La reflexión, la introspección y la tradición de estos días de Semana Santa, no son privativos para los actores políticos de nuestra nación, he leído con interés la declaración tan acertada del arzobispo de nuestra ciudad de Morelia, Don Alberto Suárez Inda, donde invita a los candidatos en campaña a no prometer mucho, por que en la práctica lo único que se puede constatar es que se cumple poco. Esta semana mayor para la iglesia católica, no fue motivo de tregua en el calendario electoral nacional.

El realismo del político es distinto del de los electores, y es precisamente el de estos últimos el que se debe de atender por medio del servicio público por el que se es electo. Los discursos y lemas de campaña son productos para atender a su mercado, los electores; discursos que ante la impotencia de la vida misma, en ocasiones se llegan a creer, pensando que en efecto, en esta ocasión si van a cambiar las cosas.


En estos “días de guardar”, periodo donde intento entender los pasos del Nazareno por la tierra, invito a reflexionar que tipo de país deseamos, eso que podemos pensar es posible, esta en nuestra manos hacerlo.

Las reformas en materia electoral a estas alturas ya son más que imposibles, aunado a que es impensable que los propios legisladores en su momento establezcan reformas tendientes a reducir el número de los integrantes de las Cámaras Legislativas en la nación o se reconozca una Ley Federal de Participación Ciudadana donde se establezca la figura jurídica de “revocación del mandato”, o más aún, el que los servidores públicos presten su servicio con una remuneración digna, no onerosa para las finanzas públicas nacionales, estas y muchas otras cosas más, es lo que verdaderamente desearíamos muchos mexicanos que en la práctica sucedieran, y que en estas campañas políticas, los recursos destinados a cada partido político se reintegraran al erario público para sufragar otro tipo de gasto más necesario a la población. Que existiera sólo una campaña nacional equitativa en medios tan solo por un periodo corto, ir a la elección y hacer que cumplan no lo que prometen, sino lo que constitucionalmente están obligados a hacer.

La estructura jurídica de México se establece en nuestra Carta Magna, bien valdría la pena sin necesidad de contravenirla, lograr una gran alianza electoral donde el pueblo sea el único que gane por medio de ésta, una alianza de los partidos existentes para acotar de motu proprio tiempos electorales y por ende reintegrar los recursos al estado, ir a la elección y respetar el resultado, bajo el compromiso único de hacer cumplir verdaderamente nuestra Constitución Política.

Basta de discursos demagogos, la prueba es que no ha funcionado al menos en México, el que cada año electoral se gaste dinero que no tenemos, en un país lleno de necesidades por parte de sus gobernados, pero lo anterior sólo se logra por medio del amor al prójimo, por la entrega desinteresada a los demás, y eso se puede leer como una utopía.

Hoy tengo la obligación moral de externar mis ideas, de que se puedan difundir y que en su caso las conocieran los que mandan en las organizaciones políticas que son los que tienen secuestrada a nuestra nación, ya que hoy ya no hay dinero para pagar el rescate y el derecho a una revolución esta prohibido.