Resulta innegable que los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la vida de las democracias, son herramientas para construir lo público y actuar sobre la cosa pública.
Los medios no sólo reflejan la opinión de la ciudadanÃa, sino que son constructores o destructores, de ella. Fijan agenda al decidir qué temas abordar y en qué forma hacerlo; son pues, un poder polÃtico e ideológico que debe actuar en forma responsable frente a la consolidación de la democracia mexicana.
La libertad de expresión en nuestro paÃs es, ya, una realidad. Atrás quedó la represión del Estado para callar voces e impedir información verÃdica sobre el acontecer nacional e internacional. Hoy por hoy, podemos ejercer nuestro derecho a disentir, a criticar, a discutir, a difundir, a participar y, a estar cabalmente informados.
¿Qué hemos hecho los ciudadanos con esta libertad? ¿Qué han realizado los medios de comunicación con ese poder de influencia? ¿Hemos sido responsables frente al quehacer público? En este mismo espacio, he expresado la urgencia de construir ciudadanÃa, asà como de sus implicaciones. Sin embargo, me gustarÃa analizar ahora el papel preponderante que, los medios de comunicación tienen frente a la formación de ciudadanos responsables.
En teorÃa, los medios proveen información objetiva, veraz, plural y fiable que, posteriormente, el ciudadano interesado, emplea para formarse un criterio sobre tal o cual asunto. ¿Quién es el mejor candidato o candidata presidencial? ¿Por qué urge una reforma electoral que abone y no que constriña la competencia?
No obstante, en la práctica, este ejercicio informativo de los medios tradicionales (prensa, radio y televisión), se ve afectado por intereses particulares. No hay que olvidar que los medios funcionan como empresas, y en ese sentido, mucha de la información a la que tiene acceso el ciudadano de a pie, está sesgada o seleccionada bajo el criterio de “alguien†quien cree tener el pulso de la sociedad.
Aunado a ello, ya que vivimos en una sociedad mediática y gozamos de los avances tecnológicos, pregunto ¿qué papel juegan, hoy, las redes sociales? La inmediatez es su caracterÃstica central. A través de ellas, nos enteramos, para bien o para mal, de situaciones, aciertos y errores, de personajes del mundo polÃtico, económico, social, de ayer o de ahora. Más que nunca, hoy, se hace realidad la máxima feminista de “lo privado es públicoâ€, y viceversa.
El acceso al Internet y, en particular, a las redes sociales, ha modificado las dinámicas de participación social del mexicano. En el paÃs, de acuerdo al Estudio de Consumo de Medios Digitales (2), el 70 % de los internautas están inscritos en, al menos, una red social; el 77 % disfruta utilizarlo; y 54% considera que es indispensable en su vida.
Las manifestaciones hechas en estas redes se aceptan y adoptan, entre otras cosas, porque ofrecen una oportunidad de expresarse en forma personal, por el intercambio de opiniones y noticias. Son, en suma, un espacio en donde todo es posible y en donde, además, se puede reportar, comentar e incluso generar opinión pública. Sin embargo, esta libertad de expresión en la red, ha probado ser un arma de dos filos, por el anonimato que brindan una computadora y el Internet.
La utilización del espacio virtual como arena de transformación colectiva y como termómetro del pulso y las conductas de las sociedades, es ya una caracterÃstica del mundo contemporáneo. Baste citar el caso del mundo árabe donde los medios de comunicación y las redes sociales aceleraron los procesos polÃticos.
AsÃ, los medios se han transformado en la nueva plaza pública y, en consecuencia, tienen que asumir y alentar, con responsabilidad, la participación ciudadana. Son, también, coadyuvantes en el proceso de politización de la ciudadanÃa, que inciden directamente en la toma de decisiones, libre o manipulada.
Al mismo tiempo, los ciudadanos, como lo he señalado antes, debemos asumirnos como actores fundamentales de nuestra sociedad y participar activamente en la edificación de una democracia madura. Nuestra responsabilidad, entonces, es ser crÃticos con los medios, cuestionar la información que recibimos, generar debate, confrontar ideas y proyectos. En suma, salir del letargo secular en que nos encontrábamos sumidos los mexicanos.
























