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Por: Luis Gutiérrez Esparza

El Estado mexicano en la época del panismo empoderado, carece de una política de seguridad nacional. Quien asegura que sí existe, miente de manera deliberada o ignora lo que ese planteamiento significa. Las fuerzas armadas mexicanas, en consecuencia, tampoco tienen una verdadera base doctrinaria para hacer frente a los temas de seguridad internacional y transnacional; y su empleo indiscriminado, desordenado y autoritario en la “guerra” contra el crimen organizado, es la causa de una evidente erosión de su prestigio y su credibilidad.


El enfoque tradicional de los gobiernos mexicanos hasta el año 2000 en cuanto a la seguridad nacional, solía responder a un amplio abanico de amenazas transnacionales y prioridades de política pública, que iban desde el narcotráfico y el crimen organizado, hasta el terrorismo, la narcoguerrilla, la pobreza y las catástrofes naturales. México recurría a las instancias internacionales en busca de apoyo, nunca a las herramientas de corte militar intervencionista, como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR); y mucho menos aceptaba subordinar su soberanía a esquemas regionales de seguridad, encabezados por la potencia vecina del norte.

Entre los cambios indeseables ocurridos durante la casi docena trágica, debe subrayarse el de la inseguridad incrementada por las acciones miopes e incluso criminales de un gobierno fallido, el de Felipe Calderón; y la ausencia de visión estratégica, de verdadero enfoque de Estado para hacer frente a las amenazas que ahora son cotidianas y han costado ya más de 50 mil vidas durante el sexenio.

Sin embargo, como lo señala el portal InSight, que monitorea el crimen organizado en las Américas, resulta inconcebible que conforme se eleva la temperatura electoral, actualmente en el ámbito de las precampañas, ninguno de los aspirantes presidenciales tenga propuestas concretas, sólidas, creíbles, confiables, razonablemente estructuradas, más allá del lugar común del rechazo a lo que viene perpetrando Calderón.

InSight pasa revista a los precandidatos; encuentra, por ejemplo, que Andrés Manuel López Obrador prometió retirar al Ejército de las calles en un periodo de seis meses luego de su toma de posesión, si resulta electo (¿o reelecto?, puesto que se autodenomina “presidente legítimo” y así lo reconocen sus incondicionales); pero más allá de esa declaración rimbombante, ha preferido concentrarse en temas económicos y de justicia social.

La crítica sistemática y, desde luego, legítima, de los errores que en este rubro han cometido el panismo empoderado en general y Calderón en particular, no parece encaminarse más que a la retórica efectista, para complacer y enardecer a los seguidores. Faltan las propuestas, los planes, los análisis a fondo, las perspectivas lúcidas, los escenarios prospectivos que ofrezcan salidas.

Es muy significativo que según InSight, sea el panista Santiago Creel quien ha mostrado mayor preocupación por el tema de la seguridad nacional. Aun cuando sus posicionamientos no alcanzan gran resonancia, debido a que se le considera casi seguro perdedor de la candidatura de su partido, ha propuesto “una DEA mexicana” y se ha referido a la importancia de atacar directamente el lavado de dinero, sin concesiones a quienes puedan estar involucrados desde negocios aparentemente lícitos.

Tanto Josefina Vázquez Mota como Ernesto Cordero –el delfín aparente del calderonismo–, prodigan elogios y alabanzas a Calderón, de cuyo gobierno fueron parte. Vázquez Mota, a quien siempre consideré socialmente sensible y políticamente talentosa, no vaciló en recurrir a la asesoría del neofranquismo español, en la personal de uno de sus peores exponentes, José María Aznar; y proclama que el Presidente, su exjefe formal, es “valiente” y “ha devuelto la seguridad a nuestras familias”.

En el punto menos que imposible caso de que Vázquez Mota llegara a Los Pinos, lo más que haría respecto a la seguridad nacional, sería promover debates superficiales, debidamente guiados; y aferrarse a la retórica de que no puede haber tregua ni cambio de rumbo, cueste lo que cueste. Cordero es tan invisible en este rubro como en casi todos los demás, salvo cuando se trata de proclamar inexistentes logros desde la Secretaría de Hacienda.

Enrique Peña Nieto, a cuyo descrédito acuden entusiastas muchos seguidores de sus adversarios, principalmente los de López Obrador, también ha sido cuestionado por la supuesta posibilidad de un pacto con los barones de la droga, que habría existido bajo los gobiernos priístas. No importa que lo haya negado reiteradamente: es un blanco favorito en las redes sociales y lo seguirá siendo.

Lo verdaderamente preocupante es que su propuesta de estrategia contra el crimen organizado –que dista mucho de ser un planteamiento sólido y bien estructurado respecto a la seguridad nacional–, denota muchas similitudes con la política de Calderón. Como López Obrador, Vázquez Mota y Cordero, el exgobernador del Estado de México ha sido consistentemente parco en esta materia de prioridad absoluta. Hasta ahora, no le ha dado un lugar relevante en su propuesta de gobierno.

Conforme al análisis de InSight, la seguridad pública y, por ende, la seguridad nacional, han sido relegadas en las precampañas presidenciales. Conforme pase el tiempo, quienes queden como finalistas tendrán que hacer frente a la materia, pero no existen indicios de que deseen hacerlo a fondo y en serio. ¿Por miedo? ¿Precaución? ¿Desinterés político? Cualquiera que sea la explicación, el precio será demasiado alto para un país que no puede ni quiere soportar ni esperar más.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.

Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, así como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 países. Editorialista de Excélsior. Presidente del Círculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx