Siempre me ha parecido de mal gusto el dicho “Haz patria, mata un chilangoâ€. Primero, porque hay algunos que son encantadores. Segundo, porque si matando se hiciera patria, México ya serÃa una nación envidiada universalmente. Y tercero, porque el término mismo es confuso, por decir lo menos.
Chilango. La palabra ya aparece en la RAE, en su edición 2009. En realidad, el término es fascinante… o por demás ambiguo… En el DF es utilizado de cualquier forma: con cariño, de alegrÃa, en la fiesta, en el trabajo o en el tráfico vehicular.
Me acabo de enterar que también somos chilangos todos los que venimos de otra ciudad. Curioso ¿cierto? Venimos de todas partes de la república: por las oportunidades de trabajo, por cuestiones de estudio o experiencia de vida.
No hay que negar que dinero llama dinero, y empresarios del norte, occidente e incluso de las costas del PaÃs, han sido capaces de atraer inversiones y “capital culturalâ€, para sus propios intereses. Quizá por ello resulta extraña la sensación de asistir a un concierto de Björk que no sea en el DF. Centralización, le llaman. Y es completamente real.
En fin, no solo son chilangos los habitantes de esta gran ciudad. Llevo 6 meses viviendo aquà y me he enamorado de ella. Una sensación muy parecida a los primeros tres meses de enamoramiento con alguien. Resulta que ese alguien no es NY, pero tiene su encanto. Cada dÃa que camino por sus calles, descubro nuevas esquinas y nuevos olores.
Aún no termino de maravillarme del impacto visual de sus abigarradas construcciones; la cantidad de pequeños comercios con simpáticos letreros, generalmente con mala ortografÃa. Ni dejan de impresionarme las grandes brechas entre clases sociales conjugadas en un espacio relativamente pequeño.
Esta ciudad es una oda al coche. Cada vez que cruzo la calle, grito mentalmente “¡Respeto!, ya no al peatón, sino al ser humanoâ€. Desde la perspectiva del fuereño, las construcciones gigantes son impresionantes, pero más impresionante es viajar por el segundo piso y ver familias desayunando, preparándose para ir a la escuela o al trabajo. Es extraño.
Resulta loable el esfuerzo de los últimos años por acercar la cultura a los habitantes. Mis amigos que saben, me dicen que es una de las ciudades en el mundo con el mayor número de teatros y la primera en museos, en Latinoamérica.
Han despenalizado el aborto, lo cual me parece fenomenal, y se permiten los matrimonios entre personas del mismo género sexual, lo cual me parece un avance aún mayor.
Fuera de esto, perderse en Santa Fe, la Doctores o Ciudad Neza, es toda una experiencia. Es ahà cuando me pregunto ¿cómo gobiernan los que gobiernan esta ciudad? O quizá lo que verdaderamente me pregunto es, ¿la gobiernan?
Me he topado con cantidad de habitantes de esta caótica Tenochtitlán que se sienten sumamente orgullosos de vivir en una ciudad cosmopolita. Por lo general, los que opinan asà trabajan en universidades privadas, tienen buenos sueldos, y el lujo de moverse en bicicleta en barrios que asà lo permiten. No creo que hayan pasado un solo dÃa en una casa de interés social de algún barrio del sur de la Ciudad, por ejemplo Xochimilco. Los que opinan asà no son pocos, pero tampoco son todos. No representan a todos los académicos o polÃticos, me parece, y se remiten a su pequeño mundo de investigación y análisis sociológico o polÃtico. Es decir que desde el lugar donde están, las cosas se ven diferentes.
Pero démosle un toque de realidad. SÃ. Es una ciudad cosmopolita por el simple hecho de que aquà se efectúa la toma de decisiones de los distintos poderes del PaÃs; se construyen “monumentos†como la Estela de Luz, Museos como el Soumaya, del dueño del monopolio más importante de México; se pactan sobre la mesa en Restaurantes de Polanco o se llevan a cabo reuniones discretas en Las Lomas o en el Sur de la Ciudad, donde se decide el destino de las leyes, reformas o polÃticas públicas que tendrán un impacto en todo el territorio nacional.
La ciudad, a simple vista es hostil. Puedes perderte fácilmente. Uno la va conociendo y la va queriendo, dejándose envolver por ella. Es vibrante, excitante, incluso peligrosa.
Tiene un ritmo de capital mundial, tal como Londres o ParÃs. Con la ventaja de que aquà hay una riqueza cultural única, de la cual me siento orgullosa, y que la da ese toque que te hace reÃrte de ti mismo. Esto he aprendido en el DF. A reÃrme de mi misma.
Está el Mercado de San Juan, la Alameda, el Palacio de Bellas Artes al atardecer, La Merced, ejemplos todos de belleza arquitectónica y cultural.
No pretendo con algunas de mis palabras criticar algo que no he vivido. Yo también soy parte de una burbuja irreal de la Ciudad de México, o de México mismo, simplemente porque soy de ese mÃnimo 3 por ciento que acudió a una universidad privada.
Asà que no vale la pena criticar, sino construir juntos. No vale la pena molestarse por comentarios que “ofendan†a esta gran ciudad. No vale la pena estar peleado con los chilangos, porque todos somos chilangos. No todos vivimos en la Capital, pero de alguna u otra forma, la mayorÃa tenemos raÃces, experiencias y momentos que descubrir aquÃ. Asà que “Haz patria, mata un chilangoâ€, no hay que tomarlo personal. Mi abuela, vasca, se siente más mexicana que el mole. Y su deseo es que sus cenizas se esparzan en estas tierras.
México Lindo y Querido
si muero lejos de ti
que digan que estoy dormido
y que me traigan aquÃ
Que digan que estoy dormido
y que me traigan aquÃ
México Lindo y Querido
si muero lejos de ti
Publicado en la Revista Gurú PolÃtico (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
Lic. en Ciencias de la Comunicación. Twitter: @mariagpalacios Directora de Comercialización de www.adqat.org
























