opinionSin duda alguna la desorganización, el despilfarro, la indiferencia y la ignorancia de la historia de México, del gobierno federal, tiene sembrada una huella para siempre en la capital del país. El pensamiento conservador, la ideología derechista y los recuerdos ancestrales de aquella alta sociedad, son las principales características que encierra ese llamado monumento La Estela de Luz, conmemorativo del Bicentenario de la Independencia.
En una ceremonia a la que tuvieron invitación miembros del gabinete, los simpatizantes y militantes del Partido Acción Nacional, así como algunos diplomáticos, el sábado 7 de enero de 2012, a las siete de la noche. el Presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa vio cumplido su capricho que nos costó a los mexicanos  MIL, TREINTA Y CINCO MILLONES DE PESOS.

La inauguración “popular” también tuvo un ingrediente especial: los alrededores del sitio inaugural fueron custodiados por militares del Estado Mayor Presidencial y elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal. No se permitió participar al pueblo, porque eran personas que abiertamente manifestaron su inconformidad.
La ausencia del Secretario de Educación Pública, maestro Alonso Lujambio Irazábal seguramente se debió mas que a su delicado estado de salud, a que sin ser el responsable de la realización de esa “joya mexicana” de la arquitectura y de la tecnología, le daba pena estar en ese acto por ser el coordinador del Comité de Festejos del Bicentenario. Tampoco asistió el jefe de Gobierno del Distrito Federal, licenciado Marcelo Ebrard Casaubón. Tal vez fue presionado por los perredistas que no se reconcilian con el Presidente de México.
Entre los que ocuparon un lugar de distinción, pero en un sitio alejado de su amigo Calderón Hinojosa, estaba el licenciado José Manuel Villalpando que como primer coordinador de la Comisión de Festejos del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución, fue quien promovió y autorizó el proyecto de lo que será, según el Presidente de la República, “un símbolo de la historia nacional”. Fue destituido del cargo por el propio Calderón “por el desorden en la organización”. Eso ocurrió en julio de 2010.
Tal era la desorganización reinante que en  el proyecto de “la estela de luz” aprobado por el licenciado José Manuel Villalpando “ se evidenciaron algunas inconsistencias que ponían en riesgo la viabilidad del proyecto”, según palabras del propio Presidente Calderón, quien agregaría “que se decidió entonces que se hicieran todos los estudios que fueran necesarios para que La Estela fuera construida con todo el rigor técnico de una construcción de tal magnitud e importancia ameritaba”.
Cierto es que hay acciones emprendidas por la Secretaría de la Función Pública e investigaciones en la Procuraduría General de la República. Hay funcionarios inhabilitados y otros bajo proceso. Al primer coordinador de los festejos no lo han tocado y sigue como director general del Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones Mexicanas, dependiente de la SEP.
LA DESAPROBACIÓN SE GENERALIZÓ
Desde luego que esta costosísima obra quedará catalogada por el Presidente Calderón Hinojosa, como otra realización “que nunca antes de había hecho”. El michoacano está cada día seguro que lo ejecutado en su sexenio debe ser considerado como respuesta a lo “antes ningún presidente se atrevió a hacer”, destacando por supuesto su guerra contra la delincuencia.
Sin embargo ocurre que los comentarios de la gente, han sido, desde el comienzo del proyecto, adversos. La obra se construyó en el lugar menos adecuado, en la entrada al Bosque de Chapultepec. Pero no hubo poder humano que convenciera de ello a Felipe Calderón Hinojosa. El dispuso que se cumpliera su deseo, sin atender a ninguna sugerencia ni admitir propuesta alguna, pues por eso él es el Presidente de México.
La Estela de Luz debió ser inaugurada el 15 de septiembre de 2010, con un acto popular, sin restricción alguna.  Las crónicas periodísticas destacaron que a la ceremonia del sábado el Presidente Calderón entró por la puerta de atrás del escenario, lo que nos recuerda que así fue el 1 de diciembre de 2006 en la Cámara de Diputados, cuando protestó como Presidente de la República.
El diario “Reforma” publicó en su sección “Viva Voz” que Olga Murguía, “activista, 36 años” declaró: “Me representa (el monumento) despilfarro,, corrupción, insensibilidad”. La única manera del espacio algo digno es dedicarlo a las víctimas de la guerra contra el narco”.
Un padre de familia, de 42 años, manifestó: “Hasta mi hijo está molesto. Va en la secundaria y me dice: “Papá, no es posible que de 300 millones de pesos se hayan elevado a mil”. Por su parte Mercedes Andrade aseguró que: “preferiría pan y tortillas para el pueblo, y me hubiera encantado que usaran elementos de México, y más si lo que estamos representando es nuestra Independencia”.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.