En casi 12 años, las contradicciones, las falsas expectativas, la inseguridad, la violencia creciente, el voluntarismo a toda costa, el optimismo exacerbado y sin bases, el escándalo, el ruido, la agitación permanente, han golpeado sin descanso el proyecto del panismo empoderado, cualquiera que haya sido. El entorno social, en consecuencia, ha experimentado un deterioro inédito.
En el ámbito económico, es un hecho que las estructuras macroeconómicas heredadas de los últimos gobiernos priÃstas, siguen siendo muy sólidas y han soportado el remezón, si acaso con alguna cuarteadura; mas fuera de ellas, las consecuencias están a la vista, con un descenso de la calidad de vida de los mexicanos y un crecimiento ingobernable de la economÃa informal.
Mientras tanto, el aparato burocrático de alto nivel, ese que le cuesta más al paÃs, no ha servido sino para agudizar las pugnas palaciegas, surgidas lo mismo por la búsqueda de un mayor control de los cotos de poder, que en pos del espejismo de una victoria electoral este año.
El vacÃo en la educación es directamente proporcional a la incapacidad manifiesta de los gobiernos panistas y a su entrega al cacicazgo de Elba Esther Gordillo en el SNTE. En la seguridad pública, la confusión y la incredulidad lo ahogan todo; los fenómenos de opinión pesan más que todas las acciones y éstas han resultado en buena medida erróneas.
También la reforma laboral, la polÃtica social, el campo, son asignaturas pendientes. Donde no reina el silencio, imperan el desorden, las contradicciones y los abusos. El juego polÃtico se volvió más sucio conforme avanzaban los gobiernos de la alternancia. Las tierras de la polÃtica son especialmente vulnerables a esos procesos de enmascaramiento.
Se trata de recursos originados en las alcantarillas del marketing polÃtico estadunidense, a donde acudieron en pos de capacitación y know how, algunos de los principales consejeros de Vicente Fox, imitados por personajes influyentes del primer cÃrculo de Felipe Calderón.
Ha comenzado a circular, con tanta credibilidad como le asignan las individualidades y los grupos conforme a sus intereses, una interpretación del presente mexicano que merece ser discutida con seriedad. La idea central es que México, después de haber vivido una primavera democrática en 1997, en 2000, incluso en 2006, pese a la puesta en escena de Andrés Manuel López Obrador y sus huestes, comienza a sentir las inclemencias de una rehabilitación autoritaria.
Los tiempos que corren estarÃan marcados, consecuentemente, por el retroceso polÃtico. De acuerdo con esta versión, las antiguas ligaduras del sistema autoritario se restablecen, los viejos ductos de la manipulación se despejan, las columnas quebradizas vuelven a cimentarse, regresan los hábitos anticuados. Se ha arreglado el edificio que hace unos meses parecÃa en ruinas. Para defender la tesis de la restauración autoritaria, existe un extenso repertorio de sospechas.
Pero el Presidente, pese a los torpes desplantes caudillistas de Calderón, ya no es el amo de la polÃtica nacional; el Congreso no ha vuelto a su condición de testigo de la acción pública; el PRI no es el partido virtualmente único; el centro no succiona todas las energÃas y los recursos del paÃs; los medios no son empleados del poder, salvo los que lucran en complicidad; la sociedad mexicana no regresa a los tentáculos del pulpo corporativo, el árbitro electoral no vuelve a responder a los intereses de un solo un partido.
El análisis de cada una de esas coordenadas: Presidencia, Congreso, elecciones, federalismo, organización colectiva y crÃtica pública, confirma que el viejo régimen, entendido como el de los excesos autoritarios de un sistema que construyó el México moderno, ha muerto y no hay posibilidad alguna de que renazca.
La democratización mexicana ha logrado que el poder no tenga un amo absoluto y esta es precisamente su caracterÃstica primordial, evidencia del arreglo polÃtico de México ha cambiado sustancialmente. El poder perdió a su dueño: ya no está encerrado en la voluntad, tantas veces caprichosa, del señor Presidente, por más que Calderón se muestre inclinado a que asà ocurra de nuevo, dados su voluntarismo, su intolerancia y su talante mesiánico. Ha habido un reparto importante de poder en los últimos años; la polÃtica se ha convertido en un territorio abierto a la competencia, es un juego marcado por la incertidumbre.
El poder, pues, no lo tiene alguien en exclusiva y esta es, al mismo tiempo, la mayor virtud y el peligro más grande que encara el paÃs, porque la dispersión, los enfrentamientos, los vacÃos –que en realidad no existen, pues de inmediato son ocupados por los poderes fácticos–, amenazan la gobernabilidad, el orden público, la paz social y la estabilidad.
El poder está en una zona indeterminada de intercambios polÃticos en la que cada actor dispone en principio de la capacidad para decidir, en la medida en que convoca la adhesión de los ciudadanos, del Congreso, de los medios de comunicación, de las autoridades regionales, de los representantes sociales.
La participación social lograda hasta ahora, aun si en buena medida desorganizada y proclive a caer en tentaciones caudillistas, como en el caso de quienes siguen a Javier Sicilia; la pluralidad polÃtica que recorre prácticamente todo el paÃs, la existencia de una geografÃa nacional, regional y local de los medios de comunicación, la actuación cotidiana de franjas y grupos sociales informados e interesados en la polÃtica, la cultura y el desarrollo social, confirman que las condiciones para elevar las miras, debatir a propósito de temas sustantivos y encontrar la interlocución necesaria, están inequÃvocamente presentes.
Las contiendas polÃticas, en consecuencia, deben superar las limitaciones de la visión adversarial, necesariamente facciosa. A la sociedad le sobra confusión y le falta claridad. La seguridad necesaria, el estado de ánimo indispensable para enfrentar los retos que vienen y que ya se van, solamente pueden ser producto de la verdad.
La doble palabra, el mensaje cifrado, la lectura entre lÃneas, son obsoletos. Las aguas turbulentas deben servir para la maduración de un moderno sistema de partidos, o para que México quede a la deriva de la estéril confrontación adversarial que ha estado presente desde 2000 y no parece próxima a desaparecer del horizonte de lo inmediato.
Y pese a la evolución experimentada por la sociedad mexicana, por el conjunto de la ciudadanÃa, como que no acaba de quedar tan claro como es preciso, que la voluntad ciudadana es la que decide, más allá del clientelismo, de los cacicazgos, de las deficiencias del sistema. Mientras no lo creamos y lo asumamos asÃ, todas y todos, continuaremos al filo del precipicio.
Publicado en la Revista Gurú PolÃtico (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director
Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, asà como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 paÃses. Editorialista de Excélsior. Presidente del CÃrculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx
























