mexico

José Antonio Molina Gil no era un turista cualquiera en nuestro país, es miembro activo del Partido Socialista en España y se encontraba en México en 2010 para visitar colegas y conocer con un poco mas profundidad al lugar que recién estrenaba un nuevo rostro ante el mundo: el de un país en guerra.
Su VOCACIÓN anti-conservadora le permitía ver mas allá de los monumentos históricos, los paisajes y la calidez de la gente; no estaba demasiado interesado en llevarse fotos de los lugares de las guías turísticas: él quería vivir el México de los mexicanos. Y  entre bromas y sarcasmos se le había prometido presenciar una “balacera” o leer una narcomanta, lo que (me cuentan) la causaba gran emoción.

La cita era en un bar discreto donde se celebraba un cumpleaños ajeno. Me miró de lejos y me reconoció. Al acercarme, se levantó presto para darme un abrazo y decirme: “Hasta que se me hizo conocerte mi Demetrio…”. Después del protocolo, que casi fue inexistente, reparó con ansías, como esperándome toda la noche para hacerme una sola pregunta:
– ¡Oye! ¿Sabes cuál ha sido una de las cosas que mas me ha pasmado en mi estadía aquí?
– A ver – respondí al mismo tiempo que empecé a barajar por mi mente temas visibles como la inseguridad, el ejercito en las calles, el futbol; tratando de adivinar su duda- dime, te escucho.
– En la Central de Autobuses, cuando llegué a la ciudad, me tocó ver a una mujer de edad avanzada vendiendo chicles ¿Eso es normal aquí? ¿No recibe ayuda del gobierno?
– Sí, es normal, – le contesté, con algo de torpeza y lentitud, ya que no esperaba ese comentario- y desconozco la cobertura de los subsidios para esas personas- poniendo la cereza al pastel de mi vergüenza momentánea.
No era una pregunta cualquiera, era una pregunta que esclarecía  las respuestas a otras cuestiones, y que también, nos llevaba a una conclusión más poderosa: el por qué  y el cómo este país esta de pie y sigue adelante.
Si la señora de los chicles en la central estuviera inscrita en el Programa de “70 y más” del gobierno federal, existiría aún la posibilidad de que la anciana siguiera vendiendo chicles.
Al desempleado en México no se le ve como una “víctima del sistema,” como ocurre en otros países, se le juzga y se le  somete a una presión social. Creando una sociedad con algo que podemos llamar un “estoicismo laboral”, en donde el empleo se consigue a como dé lugar: auto empleándose, en la informalidad, migrando hacia Estados Unidos o enrolándose en la delincuencia organizada, en el peor de los casos. El desempleado mexicano rara vez esta interesado en organizarse para exigir sus derechos como ciudadano: prefiere  darse de “topes con la vida”. Aunque hay remarcar, que a pesar de todo esto, en el país existen alrededor de 7.5 millones de los llamados “ninis”.
Dentro del primer grupo de respuestas al desempleo, el de los “autoempleados”, nos encontramos que en su mayoría se trata de profesionistas o amas de casa, donde a pesar de la ausencia de reformas y las distintas crisis que se sufren, se sigue emprendiendo. Esto se confirma en el estudio que hizo Global Entrepreneurschip Monitor en el 2008, en donde México resultó ser el segundo país mas emprendedor en Latinoamérica, solo detrás de Argentina; contrastando con el que hizo  la U.S Small Business Administration en el 2010, en la que México ocupó el 7º mejor lugar en Latinoamérica para emprender un negocio, basándose en las condiciones generales y en las trabas burocráticas del sistema.
El comercio informal se ha convertido en  la caja de resonancia de la realidad mexicana. Según datos del INEGI, representa el 35% del PIB, “auto empleándose” alrededor de 14 millones de mexicanos, integrándose más de 500 mil personas cada año, número un poco mayor a los empleos generados en la formalidad en el mismo lapso de tiempo. En su mayoría hombres, de todo tipo de oficios y profesiones, aunque como dato interesante, hay una parte importante de este sector conformada por población indígena. Sí, esto no es motivo para celebrar, es un lastre para la economía y las políticas tributarias, pero es el reflejo de un gobierno excluyente… y una sociedad trabajadora y perseverante.
Dentro de los empleos formales, es histórico que nunca se han podido alcanzar las metas trazadas por los sucesivos gobiernos. Hoy por hoy, por ejemplo, la recuperación de la Inversión Extranjera no ha sido suficiente para volver a tener los mismos niveles de la década pasada. Casi la mitad de estas divisas son para la industria manufacturera, donde México ha dado gratas sorpresas a los corporativos transnacionales. Cada vez es mas común ver empresas que trasladen para acá sus centros de investigación, sin contar a las nacionales que tienen un buen nivel de innovación.
Logros que no hubieran sido posibles sin la “talacha” de CEOs, ingenieros, técnicos y obreros mexicanos.
Para ponderar mejor la importancia de este sector de la industria, podemos compararlo con lo que generan las ventas de hidrocarburos: en los años ochenta las exportaciones petroleras representaban el 80% del total, en el 2011 se exportaron 29 mil millones de USD contra casi 23 mil millones de USD de las exportaciones manufactureras. Que no nos extrañe que esta cifra se iguale en no más de 7 u 8 años.
La geografía económica en México ha cambiado bruscamente en las últimas décadas. Antes, la vocación productiva de cada región se basaba en el tipo de sembradío que se cosechaba: plátanos en Tabasco, aguacates en Michoacán, café en Chiapas, sorgo en Tamaulipas. Algunos de ellos aún lo siguen conservando, pero ya interactúan con otras industrias: turismo, el sector energético, o el maquilador.
Ahora, y desde hace  unos lustros se han establecido varios “clusters” convirtiéndose en nuevos polos de desarrollo: el aeroespacial en Querétaro y Chihuahua, el maquilador en Juárez y Tijuana, el automotriz en Saltillo, agroindustrial en Sinaloa, logístico en San Luis Potosí, los corporativos en la Ciudad de México, IT en Jalisco y casos como el de Monterrey, donde conviven la mayoría de los arriba mencionados.
No es tiempo para celebrar, pero es sorprendente como a pesar de las reformas y la inseguridad que se sufre, el país no flaquea y sigue proponiendo cosas al mundo. Claro ejemplo Ciudad Juárez, que a pesar de ser una ciudad con un número escandaloso de feminicidios, más de 10 mil muertos y 20 mil huérfanos, la gente ha sabido organizarse en materia de prevención del delito y en estrategias competitivas, logrando una eventual reducción de asesinatos y ser el octavo municipio en el país en captar Inversión Extranjera recibiendo alrededor de 2 mil millones de dls desde el 2010. Los juarenses no pidieron esta guerra, pero no se estancan y nos demuestran el cariño por su tierra, ejemplo heroico del que los mexicanos debemos aprender y estudiar a fondo.
Y para terminar con los empleos formales, el mismo INEGI reveló que de los 13 millones que integran la PEA, 4.2 millones tienen otro empleo para poder solventar sus cuentas, por que no “acompletan”.
Aún no alcanzo a imaginar hasta donde pudiera llegar el país si hubiese un Acuerdo Nacional. El talento de los mexicanos ya ha pasado varias pruebas, solo falta llevar este ingenio también al campo rural (tema que voy a tratar en mi próximo artículo).
Pero sí, ahora estoy seguro, México es misterioso por su pasado, interesante por sus recursos naturales y  también: es GRANDE por su gente.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.