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En nuestro país -y nuestro Estado no es la excepción- se ahoga en un profundo mar de incapacidad, tanto política como administrativamente, de tal suerte que la problemática que afrontamos, sociedad y gobierno, nos ahoga y desespera, pues requiriendo con urgencia soluciones a la misma, cuando menos para atemperar las difíciles condiciones en las que sobrevivimos, éstas no se dan porque los directivos de los estados e indiscutiblemente quienes (o él que)administran la República, no tienen la capacidad, el conocimiento, la experiencia de gobernar o simplemente la voluntad que se requiere, “para al menos paliarla” y hacer más fácil la vida.

Por lo anterior, ahora que a escasos días de que Leonel Godoy regrese a ocupar su escaño en la Cámara de Senadores y de que el gobernador electo comience con sus nuevas y complicadas funciones, recuerdo una de las primeras declaraciones del primero como gobernador electo, en el sentido de que sus principales colaboradores no sería gente altamente calificada, sino más bien de “bajo perfil”.


Considero que esa desafortunada expresión no fue dictada en el sentido estricta-mente gramatical de su significado y más bien producto de una respuesta no pen-sada o de la emoción natural por el triunfo electoral tenido. Hoy hago mención de la misma por la guerra intestina que se presenta en los diversos partidos por las postulaciones que están en juego en el Congreso Federal y por las condiciones tan traumáticas en las que se entrega la administración estatal; situación económica muy difícil y que prevalece y mucho pesó en el electorado en las elecciones del mes de noviembre anterior, lo que refleja que tanto para gobernar como para legislar con mucha mayor eficiencia y atención a la sociedad, es primordial valorar más los perfiles, el conocimiento y la capacidad, que la amistad entre los amigos o los convenios no escritos entre las tribus de los diferentes partidos políticos.

Lo señalado no es privativo de Michoacán y es una actitud prevaleciente en todo el territorio nacional, pues raro es aquel municipio o estado de la República que esté regular o que no padezca una legislatura mediocre, o Estado que no tenga una deuda enorme, lo que ha conducido y provocado la ineficiencia y muchas veces la pérdida del tiempo y el desperdicio de recursos tanto económicos, materiales como humanos.

Las condiciones así generadas por la corrupción gubernamental, ha impulsado a legisladores a cobrar caro su voto; a miles de campesinos hambrientos a buscar solución a su miseria emigrando hacía los Espantados Unidos; a otros, incuan-tificables, a engrosar las filas del crimen organizado, mismo que transformado “casi en una guerrilla” se ha fortalecido por la conducta equívoca del gobierno federal.

Hoy, que “cuando sale el Sol nos pica y cuando nos llueve nos graniza”, ha sido costumbre de gobernadores y autoridades federales, gobernar sus entidades y el país, no con los más calificados y experimentados en la administración pública que, en la práctica, es muy diferente a la privada, pues la primera obedece al mejo-ramiento de las condiciones sociopolíticas de un determinado territorio y su población y, la segunda, a las condiciones particulares del empresario.

Con los comentarios anteriores de ninguna manera negamos la obligación de un gobernante de corresponder al apoyo recibido durante los procesos electorales, pero la mejor forma de hacerlo es buscando la solución a la problemática del entorno social, pero de ninguna manera dar cotos de poder o posesiones políticas en pago de los favores recibidos, pues con esta actitud la miseria se propaga, las soluciones se retrasan, la población se desespera y luego nos asustamos porque acude, para solucionar sus problemas, a la movilización o a la guerrilla .

Contrario a la tesis anterior, lo usual y frecuente en los gobernadores es el rodearse de quienes les puedan obedecer ciegamente al margen de la capacidad o del cono-cimiento que tengan, de tal manera que al día de hoy, como lo indico en párrafos anteriores, estamos los mexicanos viviendo un viacrucis que cada día se complica terriblemente y sin ningún asomo de que termine.

¿Será tan difícil, pues, encontrar perfiles altos?