Preguntaron a un grupo de adolescentes cuáles de una lista de nuevas canciones iban a triunfar. ¿Acertaron? No con sus palabras… sino con su cerebro reptil, que se expresa con los latidos de su corazón; se ve en su resonancia magnética cerebral; en la transpiración: señales no verbales. Erraron con las palabras, pero acertaron con su instinto.| PATRICK RENVOISÉ.*
¿Por qué no acertaron con la razón?
La razón elegÃa la canción que creÃan que les hacÃa quedar mejor, pero su cerebro reptil escogÃa la que de verdad les gustaba. ¡Y esa elección sà que era la buena: esas canciones elegidas por instinto triunfaron!
¿Elegimos con las entrañas?
Aun sin reconocerlo. Pregunte a un fumador por qué fuma: no hablará de adicción y dependencia, sino de la libertad de fumar.
El instinto, decide, la razón excusa
El 99 por ciento de nuestras decisiones no las toma nuestra razón, sino el instinto. Luego la razón busca excusas para justificar lo que ha elegido nuestro cerebro reptil, primario: el que heredamos de los dinosaurios.
Preferimos creer que nos guÃa la razón
Somos seres evolutivos. Y en esa evolución hemos ido acumulando capas de cerebro. El más antiguo, el núcleo, es el mismo que tenÃamos cuando éramos reptiles y sigue siendo el más influyente; sobre él se superpusieron capas de cerebro medio, emocional, y, encima, las más recientes circunvoluciones cerebrales: el neocórtex racional.
¿Es teorÃa o experimentos?
Damásio, en 1995, ya demostró que la razón es menos eficaz que el cerebro reptil: en un juego de apuestas dio a elegir entre barajas. Una estaba trucada y el cerebro reptil de los apostadores detectaba el truco muchas jugadas antes que su razón. Y lo denunciaba emitiendo señales no verbales.
¿La razón sólo es un adorno?
Yo trato de aplicar a la toma de decisiones lo investigado por Damásio, Kahneman, Ledoux… Y, para resumir, le digo, con Damásio, que “no somos máquinas pensantes que a veces sienten, sino seres instintivos que a veces piensanâ€. A menudo, demasiado tarde.
Se acaba de cargar la economÃa clásica y su teorÃa de las opciones racionales
Porque es falsa. Los seres humanos, entre dos opciones, no elegimos siempre la más racional, sino la que prefiere nuestro cerebro reptil. Y no siempre es la obvia.
¿Qué prefiere nuestro cerebro reptil?
Es un enorme yo. Sin él ya nos habrÃamos extinguido. El reptil no tiene compasión ni empatÃa. Sólo entiende los grandes contrastes: blanco o negro. No tiene tiempo de más.
Si te paras a discernir, te comen
En milésimas de segundo. El reptil reduce opciones a lo binario para sobrevivir, aunque la realidad es más compleja y comprenderla a fondo requerirÃa una lógica difusa.
La evolución es lo posible, no lo mejor
Y nuestro cerebro reptil sólo entiende lo tangible. Nada de abstracciones. Es emocional y visual: los reptiles son todo ojos. Por eso, nuestros ojos están conectados directamente a ese núcleo del cerebro primario.
Si no has visto al león, ya te ha comido
La adquisición del habla es mucho más reciente en nuestra evolución. Por eso, si grito: “¡León!â€, tarda usted 500 milisegundos en huir. Si ve al león, tarda dos. El ochenta por ciento de la información que procesamos es visual. Por eso soñamos en imágenes.
¿Consecuencias de ser tan reptil?
Si quiere convencer a los demás, olvÃdese de su yo y empiece a trabajar el tú (o sea, el yo de los otros). Nadie más bobo que quien intenta ligar luciendo su músculo o su Ferrari. No diga: “Yo soy rico, quiéremeâ€; diga: “Te haré ricaâ€. Y le querrán.
¿Cómo persuadir?
Lo primero es diagnosticar el dolor. Somos criaturas dolientes, siempre temiendo por nuestra supervivencia. Y sobrevivir son [en inglés] las cuatro efes: food, fight, fly y fuck (el sexo).
Por ejemplo, ¿qué le duele cuando pide una pizza por teléfono?
¿Hambre? Eso es necesidad. Diagnostique el auténtico dolor: es la terrible ansiedad de no saber cuándo va a comer.
Es peor la espera que el hambre
Una pequeña pizzerÃa lo localizó: “Si tardamos más de 30 minutos en servirle la pizza, le devolvemos el dineroâ€. Y se forraron.
Rascarse el bolsillo también duele
¡Porque el dinero es nuestra supervivencia! Y soltarlo es ponerla en peligro. Además, la pizzerÃa Domino’s supo diferenciarse del resto (recuerde que el cerebro reptil sólo aprecia grandes contrastes: blanco o negro).
Madrid-Barça; [en España] los nuestros y ellos
El reptil en nosotros sólo entiende de buenos y malos; después la razón ya encontrará las excusas ideológicas para embellecer ese instinto básico. ¡Ah, y cuando argumente, lo mejor dÃgalo siempre al principio!
¿Lo mejor no se guarda para el final?
El reptil economiza energÃa: cuando se le acercan despierta cinco minutos por si hay amenaza; después pasa, como cualquier ordenador, al modo “stand byâ€, y, si luego no lo estimulas, lo agredes o le das –al menos ofreces– comida, sexo o poder… se duerme.
Sólo hay que ver las caras en las aulas…â€
O en los cines: Hollywood domina las claves de nuestro cerebro reptil. Si quiere hacer mucha taquilla, no lea a los crÃticos, sino las señales no verbales del público.
¿El “neuromarketing†sirve en polÃtica?
Su esencia es que nuestras grandes decisiones se basan en el miedo.
——
* Tengo 51 años, que he invertido en aprender que no eres lo que prometes, sino lo que demuestras. Eso ahora puedo demostrarlo en una hora. Nacà en ParÃs, pero hoy soy estadounidense. Soy budista. Soy asesor en “neuromarketing†del equipo de campaña del presidente Obama.
En el diario español La Vanguardia.

























