En las editoriales de noticias se discrimina entre lo que se publicará ese día, o para ser más exactos, al día siguiente y lo que no; los criterios son muchos y muy variados, van desde lo noticioso que sigue siendo subjetivo, hasta lo que más ventas pueda registrar. Es así como el día a día se construyen las notas que serán publicadas en la prensa, en los medios electrónicos, comentadas en la radio y televisión. Es así como se irá construyendo la llamada agenda pública. En dicha construcción interactúan y presionan un sinfín de fuerzas económicas, políticas y sociales. Que si el gobernador quiere que se eleve una nota o se disminuya otra, que si el consorcio noticioso le salió mal un negocio con otra empresa y la veta de sus espacios de información, que si se quiere posicionar una nota para distraer de otras, y un largo etcétera. Son situaciones que como dice Ryszard Kapuściński ocurren todo el tiempo en todos los medios de comunicación que se rigen por el mercado y que se instalan en las democracias modernas.


Ahora bien, hay un fenómeno muy interesante en donde muchas veces lo noticioso va de la mano con lo negativo. Es decir, se es noticia si hay algún daño, algún escandalo o algún secreto ventilado. Cuando son buenos resultados, acciones esperadas o necesarias ya sea de gobiernos o de empresas, cuando organizaciones de la sociedad civil tienen grandes triunfos, son historias y noticias no tan noticiosas. No venden, no son escogidas por las y los editores para llenar las primeras planas, para dedicar espacios enteros de debate en radio o en programas de televisión de análisis. Y no es sólo un capricho de quienes escogen noticias, se basan precisamente en las preferencias de las audiencias en gran medida para tomar sus decisiones. Pareciera que existe una gran mayoría de nosotros que basamos nuestro interés en las noticias, tanto públicas como en el ámbito personal basadas en la medida en la que satisfacemos nuestro morbo.

Otro ensayo de explicación está en la forma en la que nos gusta mirar los acontecimientos de la vida, más negativos, más realistas, optimistas, etcétera. Y así un fenómeno, que en principio es neutral, pasa por el tamiz de nuestros sentidos, de nuestras creencias y nuestros valores hasta que les damos una o varias explicaciones. Si los resultados de este ejercicio inconsciente son debatibles en materias duras, sus discusiones son mucho más profundas en temas públicos por ejemplo. Se vuelve una forma de entender y esperar la vida; es como si todo el tiempo estuviéramos esperando que las cosas fueran mal. Que en una transacción comercial nos defrauden; que un gobierno nos robe; que un amigo no esté presente cuando se le necesita. Y así vamos cumpliendo nuestra propia profecía.

De la presente administración federal las noticias negativas no han llegado del todo, ningún gran escándalo, ningún error que desmenuzar en las mesas de análisis, ningún desvío de recursos, es decir, las cosas no van mal y por tanto ¿van bien? El sentido común y los datos duros nos haría pensar que sí, que desde el día uno se cambió la dinámica del poder, que se está comenzando con atrasos de profundo calado en muchas áreas, pero que hay muchas otras a las que se les impacto positivamente de manera inmediata. Se dio la firma del Pacto por México con la y los presidentes de los tres principales partidos; se creó el Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM); se dio el desistimiento de la Controversia Constitucional sobre la Ley General de Víctimas; se aprobó la iniciativa de reforma constitucional en materia educativa privilegiando la evaluación a las y los maestros; se aprobó el Programa de Seguro de Vida para Jefas de Familia; en cuanto al Paquete Económico 2013 fue incluida una partida presupuestal para que pueda ser modificado y ampliado el Programa 70 y Más para que todos los mexicanos mayores de 65 años reciban una pensión; la inversión para este año destinada a ciencia, tecnología e innovación será de 70 mil 395 millones de pesos, casi 15 por ciento más en términos reales respecto al 2011; se presentaron las iniciativas para crear la Comisión Nacional Anticorrupción y para ampliar las facultades del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI). Se dio banderazo de salida a la Cruzada Nacional Contra el Hambre a través del decreto que establece el Sistema Nacional contra el Hambre; se han sostenido reuniones estratégicas con los representantes de gobiernos como Portugal, Nueva Zelanda, Brasil, Alemania, Estados Unidos, Japón, China, etcétera; se presenta la iniciativa de reforma constitucional en materia de Telecomunicaciones para deshacer los monopolios vigentes en estas áreas y dar entrada a nuevos competidores para mejorar los servicios. Es decir, se han realizado ya muchas o pocas (según el juicio del lector) acciones encaminadas a transformar este país, todas dentro del ámbito de lo necesario, lo esperado y lo deseable tanto por sectores de la sociedad civil, como por académicos, expertos e incluso como parte de las demandas de las distintas fuerzas políticas. Además de que en el futuro próximo se pretende establecer un Sistema de Seguridad Social Universal, reforma fiscal y energética para instalar a México en las vías del desarrollo con sentido humano. Incluso tanto en público como en privado, miembros, militantes y simpatizantes de fuerzas políticas ajenas a las que ocupan el gobierno federal se manifiestan con beneplácito por las acciones tomadas desde el poder federal. Sin embargo es de llamar la atención que fuera del impacto noticioso que el día a día gubernamental tiene, la construcción del debate público ha dejado pasar varias de estas acciones esperando que venga el gran escándalo o la gran decepción para, ahora sí, poner todo su esfuerzo en los argumentos y validar la información previa que se creía del tipo “Ven! Ya decía yo que no podíamos esperar mucho de este gobierno” o “Ya se habían tardado en hacer las cosas mal”.

Es un poco como el texto “Algo muy grave va a suceder en este pueblo” del gran Gabriel García Márquez cuando el pesimismo y la zozobra dibujan un velo al esfuerzo que como ciudadanos se debe poner para que el país que queremos y que nos merecemos sea una realidad y no sólo una expectativa basada en los esfuerzos de los miembros de la administración en turno. Esa creación de la realidad que va tomando forma a cada instante tiene también un gran origen en la predisposición que se tiene hacia lo positivo o lo negativo. Cuando se piensa que las cosas pueden ir bien, ya se tiene avanzado un tramo (mucho o poco depende de cada quien) respecto a la dirección de ese camino; lo mismo pasa en sentido contrario.