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A lo largo de la historia de nuestro país muchos han sido los esfuerzos por modernizar la cultura política de la población, desde los primeros documentos independentistas, algunos inspirados en la Constitución de Cádiz, hasta las más recientes reformas al Código Federal de Instituciones y Procedimientos electorales.

Hagamos un breve repaso de la cultura política del mexicano (en singular) para tener un antecedente mayor de su naturaleza.

En las antiguas civilizaciones precolombinas prevalecían estructuras piramidales en las que se marcaba claramente el papel que jugaba cada estrato de la población, desde la clase baja, pasando por la nobleza, ejército, sacerdotes y emperadores.

Las cosas no cambiaron en el periodo de colonia, los criollos fueron la casta dominante, estando en la capa más baja los indios y esclavos importados de África, nuevamente se repite el modelo de dominación, por una parte heredado de las dinámicas prehispánicas y las traídas de Europa.

Posterior a la independencia, son los mestizos principalmente y los criollos los que mantienen el control sobre otras castas y clases sociales.

Las guerras e inestabilidad del siglo XIX no cambiaron la estructura, independientemente de los conflictos entre liberales y conservadores, el poder político mantuvo las viejas costumbres. La dictadura de Porfirio Díaz mantuvo el mismo control social de una manera más agresiva.

A pesar de que la revolución de 1910 defendía como uno de sus principios fundamentales la libertad de elegir, los ganadores finales de conflicto dieron fin a la guerra civil con una decisión que en poco aporta al desarrollo de una cultura política democrática; la creación de un partido de Estado que durante 70 años funcionó de manera conjunta con el gobierno.

Es aquí donde se da una señal muy preocupante, Plutarco Elías Calles se inspiró en el modelo fascista italiano para dar vida al PNR, posteriormente Lázaro Cárdenas cooptaría a los obreros, campesinos y sector popular dividiéndolos y sometiéndolos al partido-gobierno.

Finalmente las últimas dos décadas del siglo XX vieron a este modelo debilitarse dando paso a la alternancia tanto en gobiernos locales, Congreso de la Unión y Presidencia de la República.

¿Éste proceso es reflejo de que el mexicano es un ciudadano con una cultura política democrática?

 

Esta semana el municipio San Gabriel Chilac en el estado de Puebla fue el escenario de dos crímenes absurdos, el asesinato de un padre y su hijo a manos de simpatizantes del PRI, PAN, PRD y PANAL, la causa; el manejo patrimonialista de recursos públicos; postes de CFE.

Frumencio Solís Cruz hombre asesinado junto con su hijo, militaba en el PT y presuntamente el presidente municipal de dicha comunidad, Gerónimo Efraín Solano Espinoza militante del mismo partido, favorecía a sus compañeros de partido con obra social, relegando a aquellos que simpatizaban con la oposición.

San Gabriel Chilac es tan sólo un caso de la persistencia premodernas que nada tiene que ver con actitudes propias de un ciudadano de una democracia avanzada.

Cuando suceden hechos así surge la pregunta: ¿Si efectivamente México comenzó su tránsito a la democracia con la victoria de la oposición en 1989 (Gobierno de Baja California), puede ser esto posible cuando existen actitudes contrarias a la modernidad y a la democracia en todo el país?

Considero que no, la alternancia llegó de una manera muy particular a algunos congresos locales, a algunos gobiernos estatales, al Congreso de la Unión y a la Presidencia, pero esto no es un reflejo de que efectivamente en las células más pequeñas y locales de los partidos políticas exista la democracia y ciudadanos que puedan respetar la reglas del juego.

Es precisamente durante la época de campañas cuando la población mexicana exige a los candidatos todo, resolver todos los problemas, ser honestos, ser transparentes, hablar con la verdad, tratar igual a todos, comportarse de una manera pulcra y evitar caer en corrupción trabajando para el bienestar de sus representados o gobernados.

Pero una población en la que un grupo mata a dos hombres, y otro jura venganza, pueden existir ciudadanos? Municipios con relaciones y actitudes de ese tipo tiene la calidad moral de exigir a sus diputados y  presidente municipal no ser corruptos y manejar su actuar con toda la pulcritud?

Considero que no podemos exigir tener a los mejores candidatos, mejores gobernantes y mejores representantes cuando nosotros mismos no somos capaces de ser ciudadanos.

Finalmente los actores políticos y sus partidos son mexicanos y por lo tanto son un reflejo de las dinámicas que guarda la sociedad mexicana, es absurdo e hipócrita exigir partidos políticos modernos y democráticos si el propio mexicano común puede llegar a la violencia por un partido de futbol o diferencias religiosas.

Nos preguntamos por qué los gobernantes son corruptos, por qué los partidos políticos sólo ven por sus intereses, quizá la respuesta a tal pregunta esté dentro de nosotros y en nuestras características sicológicas.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

Politólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla con más de un año de experiencia en Consultoría Política. Twitter: @R_Politik