Muestra palpable de la confusión que predomina en la realidad polÃtica mexicana, es el desacuerdo imperante sobre las causas de la disfuncionalidad del sistema de gobierno. Las propuestas de solución lucen tan amplias y diversas, que evidencian la perplejidad de actores y observadores, asà como el relativismo en el que se empantana el paÃs.
A grandes rasgos, fluctúan desde la adopción de un sistema semiparlamentario, hasta el fortalecimiento del Ejecutivo. En la segunda opción, algunos quieren estructurales; otros se orientan hacia la reorganización del Legislativo, sin modificar el Ejecutivo.
Por supuesto, aparece sistemáticamente el afán de imitar sistemas polÃticos eficientes. Pero la imitación cobra muchas formas: unos quieren hacer tabla rasa de lo que existe e imponer un sistema totalmente nuevo, en tanto que otros proponen llevar a cabo adaptaciones relativamente pequeñas, que modifiquen la manera de funcionar de las instituciones y sus participantes.
La idea más popular, sobre todo entre quienes propugnan un cambio radical, es la de adoptar alguna variante del sistema francés. Como en otros paÃses que en algún momento enfrentaron severos problemas de disfuncionalidad gubernamental, a Francia le llevó años de prueba y error construir un sistema semiparlamentario, con caracterÃsticas únicas, como la presencia de una presidencia fuerte y la figura ejecutiva de un primer ministro, designado por el Legislativo de manera independiente al presidente.
Desde que se construyó la llamada Quinta República, prácticamente siempre han coincidido un presidente y un primer ministro del mismo partido, fórmula en la que el primero ejerce vastos poderes y una clara primacÃa sobre la Asamblea Nacional y el jefe del gobierno. En las pocas ocasiones en que el gobierno ha estado en manos de un partido distinto al del presidente, las tensiones han sido permanentes y los avances, menores.
Independientemente de su aplicabilidad en México, la fortaleza del sistema francés, y su atractivo para quienes lo piensan como una alternativa, es doble: por un lado, permite separar al jefe del Estado del jefe del gobierno, aunque a la vez posibilita que, de facto, no haya diferencia cuando ambos son del mismo partido.
La ventaja principal para la realidad mexicana es obvia, pues implica mantener las virtudes de un sistema con capacidad de decisión (como ocurrió en la época priÃsta), pero a la vez, acotarlas mediante un Poder Legislativo que actúe como un contrapeso efectivo. Esta solución permite la existencia de mecanismos que impiden caer en una situación de crisis, cuando un presidente no es idóneo para asumir sus responsabilidades o cuando, de cambiar las circunstancias, la sociedad pierde confianza en su gobierno.
Otra razón por la cual el sistema francés resulta atractivo, reside en la combinación de un periodo fijo para la presidencia (y, por lo tanto, la certidumbre que de ello emana), con la flexibilidad de un sistema parlamentario cuya composición puede cambiar en cualquier momento y reflejar, asÃ, la siempre cambiante correlación de fuerzas polÃticas en una sociedad.
En teorÃa, un gobierno en tales condiciones puede durar lo mismo unos dÃas o semanas, que el periodo Ãntegro del mandato legislativo. En un sistema electoral que no limita de modo alguno la creación de partidos polÃticos, la estabilidad del gobierno depende de la capacidad para mantener y nutrir una mayorÃa, no necesariamente unipartidista, sino más bien, de coalición o alianza.
A partir de la experiencia francesa, se han estructurado propuestas para México, tan ambiciosas como la adopción de tal sistema sin cambios, o la adaptación de algunos componentes especÃficos. Entre éstos últimos destaca la idea de un jefe de gabinete, que no serÃa otra cosa que un primer ministro emanado del Poder Legislativo, con una serie de funciones que hoy corresponden al presidente.
Es interesante notar que la mayor parte de estas propuestas no prevé un cambio en el régimen de partidos, que en el caso mexicano destaca por su extraordinaria rigidez y por constituir, de hecho, el factótum de poder, en franco contraste con la extraordinaria flexibilidad del sistema francés.
Una reforma tan ambiciosa como la aquà planteada, enfrenta el mismo reto que otras medidas de reorganización polÃtica: la voluntad de los partidos. La gobernabilidad y la funcionalidad del sistema polÃtico mexicano están en manos de los tres partidos principales. Mientras no se decidan a trabajar por reforma polÃtica de fondo, la discusión permanecerá en un plano meramente teórico.
La adopción del esquema francés sin la flexibilidad y representatividad ciudadana que le confiere su sistema de partidos, no sólo harÃa imposible el alcance de los objetivos trazados, sino que servirÃa para estrangular, otro poco más, a la tortuosa democracia mexicana.
En el fondo, el problema medular reside en la inexistencia de un acuerdo sobre la naturaleza del problema polÃtico del paÃs. Sobre este particular, son tres los rubros principales:
• Un gobierno ineficaz e incapaz de organizarse y tomar decisiones;
• una variable desconexión entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo; y
• una falta de verdadera representatividad del sistema de partidos.
La administración pública mexicana ha sufrido interminables cambios, muchos de ellos producto más de vÃsceras que de inteligencia: más por afán de fortalecer a una persona o debilitar a una institución, que por avanzar en la vÃa de la democracia incluyente, eficiente y realmente representativa.
El punto de partida es una efectiva rendición de cuentas, hasta hoy impedida por leyes concebidas para el control. El Poder Legislativo ha probado su capacidad para impedir, pero no ha desarrollado una igual habilidad para cooperar y construir. La solución está en la creación de incentivos para la cooperación y la construcción de mayorÃas.
Por lo que toca a la representatividad del sistema polÃtico, el problema radica en los partidos, que gozan de un inmenso poder, mismo que ejercen mediante un Legislativo que, por diseño, niega toda posibilidad de influencia o participación ciudadana, excepto en la retórica. Aquà nos hemos estancado.
Publicado en la Revista Gurú PolÃtico (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.























