opinion

El proceso democrático debe basarse principalmente en el involucramiento activo de los ciudadanos y por lo tanto, debe de obligar a los actores políticos a ejercer una constante retórica de propuestas, contrapropuestas y soluciones. Esto implica que el discurso político y la crítica ciudadana deben ir orientadas hacia la construcción de metas que lleven a nuestro país al destino que todos anhelamos. Dicho lo anterior, se esperaría que a medida que nos acercamos a los comicios electorales, el debate de propuestas se intensificara con el objetivo de promover acciones concretas y de esta manera, convencer al electorado para su obtener el voto el próximo 1 de julio. Lamentablemente, nos hemos enfrascado en el debate de las encuestas sin fondo, en las críticas sin sustento y en asuntos triviales que poco aportan a nuestro país. México requiere de propuestas audaces y concretas para liberar a la nación de la parálisis eterna; sin embargo, nuevamente estamos cayendo en la trampa de siempre: “Hablamos mucho y proponemos poco.”
Una discusión verdadera

La crítica y el debate son fundamentales dentro de una democracia , ya que sirven como eje para contrastar ideas y encontrar puntos de equilibrio ; es en este punto donde comenzamos a tropezar. Nuestra idea sobre la crítica y el debate no es errónea, lo que es totalmente erróneo son los temas sobre los cuales debatimos. En las últimas semanas he observado con atención los discursos de los candidatos, las redes sociales y los principales medios de comunicación. He encontrado que todos los personajes comentan sobre su encuesta preferida y descalifican al oponente argumentando que su encuesta es “comprada”. Mientas tanto, los ciudadanos segamos y preferimos evadir la triste realidad social, económica y política de México, cuando nos atrincheramos y discutimos asuntos irrelevantes sobre la vida de los candidatos o recurrimos a la historia para argumentar que uno o varios partidos son un peligro para México. Somos expertos en críticas vacías, pero ignorantes en ideas con poder de cambio.

El país enfrenta grandes problemas sistemáticos en todos los ámbitos. Durante los últimos treinta años hemos crecido a una tasa anual promedio de 2%, existen 52 millones de mexicanos viviendo en algún tipo de pobreza, el salario real de la población ha permanecido constante en el mejor de los casos y tenemos un sistema educativo obsoleto. Por otra parte, tenemos instituciones débiles y un sistema judicial que está caracterizado por la corrupción y la impunidad sin limites. Todos estos factores nos alejan año con año del país de bienestar y justicia en el que los mexicanos queremos vivir. En ese sentido, creo que el discurso de los candidatos debería estar orientado a resolver y proponer soluciones a los problemas anteriormente descritos, porque desde mi singular punto de vista, eso es en parte lo que frena al país y en eso debemos de trabajar.
Las posturas, actitudes y argumentos por parte de los aspirantes y del público común, me hacen conjeturar que a pesar de nuestros 202 años de vida independiente, de 102 años de la Revolución Mexicana, de 70 años de una dictadura partidista y después 12 años de un cambio incumplido, somos un país democráticamente inmaduro. Preferimos el camino fácil, el de la crítica sin fundamentos, de las encuestas manipuladas y de las descalificaciones con interés. No tenemos los candidatos que queremos, pero tenemos los que merecemos. Ya es tiempo de poner en la mesa los temas que importan para el país, es tiempo exigir y exigirnos un cambio verdadero, es tiempo de ver hacia el futuro y no caminar hacia el pasado.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.