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Al revisar la historia de México en realidad revisamos el recuento de un gran número de altercados y desacuerdos entre dos grandes grup

os que se confrontan por el control de un país.
El siglo XIX mexicano fue un periodo caracterizado por guerras, desacuerdos, intervenciones, presidencias breves, asesinatos y un sinfín de calamidades desatadas por el encuentro de dos posturas irreconciliables. Siendo el más fuerte las reacciones y consecuencias de las leyes de Reforma y la separación entre la iglesia y el Estado.

La característica polarización mexicana se difumina un poco durante el Porfiriato, pero la confrontación regresa cuando el dictador decide ir a Francia.
Después del largo enfrentamiento provocado por la pugna por el poder entre las facciones sublevadas, un gran periodo de hostilidad se dio con la Guerra Cristera, el enfrentamiento ocurrió entre católicos radicales y el gobierno que los perseguía, obstinado con un laicismo que no corresponde con la realidad mexicana.
El más reciente caso se dio durante las reformas emprendidas por el Gobierno del Distrito Federal y la Asamblea Legislativa. Los mexicanos se dividieron en bandos que apoyaban el matrimonio homosexual, el aborto legal y la adopción por parte de parejas gay, del otro lado se encontraron los que opinaban que esto era un atentado contra la moral y a familia.
Si revisamos la historia de México desde el nacimiento del Imperio con Agustín de Iturbide, hasta la difícil elección presidencial de 2006, veremos que es el recuento de diferentes polarizaciones sociales, que al llegar a un límite de inflexión desembocan en enfrentamientos armados y prolongados que en nada abonan al desarrollo del país.
Esta característica de los mexicanos ha surgido recientemente con la visita del Papa Benedicto XVI, en diferentes foros y espacios de debate político y social se pueden dar muestras de apoyo y rechazo a la visita del sucesor de San Pedro.
Por un lado hay un grupo que expresa que ellos no van a Roma y no quieren que el Papa venga y del otro lado están aquellos que lo reciben con los brazos abiertos al ser el líder máximo de su fe.
Muchas cosas pueden criticarse a la Iglesia Católica, desde el manejo parcial que se ha dado a los casos de abuso sexual por parte de sacerdotes, su desapego a la doctrina de pobreza y humildad que Jesús empresa en los evangelios hasta el dispendio de recursos públicos en beneficio del Papa, pero finalmente sólo aquellos que deseen ver a Joseph Ratzinger lo harán y nadie obligará a los que estén en contra del líder del catolicismo a verlo en su visita a México.
Algo muy importante que debe aprender el mexicano es a ser crítico sin ser intolerante, la pasión gana cuando de defender nuestro punto de vista se trata, descalificamos, ponemos adjetivos, juzgamos a los demás cuando sus posturas u opiniones son diferentes a la nuestra.
El pensamiento del mexicano se caracteriza por el “si no está conmigo está contra mi” y ponemos a los otros en el extremo opuesto como nuestro enemigo, como si estuviéramos en una guerra en la que sólo una postura debe prevalecer y no importa lo que deba hacer en el camino.
Si el mexicano desea ser un ciudadano y ser tratado como tal por las autoridades y los partidos, debe aprender a ser crítico, no destructivo de su “enemigo”, debe aprender a tolerar las diferencias y respetar el derecho del otro a practicar la religión que desee o a no practicar alguna.
No hago un llamado a justificar los errores y omisiones de la iglesia católica o de cualquier otra, siempre he sido crítico de esta institución, lo que espero que hagamos como mexicanos es que al hablar de religión o política no concentremos nuestras fuerzas en imponerle al otro nuestras posturas, sino ser capaces de ver lo que el otro tiene en común conmigo y lo que podemos hacer con eso, lo que se puede construir juntos.
Nos equivocamos si creemos que tenemos el deber de cambiar el punto de vista del otro con nuestros argumentos, al actuar de esa manera agresiva sólo haremos que tanto el otro como mostros mismos nos vayamos al extremo de nuestra opinión polarizando más a la sociedad.
El Papa Benedicto XVI regresará a su cada en unos días a continuar con sus actividades, pero la polarización se quedará con nosotros, confrontándonos y haciéndonos incapaces de poder llegar a acuerdos, alejándonos aún más en un país que justamente necesita lo contrario.
¿Vale la pena? Claro que no, la única solución es aceptar y respetar que el otro desea con fervor ver al máximo líder de su creencia y que también hay quien lo rechaza y no profesa su fe.
El punto de vista único o hegemónico, cual sea, no beneficia a la democracia ni a la modernidad, por el contrario lo que necesitamos para ser una sociedad moderna es aceptar la diversidad y las grandes diferencias que existen en México, de otro modo basta con ver nuestra historia para saber lo que vendrá en el futuro.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.