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Nunca será bastante lo que se haga para promover el beneficio de la igualdad de las mujeres.
La igualdad con la libertad, integran el binomio más importante de la convivencia humana, libertad personal para decidir, para elegir entre opciones de vida, para autodeterminarse como significante de la dignidad humana.

Igualdad para abolir toda forma de discriminación, para no resultar sólo iguales ante la ley y hacer un igualitarismo mínimo y muy conservador, sino para, reconociendo diferencias, alcanzar trato y resultados iguales para todos y todas.

La ciudad de México es un espacio propicio para estos esfuerzos y ya ha dado muestras nuestra entidad federativa por su amplia y reconocida madurez política y de su clara tendencia a fortalecer los derechos de todos.
En ese: “todos”, vamos hombres y mujeres sin ninguna distinción superficial, sin trabazones que quieran marcar fronteras entre los géneros, y para valorar mejor los empeños que aquí se realizan simplemente lo que debemos hacer es mirar a nuestro alrededor y desechar las leyes que coartan las libertades de las mujeres sin mayor consideración.
En varios estados de la República, advertimos con mucha vergüenza, los problemas profundos con otras latitudes, como en Europa que presentan ante las vestimentas femeninas y su comportamiento y posición social.
Vemos los trabajos que han de sostenerse para involucrar a la mujer al desarrollo de todos, en lugares donde todavía las quisieran confinadas en su casa y no como debe ser, participando de la vida cotidiana de la comunidad social.
Hombres y mujeres nos complementamos, nos necesitamos, nunca podemos ni debemos ser antagónicos, ni menos sujetos a relaciones, esas relaciones que dan asco del fuerte y del débil, del dominio y del vasallaje.
Hay que exigir todo el tiempo, que se escuche claro y que se escuche fuerte, las mujeres están aquí y están aquí para quedarse y están aquí para no dar un solo paso atrás, nunca en la penumbra, jamás escamoteando logros, al contrario, hombro con hombro o como dijera el poeta: “Del brazo y por la calle, compartiendo vida de igual a igual con todos”.
Las vemos, a las mujeres cada día en la escuela, aplicándose en las fábricas como la más empeñosa obrera; en las profesiones liderales, ya como médicas, abogadas o arquitectas aportando lo mejor de su ciencia; en las funciones públicas y privadas mostrando destreza y mostrando decisión; en fin, las mujeres no fallan y sabemos los hombres que no nos fallan, nada es más justo, más no es una prebenda, ni lo que sea la voluntad de cada cual dar, que lograr idénticas oportunidades para mujeres y hombres en el desarrollo personal y social; en ese igualitarismo sublideral, se reconoce la pluralidad.
Debe vigilarse este cumplimiento cada día, lo debemos vigilar cada hora del día, pues debemos evitar desvíos y chapuzas a toda costa.
No hablo de cuotas de género que al final del día resultan fórmulas, se conoce como discriminación positiva para las mujeres y las que en algún momento ideal cancelaremos de nuestras fórmulas de igualación, como ya se logró en el Tribunal Superior de Justicia de la ciudad de México, donde hay una paridad muy real entre magistradas y magistrados y en donde 60% de nuestra planta laboral son mujeres.
Dígase siempre, que se diga siempre y por siempre: “te ganaste el trabajo, mujer, por tus méritos y porque fuiste la mejor”, todo eso en un plano de igualdad y oportunidades.
En el gobierno capitalino se reconoce que el camino a recorrer aún es largo, aún persisten mentalidades e instituciones rezagadas para con las mujeres, pero se reconoce también que cada día se hace algo, se empuja algo, se dan jalones a la vida para lograr la igualación y lo que se ha hecho en la ciudad de México, es histórico.
No habrá malicia en todo esto, trabajar juntos para ser iguales, pero juntos, no habrá obstáculos y si los hay, los evadiremos para alcanzar esa meta deseada y anhelada por todas y por muchos de nosotros, más de lo que ustedes creen.
Manos a la obra y digamos convencidos que la superación femenina es un resorte insustituible de superación federal. Y que nunca se nos olvide que la ley y la jurisprudencia tienen una deuda histórica aún inpagada con las mujeres.
Extracto del discurso en el Foro “Por una mayor participación política de las mujeres”, convocado por Iniciativa SUMA-Democracia es Igualdad.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.