Peña Nieto, se habrían dado cuenta que confiar la imagen y construcción de una campaña a una empresa televisora resulta insuficiente hoy en día con las redes sociales en su apogeo. Error tras error podríamos pensar, pero tal vez no, su seguridad en el triunfo está basada en las estructuras electorales, en esa compra de votos que siempre ha sido su especialidad, perderla resulta impensable, por lo menos eso creen ante una ciudadanía que parece poco interesada, poco participativa. Esta es su percepción, pero con Labastida en 2000 vimos perder a quien ostentaba la marcada ventaja en las encuestas, lo revivimos con el puntero López Obrador en 2006 ¿estarán buscando repetir la historia? Muchas cosas habrán de cuidar en el trayecto, esas que ahorita parecen haber olvidado en el camino de la soberbia.

En el mismo camino vemos a Andrés Manuel, con un cambio radical de discurso, ahora el del amor, ese con el que piensa justificar todos los errores cometidos antes y después del 2006. Afirmando que él no odia y simplemente busca la transformación de la nación por la vía “amorosa” y pacífica buscando en cada palabra cubrir su pasado discurso donde hablaba de los ricos y las mafias, donde trató de espurio al presidente electo, tal vez piensa que nuestra corta memoria le permitirá sobrevivir a su nuevo discurso. Lo que ha resultado claro es que su ambición es tan grande que ha cambiado su ideología y principios, esos que defendía “a capa y espada” cuando para ganar una elección ya no resulta, de manera que para describir a AMLO basta decir que quiere ser presidente, eso parece lo único cierto e irrefutable. Falta saber quien lo creerá.
Y en este pasaje, el PAN mantiene aún la incertidumbre, extendiendo la selección de su candidato hasta febrero. Esto no debe sorprender, así han sido los destapes del blanquiazul en las últimas elecciones y ni podríamos decir precisamente que haya sido un error, pues ambas han sido victoriosas aun sobre amplias ventajas. Por un lado, la no presencia en medios del PRD y PRI durante estas semanas de pre campañas puede resultar favorable para los panistas, y por otro lado, podríamos pensar en un electorado indeciso que podrían cooptar aquellos partidos con candidatos definidos, de manera que parece un volado “águila o sol” lo que ésta decisión traerá para el PAN el próximo mes de julio, sin embargo, lo que si sería un error es sepultarlos por adelantado. La credibilidad y fuerza con que surja el candidato blanquiazul de su proceso interno será determinante. Las incógnitas mientras continúan, Cordero en una esquina como el supuesto delfín presidencial y Josefina Vázquez Mota en la otra con ventajas avasalladoras sobre el primero, lo que cada vez deja menos dudas sobre quien será realmente el candidato, ya Cordero parece ser el factor distractor de atención, la candidatura de Josefina cada vez más consolidada, por lo menos eso parece. Ya veremos qué decisión tomarán los panistas en los próximos días sobre adelantar o no su proceso interno.
Temporalmente falta poco, pero políticamente falta mucho, ya se verá.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.