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Cada vez que sucede una decapitación, balacera, secuestro, violación, extorsión, o simplemente una acción pública sin justificación; los mexicanos sentimos que Felipe Calderón se está convirtiendo en un Vegetal Político. Sin adulaciones a otros partidos como justificación de la crítica hecha a las acciones del Presidente, busco hacer un análisis minucioso de sus acciones, como radiografía de su estrategia contra la delincuencia organizada establecida como un soliloquio de poder.

A lo largo de estos 5 años de la lucha contra la delincuencia organizada, Felipe Calderón ha optado por actuar como lo llamaría Bárbara Tuchman: La Estupidez, la fuente de autoengaño, es un factor que desempeña un papel notablemente grande en el Gobierno. Consistente en evaluar una situación en términos de ideas fijas preconcebidas mientras se ignora o rechaza todo signo contrario […] por lo tanto, la negativa a sacar provecho de la experiencia.

Para David Owen, en su libro “En poder y en la enfermedad” el Síndrome de  Hybris, son mucho más habituales en los Jefes de Estado y de Gobierno, y como característica fundamental es la incapacidad para cambiar de dirección porque ello supondría admitir que se ha cometido un error. Los síntomas conductuales que él describe podrían dar lugar al síndrome, de manera que si presenta más de 3 o 4 síntomas de la siguiente lista provisional se congratula el diagnóstico:

1. Una inclinación narcisista a ver el mundo, primordialmente, como un escenario en el que pueden ejercer su poder y buscar la gloria, en vez de como un lugar con problemas que requieren un planteamiento pragmático y no autorreferencial;

2. Una predisposición a realizar acciones que tengan probabilidades de situarlos a una luz favorable, es decir, de dar una buena imagen de ellos;

3. Una preocupación desproporcionada por la imagen y la presentación;

4. Una forma mesiánica de hablar de lo que están haciendo y una tendencia a la exaltación;

5. Una identificación de sí mismos con el Estado hasta el punto de considerar idénticos los intereses y perspectivas de ambos;

6. Una tendencia a hablar de sí mismos en tercera persona o utilizando el mayestático «nosotros»;

7. Excesiva confianza en su propio juicio y desprecio del consejo y la crítica ajenos;

8. Exagerada creencia –rayando en un sentimiento de omnipotencia– en lo que pueden conseguir personalmente;

9. La creencia de ser responsables no ante el tribunal terrenal de sus colegas o de la opinión pública, sino ante un tribunal mucho más alto: la Historia o Dios;

10. La creencia inamovible de que en ese tribunal serán justificados;

11. Inquietud, irreflexión e impulsividad;

12. Pérdida de contacto con la realidad, a menudo unida a un progresivo aislamiento;

13. Tendencia a permitir que su «visión amplia», en especial su convicción de la rectitud moral de una línea de actuación, haga innecesario considerar otros aspectos de ésta, tales como su viabilidad, su coste y la posibilidad de obtener resultados no deseados: una obstinada negativa a cambiar de rumbo;

14. Un consiguiente tipo de incompetencia para ejecutar una política que podría denominarse incompetencia propia de la Hybris. Es aquí donde se tuercen las cosas, precisamente porque el exceso de confianza ha llevado al líder a no tomarse la molestia de preocuparse por los aspectos prácticos de una directriz política. Puede haber una falta de atención al detalle, aliada quizá a una naturaleza negligente. Hay que distinguirla de la incompetencia corriente, que se da cuando se aborda el trabajo, necesariamente detallado, que implican las cuestiones complejas, pero a pesar de ello se cometen errores en la toma de decisiones.

¿Encontraron más de tres o cuatro síntomas? Como lo explica Owen, no es un trastorno meramente de personalidad, porque ella, se manifiesta antes de los 18 años, y perdura por el resto de su vida. Pero en este caso es diferente, el síndrome de la Hybris se manifiesta en cualquier líder pero solamente cuando está en el poder. Indudablemente ha permeado a nuestro Presidente o ¿Crees realmente que hemos sido escuchados? Existen muchos movimientos sociales, primero en estados de la república y después formalizados como el Movimiento de Javier Sicilia, el cual, hace un aporte importante sobre lo errático que ha actuado el Gobierno para atender las víctimas de su propia lucha. Cuando encuentro comentarios a favor de la guerra, sólo les hago 2 preguntas. ¿Existe mayor o menor índice de personas que consumen drogas en nuestro país? Y la segunda, ¿Existe mayor o menos índice delincuencial en México?. Antes se vivía tranquilo, sin congratular al partido que estaba en el poder, simplemente existía otro tipo de estrategia, no como argumentan los Panistas o el mismo Presidente en una entrevista para el New York Times, “el acuerdo”  Sencillamente fue pericia social y no, enfrascamiento  políticamente inviable.

Los jóvenes como principal vulnerabilidad para los delincuentes, no necesitan ganar 6 salarios mínimos diarios por realizar acciones delictivas, para garantizarle bienestar a sus familias o a ellos mismos; únicamente se debe buscar el fortalecimiento en los primeros años de sus vidas en valores morales, alejados de la deserción escolar por faltas de oportunidad, y una cultura necesaria del emprendimiento al trabajo, con el cimiento fundamental del amor a la familia.

Se debe proponer medidas para entablar un buen gobierno, pero más allá de las medidas antes mencionadas, es necesario que los gobernantes comiencen a respetar los derechos humanos, y poner freno radical a las conductas indicativas de Hybris mediante los controles internos gubernamentales, construyendo la intervención de los órganos institucionales para equilibrar las políticas emprendidas por el Presidente.

La estrategia que necesita México, no es la que se emprende con razones fundamentadas en una sola persona, sino de la coparticipación de hombres y mujeres que han decidido tomar el destino y el rumbo de nuestro país.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Abogado y Analista Político. Ha recibido estudios especializados impartidos por escuelas de reconocimiento nacional e internacional en las áreas de Derecho Corporativo, Marketing y Consultoría Política, Tecnología y Participación Ciudadana, Derecho Indígena, Profesionalización de Servidores Públicos, Comunicación Política; Medios y Buen Gobierno, Estrategias Electorales, Política Económica Mexicana, Tecnologías y Procesos Políticos, así como en Materia de Juicio de Amparo. Ha impartido numeradas ponencias en Marketing Político, Nuevas Tecnologías, Comunicación y Buen Gobierno. También ha participado en Campañas Políticas en Medios Electrónicos, y es Analista Político en diferentes Medios de Comunicación. Twitter: @RicardoLlamas