La democracia, desde luego, como todo lo humano, es perceptible, salvo en la expresión de los demagogos, su antÃtesis. Y en México tiene varias lecturas, incluida la supuesta “interpretación†de la voluntad general basada en la opinión de una voluntad suprema, que se arroga toda clase de facultades y funciones, con la única limitante de su perentoriedad. AsÃ, cada partido, sobre todos los de mayor representatividad, cree aplicar métodos democráticos que sus adversarios observan contaminados porque son distintos a los propios. Y, en cualquier caso, ninguno resulta plenamente satisfactorio. A saber:
1.- Por designación, tal y como sucedió en el PRI, de hecho, al no aceptar competir el senador Manlio Fabio Beltrones en una desventajosa precampaña en donde era imposible para él alzar el vuelo. Tal condición ha dado cauce a una interminable secuela de intrigas, aprovechando las tribunas de algunos informadores venales, para intentar copar y hasta derrocar a Enrique Peña Nieto antes de que formalice su candidatura. Para ello se cuenta con un adiestrado grupo de “viejos zorrosâ€, leales a Beltrones, que encabeza el hoy presidente priÃsta, Pedro JoaquÃn Coldwell.
2.- A través de consejeros, militantes o adherentes, como ocurrió en el PAN en donde se jugó a dos bandas, la presidencialista y la de la militancia con riesgos severos de fractura dada la escasa ventaja entre los postulantes. Es curioso: En Acción Nacional, en materia de encuestas, sondeos y escrutinios, cualquier tipo de handicap es remontable. Por ejemplo, en Michoacán, en octubre pasado, “La CocoÃtaâ€, hermana mayor del mandatario federal, amaneció un dÃa con veinte puntos porcentuales de más y liderando las encuestas cuando unas horas antes estaba ubicada en tercer sitio ante sus adversarios del PRI, el ganador Fausto Vallejo, y del PRD, Silvano Aureoles. Y lo más extraño del asunto es que nadie dijo sorprenderse de este vuelco monumental en las narices de una ciudadanÃa ahÃta y de una autoridad electoral tuerta.
3.- Mediando encuestas “abiertasâ€, con un campo de trabajo reducido al olfato de las empresas contratadas para realizarlas, al estilo del PRD. De esta manera, los resultados son trascendentes en cuanto sean aceptados de antemano como era el propósito de Marcelo Ebrard, tan cauteloso que hizo números previos que no le alcanzaban para ganar la elección federal… y optó por esperarse seis años cuando la izquierda recupere convocatorias –ya lo está haciendo, de manera sorprendente-, para evadirse de los riesgos del fracaso que tanto detesta uno de los polÃticos que ha pasado por un mayor número de partidos: El PRI, el fugaz Centro Democrático –integrado por él y Manuel Camacho, nada más-, el Verde Ecologista, luego fungió como independiente y aterrizó en el PRD con el apoyo de PT y del entonces llamado Convergencia, al estilo de los catalanes pero con sabor jarocho.
4.- Por inspiración, al estilo de los cónclaves de cardenales quienes, de viva voz, pueden pronunciar el nombre de un elegido al que se suman los demás, uno por uno, hasta alcanzar los dos tercios de los votos posibles. Es un modelo muy parecido al del viejo PRI en donde era frecuente que surgieran los liderazgos por decreto, descubriéndose en el ponente señalado una secuela de virtudes inapreciadas segundos antes de su designación. Y con ello jugamos a la democracia durante más de siete décadas.
5.- La elección abierta, algunas veces ensayada por el PRD e incluso el PAN, es costosa y da motivos a los contendientes, como ha sucedido reiteradamente, a ponderar y denunciar argumentos sobre desviaciones, fallas y, en fin, todas las artimañas conocidas de los viejos alquimistas que dejaron el PRI para sumarse a otras opciones, como el hidalguense José Guadarrama Márquez y otros de idéntica calaña.
Cinco espacios, nada menos, para aludir a la democracia vistiéndola con los colores de cada grupo partidista ante una sociedad acostumbrada a la manipulación y al maniqueÃsmo feroz de quienes creen concentrar el bien a trueque de que todos los demás engendran el mal. El viejo adagio popular: “Dime con quien andas y te diré quien eresâ€. Pero, en este caso, la tortuosidad va más allá y rebasa el linde de los incondicionales gracias a los útiles servicios de los medios masivos de comunicación capaces de convertir en celebridad a un pulpo –como sucedió durante el Mundial de Sudáfrica-, o a la emblemática chimpancé “Chitaâ€, reina del celuloide.
Alguna vez, el tlaxcalteca Tulio Hernández, antecesor de Beatriz Paredes en la gubernatura de su entidad, acuñó una sentencia que, hasta hoy, no tiene réplica posible:
–El PRI es capaz de convertir en galán de la pantalla al más feo de los mortales.
Lo decÃa por él, claro, y por los artilugios seguidos para exaltar las virtudes de los prohombres en potencia y convertirlos en dechado de virtudes, sin defectos ni apenas pecados. Desde luego, para ello, se hizo necesario recortar los archivos de las hemerotecas para no dejar rastros de homicidios imprudenciales de jovenzuelos que llegan luego a la cima –Carlos Salinas, Andrés Manuel-, o de otro tipo de tropelÃas, apostando por la amnesia colectiva, la gran garante de los inductores polÃticos al servicio de la oficialidad.
Debate
En México, la esencia de la democracia –la voluntad colectiva o mayoritaria-, está reñida con los partidos polÃticos que exigen privilegios, repelen señalamientos y multas e incluso forcejean a sabiendas de que las decisiones del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal son “inatacablesâ€, esto es como si se tratara de la dictadura de los siete sabios, es decir los magistrados miembros del mismo con sueldos millonarios a todas luces desproporcionados con los ingresos de la mayor parte de los mexicanos.
Basta repasar el célebre dictamen del TRIFE sobre los deplorables comicios de 2006 para preguntarse por qué ninguno de los actores polÃticos en escena fue capaz de introducir iniciativas de ley para modificar las facultades de los órganos electorales que se arrogan privilegios tales como las de no ser siquiera reconvenidos por las comisiones de derechos humanos que se marginan del campo electoral con el pretexto de que sus decisiones, insisto, son “inatacablesâ€, sin dar lugar a réplica alguna ni la posibilidad de recurrir, por ejemplo, a la Suprema Corte de Justicia cuando se estimen adulteradas sus decisiones. Y tal lo venimos arrastrando sin remedio al punto de que jugaremos con las mismas reglas de cara a los comicios federales de julio próximo, luego de una apretada agenda de campaña –de finales de marzo a mediados de junio-, con la sociedad convertida en rehén de las decisiones de una pequeña elite mandante.
Y todo para reemplazar al infectado “colegio electoralâ€, formado por los propios postulantes al Senado y a la Cámara baja, quinientos en total, que discutÃan sus propios casos siendo aplastados por el indecoro mayoritario que aplicaba la disciplina partidista para “salvar†a los suyos y “hundir†a los contrarios ganaran o no los debates camarales. Era peor que un circo cuya carpa se trasladó a una más pequeña en la que los siete sabios, sobre una esfera de cristal, adivinan y procuran el futuro a su entender. ¿Y a éstos nadie les puede seguir causa? Por aquà debiera comenzarse para detener, siquiera, el reinado de la impunidad respecto a los grandes criminales electorales.
Por desgracia, México se caracteriza por su tolerancia. Por eso pueden repetirse candidaturas y precandidaturas sin que se pueda indagar más de la personalidad de cada uno de los ponentes. Por ejemplo, Santiago Creel, dos veces precandidato presidencial, todavÃa insiste en que no se hable de su vida privada cuando él mismo no tiene pudor alguno en retratarse en las “revistas del corazón†con sus antiguas parejas y su hijita concebida fuera de matrimonio. Este mismo comentario, sé que le alterará el pulso… porque no se trata de poner en la picota, en esta ocasión, a Enrique Peña. Y, por ello, no faltarán imbéciles que me sitúen como priÃsta.
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