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“Amanuense” es una palabra que deriva del latín y literalmente significa “persona que escribe al dictado”. Por supuesto que esto no tiene nada de malo si esa persona ejerce la noble y sufrida profesión de secretario o algo parecido.  Pero en el periodismo las cosas cambian. Amanuense se le dice al columnista, analista, editorialista o cualquier otro espécimen de la fauna periodística que vende o alquila su pluma al mejor postor. Puede ser por dinero, poder o alguna determinada prebenda.

Fieles seguidores de la sentencia del “Tlacuache” Garizurieta: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”,  sibilinos habitantes de las sentinas del periodismo, estos abundantes e incombustibles personajes son muestra de que en México el oficio de amanuense está mas extendido de lo que pudiéramos suponer. Detectarlos en ocasiones es relativamente fácil cuando se trata de los, digamos, “amanuenses amateur”, bien sea por que tiene poco tiempo en el negocio o por sus limitaciones intelectuales;  pero en el caso de los amanuenses de mas vuelo y por lo tanto mas entrenados la tarea puede ser más compleja, pero nunca muy difícil,  pues  invariablemente  enseñan el hilo que los ata al poderoso que los maneja. Los encontramos en la televisión abierta en diversos horarios, en noticieros de la televisión por cable, en las llamadas “mesas de opinión” o foros de discusión; contaminan diversos noticieros radiales y obviamente en prácticamente todos los periódicos impresos, en algunos mas que otros, y en la Internet.

Por estos días en Michoacán  veremos resurgir con  febril actividad a los amanuenses a sueldo del PRI; esos que muchos llegaron a considerar casi extintos, pero que, como el dinosaurio de Monterroso, cuando despertamos el amanuense seguía ahí. El encargado de despertarlos ha sido el irresistible tintineo de las 30 monedas.

La administración cambia, los tiempos cambian, las lealtades cambian y resurgen, en todo su esplendor y al parecer muy “motivados” una gran cantidad de amanuenses encargados de proclamar las bondades reales o supuestas del naciente gobierno estatal; y de paso, para no perder la costumbre, para denostar un dia sí y otro también al Presidente Calderón y su lucha contra el narcotrafico, no importa sesgar las noticias o de plano mentir, el chiste es agredir, descalificar, sembrar desinformación y fomentar el resentimiento. Cierto que en ocasiones llama la atención su excesivo celo, mendacidad  y beligerancia al criticar la lucha contra el narco, tanto que francamente no puede uno menos que ponerse a pensar  sobre quien o quienes  son en realidad sus verdaderos amos.

Y en Michoacán ¿Dónde escriben estos amanuenses?, parece ser que en casi todos los periódicos, grandes y chicos, tanto de circulación estatal como local, sobre todo en esos periódicos de circulación solo entre estructuras de gobierno y con tiraje mortecino.  Identificarlos no es difícil, varios de ellos cobran o cobraron por mucho tiempo como funcionarios en oscuras estructuras oficiales de los gobiernos priístas, panistas y perredistas.  Fueron o son beneficiarios del sistema que con tanta pasión defienden. Los podemos ubicar fácilmente; su línea argumentativa (es un decir) primaria está basada  en descalificar al adversario, cantar loas a su nuevo patrón, pero sobre todo salta a la vista su carencia de razonamientos, su abundante uso de adjetivos, su desolador desconocimiento de la historia y su vergonzosa  posición de vasallos frente al poder. ¿Alguien les podrá decir que cuanto más se agachen, mas exponen lo que no debieran exponer?

Amanuenses… una plaga del periodismo.  Solo espero que estén bien pagados, por el bienestar de sus familias.