Pensé que hoy todo serÃa hermosura, pero no, fue uno de los peores dÃas de mi vida.
Como todos, al vivir en la Ciudad de México sabemos que debemos estar alerta y dudar de todos. Por alguna razón, hoy bajé la guardia.
Mientras caminaba por av. Revolución se me acercó un señor para pedirme ayuda porque tenÃa una dirección, que andaba perdido. Generalmente me sigo de largo, de hecho le dije que no sabÃa qué calle me preguntaba. En ese momento comenzó a decirme que venÃa de un pueblo, que estaba perdido y lo habÃan maltratado, en fin. Desde ese momento debà dudar, debà seguir, pero no lo hice, no sé, mis cinco minutos de bondad.
En ese momento se acercó otro señor que decÃa que lo iba a ayudar, pero el señor del pueblo me decÃa que no querÃa ir con alguien más, que tenÃa miedo, en fin. Me enredó, me conmovió. Entre tanto parloteo, el otro señor comenzó a presentarse como alguien de buena voluntad, trabajador de Walmart , que lo podÃa ayudar, pero que él señor del pueblo sólo confiaba en mi.
En fin, que en cierto momento me quedé con los dos al lado, sobre la calle de Holbein. Ya no podÃa moverme a ningún lado. El señor del pueblo decÃa que casi lloraba del miedo que tenÃa de la ciudad, me agarraba del brazo, no me soltaba, y el otro me cerraba el paso. Me tenÃan acorralada, y no veÃa manera de salirme de ahÃ.
Traté de mantener la calma. Mientras el señor del walmart juraba por sus hijos que lo querÃa ayudar, pero que yo tenÃa que acompañarlos a la central, que nos llevaba en un taxi de sitio. En cuanto me negué, dejaron de fingir, querÃan dinero. Ahà fue cuando lancé el Hazme…
Los convencà de no ir en taxi al banco. Tomamos un microbús hacia M. Chapultepec. Eso sÃ, los dos me dejaron en medio. No sé si tenÃan armas, o no, posiblemente, ya no se sabe.
Bajamos en el banco, se quedaron con mis cosas, incluso uno de ellos me acompañó casi hasta la ventanilla. Sé que ahà pude pedir ayuda a la cajera, decirle algo, negarme a sacar el efectivo, gritar ahà en el banco.
Entre más lo pienso, sé que muchas cosas, muchas pudieron ser diferentes, y me siento terriblemente mal. Pero en ese momento tenÃa miedo.
Me siento tan mal, tan impotente, con miedo. Es una zona que frecuento, pasó por ahà seguido, tengo miedo de volverlos a ver.
Definitivamente sé que pudo ser peor, y eso es lo que más me encabrona, que ahora tengamos que agradecer por que los señores ladrones solamente nos quitaron dinero, y que salir ileso de algo asà es una fortuna. También me encabrona saber que de poco servirá denunciar, que es más, una denuncia podrÃa ponerme en riesgo de nueva cuenta. Lo único que me queda es compartir mi experiencia no tanto para evitar que alguien más caiga, sino para desahogarme, para escupir un poco de esta impotencia que tengo. Me dejé engañar, me apendejé y puse en riesgo mi vida.
Sólo les puedo comentar, que uno de esos tipos me dejó un número de celular, no pienso llamar, estoy segura de que el teléfono era robado. Si de algo sirve, les dejo la descripción.
El que dijo venir de un pueblo es moreno, cara redonda, con ojos cafés, con sendas bolsas como si fuera un perro baset hunt, cachetes igual de caÃdos, labios gruesos, como de 1. 60m. Como de 50 años
El otro es más alto, moreno, frente ancha, delgado, boca grande, labios delgados. Éste tipo habla mucho, repite el mismo discurso de que es un hombre noble que sólo quiere ayudar. Tiene como treinta tal vez veintitantos.
CortesÃa de Miedosa
























