El reciente dictamen del Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México, Saldivar Lelo de Larrea, encargado de analizar el espinoso asunto de Florence Cassez, pone nuevamente en primar plano algo que para los mexicanos resulta de sobra conocido por su cotidiana realidad y ominosa presencia: La enorme desconfianza que se tiene en el aparato de justicia.
Los encargados de procurar e impartir “Justicia” en México, ocupan, junto con los H. Diputados, el sótano en credibilidad y aprecio por parte de los ciudadanos. Posición ganada a pulso por su actuación no en los últimos sexenios, sin desde épocas ancestrales. Actualmente nadie vivo puede recordar, ni en su más lejana infancia, una buena actuación del aparato de justicia mexicano, estructura singularizada por su prepotencia, torpeza, falta de cultura y sensibilidad, pero sobre todo por su extrema corrupción al grado de que en un programa de televisión abierta un par de ministros de la Suprema Corte, admitieron, sin tapujos, que, “grosso modo” se puede dividir a los jueces mexicanos en: “De consigna” y “Venales”. Asà o más grave el asunto.
El asunto Cassez, por donde se le vea, es un monumento a la estupidez jurÃdica y el pésimo actuar de policÃas y jueces. Sin afirmar su inocencia o culpabilidad, que es como inicia la ponencia del Ministro Saldivar, se puede sostener que el juicio de Florence ha sido manejado con las patas y fue viciado por todos los lados que se puedan viciar. La detención fue un montaje para complacer el enorme ego de GarcÃa Luna, siniestro personaje continuamente señalado de múltiples desfiguros en su afán de complacer a otro individuo de no menos monumental ego, el C. Presidente Calderón. El montaje fue realizado conjuntamente con uno de los poderes fácticos de México, Televisa, y usando como peón a un camarógrafo, Pablo Reinah, que al parecer ni enterado estaba del enjuague.
Las vÃctimas de la banda El Zodiaco, grupo criminal al que supuestamente pertenecÃa Cassez, en las declaraciones iniciales ni de lejos ni de cerca reconocieron a Florence, ni fÃsicamente ni por la voz. Afirmaron, y asà quedó asentado que “a esa señora ni la conocÃan”. Citados posteriormente por el MP y convenientemente aleccionados o “convencidos”, vaya uno a saber como, súbitamente se les aclara la memoria y recuerdan a la señora y hasta su dificultad para pronunciar la doble erre. Maravillas del MP y su poder persuasivo.
Al conocerse el montaje, las mentiras televisivas y de la AFI, entró en funciones la Ley de Hilados y Tejidos, misma que en su artÃculo primero y único dice: “El hilo se rompe por lo más delgado”; en ese momento el destino del reportero Reinah quedó sellado, fue despedido instantáneamente de la inmaculada y veraz Televisa.
Estamos en México, recordemos que ya el doctor Márquez Piñero, especialista del Instituto de Investigaciones JurÃdicas de la UNAM, advierte “Para nuestros policÃas es más simple tomar a un inocente y obligarlo a confesar un delito que realizar una efectiva investigación cientÃfica con un buen protocolo de indagación”.   Y abunda: “DeberÃamos preguntarnos cuántos inocentes hay en las cárceles porque no pudieron pagar al abogado, por jueces y ministerios públicos venales, incompetentes e ignorantes”
El caso de Florence es un claro ejemplo de los vicios de la justicia en México. Detenida en un operativo, no se da aviso a la embajada de su paÃs y se recrea para la televisión un falso operativo. Para México, el no avisar al consulado mexicano cuando se detiene a un mexicano en los EUA es razón suficiente para poner el grito en el cielo y solicitar la nulidad del juicio asà sea el más cruel de los asesinos. Â
A grandes rasgos ese es al caso; pero el asunto se ha tornado en un episodio de nacionalismo barato donde ya no entran los argumentos, sino las emociones. En el imaginario popular se equipara a Sarkozy con Napoleón III y a sus operadores con Forey y Bazaine.
El hecho de que los mexicanos estemos acostumbrados a las detenciones ilegales y a los procedimientos corruptos y plagados de errores no significa que los demás ciudadanos de otras nacionalidades lo acepten; para ellos el tehuacanazo, los jueces de consigna y los testigos comprados son figuras vergonzosas. ¿Porque deberÃan los franceses aceptar de buen grado nuestras atrocidades judiciales a las que los mexicanos estamos acostumbrados?. Es más, ¿ Por qué los mexicanos debemos de aceptar que a nosotros mismos se nos aplique este tipo de “Justicia”?. ¿Acaso somos culpables hasta no demostrar nuestra inocencia?. Estamos fritos.
Televisa y su numeroso y bien pagado grupo de amanuenses nos piden que creamos ciegamente en la culpabilidad de Florence Cassez y en la honestidad de la justicia mexicana. Yo tengo mis dudas.
























