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Han pasado ya más de 100 años de la Revolución Mexicana y hoy es el 93 aniversario luctuoso de Emiliano Zapata. Puede parecer mucho la distancia y el espacio para que tamaño acontecimiento se desarrollara y desenvolviera por completo, pero cuando se presentan retrocesos, el tiempo programado (si es que se presupuesta) suele perderse en los polvos de los vientos.
El motivo u el origen de aquel movimiento fue la justicia social, que, trasportándonos a aquella época, se traducía en el descontento ante la ausencia de una reforma agraria; en un país de latifundistas, campesinos explotados y una burocracia vanidosa, el clamor era omnipresente, ya que en 1910 la población rural representaba el 70% del total de mexicanos.

México es ahora un país muy diferente, tenemos la 11a economía del mundo, las mejores universidades de Latinoamérica, uno de los municipios con el ingreso per cápita más ricos del mundo  (San Pedro Garza García), el hombre más adinerado del mundo  y empresas competitivas. Algunos de estos parámetros son causados por 3 situaciones: 1.-El esfuerzo de los mexicanos 2.- La mala distribución de la riqueza  en el último siglo y 3.- Las 2 anteriores.
Para el 2010, la población urbana del país ya representaba el 78%, más del doble que en 1910. El rostro de la nación ya es más industrioso, cimentado  en un sistema social y educativo basado en lo productivo, el mismo que no nos permite ver, tanto a autoridades como a ciudadanos, la urgencia de atender el campo mexicano, a los campesinos e indígenas. En la actualidad no se considera rentable invertir en esta población, y por el contrario, se  les cuestiona, enjuicia  y se les hace falsa propaganda. Generando graves problemas sociales, invisibles en su germinación y que cuando dan frutos, son los que nos estancan en el subdesarrollo.
Muchos de los padecimientos mexicanos se originan aquí, en el campo mexicano. No es casualidad que los grandes capos que ganaron notoriedad en los últimos años, tengan un origen rural. De ahí la importancia de intentar de clasificar los problemas del campo, en rubros donde no se ha hecho lo correcto en los últimos años, y hacerlo de manera integral. Propongo tres ámbitos que considero claves:
1.- Inversión en Prevención Social del Delito.
Según un trabajo del Dr. Salomón Nahmad y Álvaro González: “La Fragmentación de tejido social y la familia rural e indígena en México”; la migración del sector rural e indígena hacia las zonas urbanas y Estados Unidos, ha tenido consecuencias impactantes: crecimiento de jefaturas de hogar femeninas, la pérdida de capital social en edad productiva, el abandono de actividades agropecuarias de subsistencia, el trastocamiento de valores culturales y la deserción escolar en los niños.
En el mismo documento, los autores aseguran que además de esto, la población del campo mexicano enfrenta 2 tipos de violencia: la primera es histórica, pugnas entre comunidades, machismo, conflictos agrarios y políticos de larga data. La otra se debe que ante la falta de oportunidades laborales y la pobreza extrema que sigue perdurando, muchos son reclutados por diversos tipos de delincuentes.  Es por eso que año con año, miles de muertos por homicidios culposos, tienen sus raíces aquí.
2.- Contrarrestar la Dependencia Alimentaria.
Hoy en día, la seguridad alimentaria es un reto global. En nuestro país, esto quedó plasmado al incluir recientemente el derecho a la alimentación en nuestra Constitución Política. Sin embargo, lo cierto es que la dependencia alimentaria de México es patente.
En las últimas décadas los granos que han presentado saldos negativos son el frijol, el maíz, el trigo, el sorgo y el arroz.  Alimentos que forman parte de la dieta del mexicano promedio. Según la Confederación Nacional Campesina, México mantiene un saldo negativo superior a los dos mil 306 millones de dólares en la balanza comercial de granos básicos, precisando que las importaciones de esos alimentos son 700 por ciento mayores a las exportaciones, y en el maíz se concentra 47 por ciento de todas las compras de cereales al extranjero.
Además, investigadores del ITESM aseguran que en los últimos 30 años el sistema agrario y ganadero mexicano no ha logrado avanzar de manera significativa en términos de producción alimentaria, lo que ha derivado en que buena parte de la población no pueda alimentarse adecuadamente. El análisis de esta institución destaca que en 1980 la producción nacional de maíz alcanzaba para que cada mexicano consumiera 489 gramos del grano a diario, mientras en 2008 alcanzaba para 604 gramos. Un avance de apenas 115 gramos en casi tres décadas.
Algo que nos debe de preocupar especialmente es lo que publicó el Wall Street Journal Americans el pasado 26 de febrero, acerca de los agricultores prósperos de Estados Unidos: “Tras haberse beneficiado de las altas cotizaciones del año pasado, los productores se han vuelto más exigentes a la hora de vender su maíz. Algunos han optado por almacenar una mayor parte de su cosecha, en lugar de ponerla en el mercado, una decisión que según los analistas contribuye a mantener los precios del grano relativamente altos”. Es decir, que la volatilidad internacional de los precios de los bienes primarios tiene causas bien localizadas, además del cambio climático y los accidentes naturales.
La mayor parte del maíz que importamos proviene de ese país. En este año, un kilo de tortilla ya vale 15 pesos, casi la tercera parte del salario mínimo y como lo señala el párrafo anterior, el maíz ya esta sujeto a especuladores internacionales.  

3.-Infraestructura Hidráulica.
En la actualidad, el crecimiento de las manchas urbanas y la prolongación de sequías en casi todo el país han provocado que las ciudades se suministren del vital líquido de los  ríos y lagunas, otrora dedicados solamente para riego agrícola. Las ciudades necesitan presas y los cultivos, subsidios para el aprovechamiento del agua.
Muy pocos estados han hecho lo que Sinaloa, que poniéndose a la vanguardia en el rubro agroindustrial, ha invertido en subsidios para sistemas de riesgos, para optimizar el vital recurso. En el resto del país aún hay mucho por hacer, por que si bien actualmente se presumen inversiones históricas en instituciones y programas como PROCAMPO, Alianza para el Campo y CONAGUA, la mayoría del presupuesto son acaparados por los agricultores acaudalados (así lo demuestran los resultados de evaluaciones y auditorías realizadas por el CONEVAL y la Auditoría Superior de la Federación).
Entramos aquí a un tema sumamente sensible en el panorama del México actual, la dualidad y la división en el campo mexicano: no sólo entre los empobrecidos agricultores de subsistencia y los grandes productores dedicados a la exportación (para quienes trabajan los primeros muchas veces como jornaleros en una migración sur-norte que destruye comunidades enteras), sino entre regiones. En el campo mexicano actualmente hay una asimetría regional que tarde o temprano derivará en conflictos de diversa índole. Valga un ejemplo como muestra:
En semanas anteriores el panorama político local se tensó por el acuerdo del Proyecto Monterrey VI, por medio del cuál el estado de Nuevo León pretendía abastecer al área metropolitana de Monterrey del Rio Tampaón, ubicado en la Huasteca Potosina. Ello causó el total rechazo de autoridades, ecologistas y activistas ciudadanos del Estado de San Luis Potosí. Las protestas orillaron a una reunión de última hora entre los gobernadores Fernando Toranzo y Rodrigo Medina para poder solucionar el problema,  acordando abastecer a los regiomontanos del Río Panuco (río que, por cierto, tiene aguas grises, lo que obligará al gobierno de Nuevo León a invertir en una planta tratadora de agua).
Hay que subrayar que la Huasteca Potosina es una zona de abundantes recursos naturales, en la que ahora sus agricultores son sometidos al tandeo de agua en épocas de sequía (algo que no ocurría antes) y que Nuevo León es un estado que ha sido escenario últimamente de fuertes inundaciones y huracanes, llenando a tope sus presas, nivel que es mantenido solo por algunas semanas, ante el fuerte consumo del área metropolitana de su capital.
Especialistas afirman que las fricciones entre municipios y estados seguirán en el futuro de forma cada vez más usual si no se invierte en Infraestructura Hidráulica.
En el artículo anterior, hablaba del talento y dedicación de los mexicanos y sus autoridades (algunas) para posicionar al país en un lugar estratégico en el área industrial y en el sector maquilador. Creo que llegó la hora de direccionar todas estas virtudes al campo mexicano.

El costo para el país por un estudiante de ingeniería en las más importantes universidades públicas del país, ronda entre los 15 y 25 mil pesos por semestre. Es el mismo presupuesto de un proyecto productivo  que daría el sustento  a una familia en la zona rural.
El costo de una empresa para crear una vacante para un obrero, puede alcanzar los 100 mil pesos. Con ese dinero se puede  formar una cooperativa rural que bien puede ser desde una panadería hasta una procesadora de alimentos. Cabe destacar que ha llamado la atención la capacidad de organización que tienen las mujeres del campo para administrar estas cooperativas de manera exitosa y honesta.
No estoy cuestionando ni comparando estos 2 sectores de la población, solo deseo dejar claro lo barato que es crear un empleo en el campo mexicano y los enormes beneficios sociales que dejaría. Lo que es cuestionable son los 130 mil millones de pesos que se presupuestaron para instituciones de seguridad pública en el 2012, más por que la mayoría va para gasto corriente y estrategias reactivas (inversión bélica) y no para la prevención del delito.
En resumen, por cuestiones de seguridad nacional, desarrollo social, desarrollo sustentable, prevención al delito, y estabilidad económica es de urgencia volver a voltear los ojos al campo mexicano, ese gran abandonado por nuestros últimos gobiernos.
La tendencia de los gobiernos de Acción Nacional a ver la realidad del campo de forma distorsionada, como un polo de pobreza y un elemento del pasado, y no como un sector lleno de oportunidades, ya no tiene cabida. Tristemente, por ceguera o cinismo, las últimas administraciones federales han ignorado dos hechos básicos: que pese a que México es un país urbano, un cuarto de la población aún vive en zonas rurales y costeras y merece un nivel de vida más digno; y que en el contexto actual, cualquier proyecto de nación requiere como pre-requisito la capacidad del Estado para generar alimentos de calidad a sus ciudadanos. Por todo ello, una nueva política pública para el campo es imprescindible para México.
Zapata tiene que seguir viviendo, ya no en el sur derramando sangre, sino en  instituciones que mejoren la calidad de vida en la zona rural y asegure los recursos para el futuro.
El autor agradece la colaboración de César Morales Oyarvide en la preparación de este artículo.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.