epn.

Las campañas siguen su paso y de igual manera el país sigue en el laberinto de la incertidumbre. Los mexicanos queremos un cambio para el país y ese cambio, ficticio o autentico,  lo encontramos en el discurso político de cada uno de los candidatos. El candidato del PRI, Peña Nieto, representa el cambio eficaz; la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, representa el cambio diferente; por la izquierda, López Obrador, es el abanderado del cambio verdadero; y finalmente por el partido Nueva Alianza, Gabriel Cuadri,  promueve un cambio conjunto. Todos prometen que encabezarán la transformación de México y que volveremos a ver el sol de la prosperidad en el horizonte. Escuchamos las propuestas en materia de educación, oímos hablar de las famosas reformas estructurales y nuevamente se pone sobre la mesa el tema de la inseguridad y la estrategia contra el crimen organizado. México tiene áreas de oportunidad en todos los sectores; sin embargo, creo que en materia económica es en donde tenemos que hacer los mayores cambios para construir un país de crecimiento, desarrollo e igualdad. Es por eso que considero clave discutir los siguientes temas y creo que serán para el próximo Presidente de México un imperativo en su agenda económica.


1. Crecimiento Económico
Para hablar del tema del crecimiento económico es necesario retomar un poco la historia para entender nuestra realidad actual. En la década de los ochenta, México estuvo marcado por las crisis de deuda externa y las constantes devaluaciones de la moneda nacional. Salíamos de una recesión y no tardábamos en entrar a otra. El mundo estaba cambiando, la globalización estaba cada día más presente, nuestro modelo de sustitución de importaciones estaba llegando a su fin y optamos por seguir la tendencia mundial adoptando un modelo de corte neoliberal. Entramos al GATT y poco después se hizo realidad el TLCAN. Durante aquella época se mencionaba que ya estábamos en el club de los ricos. Se inició la privatización de empresas públicas, el Estado se volvió más esbelto y la apertura de nuestra economía ya se encontraba consolidada. Para la década de los noventa, ya contábamos con un banco central autónomo, nuestro tipo de cambio era flexible, logramos controlar la inflación y reducir nuestro déficit fiscal. A grandes rasgos podríamos decir que logramos la famosa “estabilidad macroeconómica”. Viendo hacia el pasado podríamos decir que “hicimos lo correcto”, pero perdimos de vista el detalle más grande que genera bienestar a la población, el crecimiento económico. Durante los últimos 18 años sólo hemos logrado crecer a un ritmo promedio anual de 2.67%. ¿Qué significa para México crecer a ese ritmo? Significa: No poder sacar de la pobreza alimentaria a 28 millones de mexicanos; no generar los suficientes empleos formales y así condicionar a una gran parte de la fuerza laboral a trabajar en la oscuridad de la informalidad; tener a 10 millones de empleados ganando cuando mucho un salario mínimo; perder escalones en los niveles de competitividad; y tener a 7.8 millones de jóvenes sin preparación y sin empleo. Dadas las grandes consecuencias negativas que no crecer tiene a para México, hace necesario replantear nuestro modelo de crecimiento, quizás ya agotado, y buscar una solución para poder regresar a la senda de la prosperidad que abandonamos en el baúl.

2. Monopolios

Si pudiera agregarle apellido a nuestro país, escogería como nombre: México Monopolios. Si algo podemos presumir al mundo, aparte de nuestra comida y nuestros grandes lugares turísticos, son nuestros monopolios de talla internacional. Monopolios políticos, monopolios empresariales, monopolios intelectuales, monopolios de empresas públicas y así continua la lista. Todos ellos como una gran familia, juntos pero no revueltos. Cobijados por cada gobierno, protegidos por los círculos de poder y enriqueciéndose de las rentas de los consumidores sin otra opción. De acuerdo con el Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey, en el sector de la industria manufacturera el 0.01% del total de las empresas controla el 24.21% de la producción total. En la industria alimentaria el 0.01% del total de la industria controla el 30.49% de la producción. Asimismo, la OCDE estima que la falta de competencia en el sector de las telecomunicaciones le cuesta al país 1.8% del PIB por año. Esa falta de competitividad termina afectando a los salarios de los consumidores quienes al no tener otra opción tiene que dejar su excedente a los monopolistas. Sin embargo, es necesario aclarar un punto muy importante. Carlos Slim, Emilio Azcárraga, Salinas Pliego, entre otros, no tienen la culpa de esta situación. Recordemos que el fin de una empresa es maximizar sus beneficios y ejercer su poder de monopolio. Ellos son empresarios y mientras una entidad no los regule, van a empujar al mercado hasta el límite. Desde esta perspectiva, lo que necesitamos son instituciones con mayor poder sobre los monopolios y un Estado que promueva seriamente la igualdad de oportunidades económicas para incentivar la entrada a los mercados que hasta hoy permanecen altamente restringidos.

3. Eficiencia del gasto público
Siempre he pensado que el problema de México no es técnico, ni de recursos sino de voluntad política. Sabemos cuál es nuestra tarea, pero pocas veces nos comprometemos a hacerla y cuando decidimos hacer algo, lo hacemos a medias. Ya conocemos la historia de los parches fiscales de cada año, de los incrementos monumentales a los salarios de diputados y senadores, de las reformas de medio pelo y de la falta de compromiso para cambiar al país por parte de la clase política. A veces pensamos que si nuestros legisladores no cambian, pocas reformas estructurales podrán ser implementadas y menos cambios positivos ocurrían en nuestro país.

Es cierto, pero también es cierto que el Gobierno Federal ejerce un presupuesto lo suficientemente grande como para generar cambios sin necesidad de aprobación alguna por parte de las cámaras. Necesitamos un Estado más eficaz y transparente en cuanto a su gasto. Menos para actividades improductivas y más para la inversión generadora de crecimiento. Menos para el gasto corriente de servidores públicos y más para programas sociales de reducción de pobreza. Menos para contratos y concesiones privadas y más para la educación de los jóvenes de México. El próximo gobierno tendrá la tarea de orientar el gasto público hacia las necesidades de México y no seguir las practicas de corrupción que hasta ahora han hecho del gobierno una institución poco eficiente, turbio y ausente en el cambio de México.
Fuentes:  INEGI, CIEN y OCDE.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Estudiante de Economía y Finanzas del ITESM CEM, Presidente de la Sociedad de Alumnos en Economía (SALEC), escritor de La Revolución del Pensamiento y de la revista universitaria Espacio Latinoamericano. Twitter: @LuisAngel_Perez Correo Electrónico: [email protected] Web: www.revoluciondelpensamiento.com

Las campañas siguen su paso y de igual manera el país sigue en el laberinto de la incertidumbre. Los mexicanos queremos un cambio para el país y ese cambio, ficticio o autentico, lo encontramos en el discurso político de cada uno de los candidatos. El candidato del PRI, Peña Nieto, representa el cambio eficaz; la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, representa el cambio diferente; por la izquierda, López Obrador, es el abanderado del cambio verdadero; y finalmente por el partido Nueva Alianza, Gabriel Cuadri, promueve un cambio conjunto. Todos prometen que encabezarán la transformación de México y que volveremos a ver el sol de la prosperidad en el horizonte. Escuchamos las propuestas en materia de educación, oímos hablar de las famosas reformas estructurales y nuevamente se pone sobre la mesa el tema de la inseguridad y la estrategia contra el crimen organizado. México tiene áreas de oportunidad en todos los sectores; sin embargo, creo que en materia económica es en donde tenemos que hacer los mayores cambios para construir un país de crecimiento, desarrollo e igualdad. Es por eso que considero clave discutir los siguientes temas y creo que serán para el próximo Presidente de México un imperativo en su agenda económica.

1. Crecimiento Económico

Para hablar del tema del crecimiento económico es necesario retomar un poco la historia para entender nuestra realidad actual. En la década de los ochenta, México estuvo marcado por las crisis de deuda externa y las constantes devaluaciones de la moneda nacional. Salíamos de una recesión y no tardábamos en entrar a otra. El mundo estaba cambiando, la globalización estaba cada día más presente, nuestro modelo de sustitución de importaciones estaba llegando a su fin y optamos por seguir la tendencia mundial adoptando un modelo de corte neoliberal. Entramos al GATT y poco después se hizo realidad el TLCAN. Durante aquella época se mencionaba que ya estábamos en el club de los ricos. Se inició la privatización de empresas públicas, el Estado se volvió más esbelto y la apertura de nuestra economía ya se encontraba consolidada. Para la década de los noventa, ya contábamos con un banco central autónomo, nuestro tipo de cambio era flexible, logramos controlar la inflación y reducir nuestro déficit fiscal. A grandes rasgos podríamos decir que logramos la famosa “estabilidad macroeconómica”. Viendo hacia el pasado podríamos decir que “hicimos lo correcto”, pero perdimos de vista el detalle más grande que genera bienestar a la población, el crecimiento económico. Durante los últimos 18 años sólo hemos logrado crecer a un ritmo promedio anual de 2.67%. ¿Qué significa para México crecer a ese ritmo? Significa: No poder sacar de la pobreza alimentaria a 28 millones de mexicanos; no generar los suficientes empleos formales y así condicionar a una gran parte de la fuerza laboral a trabajar en la oscuridad de la informalidad; tener a 10 millones de empleados ganando cuando mucho un salario mínimo; perder escalones en los niveles de competitividad; y tener a 7.8 millones de jóvenes sin preparación y sin empleo. Dadas las grandes consecuencias negativas que no crecer tiene a para México, hace necesario replantear nuestro modelo de crecimiento, quizás ya agotado, y buscar una solución para poder regresar a la senda de la prosperidad que abandonamos en el baúl.

2. Monopolios

Si pudiera agregarle apellido a nuestro país, escogería como nombre: México Monopolios. Si algo podemos presumir al mundo, aparte de nuestra comida y nuestros grandes lugares turísticos, son nuestros monopolios de talla internacional. Monopolios políticos, monopolios empresariales, monopolios intelectuales, monopolios de empresas públicas y así continua la lista. Todos ellos como una gran familia, juntos pero no revueltos. Cobijados por cada gobierno, protegidos por los círculos de poder y enriqueciéndose de las rentas de los consumidores sin otra opción. De acuerdo con el Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey, en el sector de la industria manufacturera el 0.01% del total de las empresas controla el 24.21% de la producción total. En la industria alimentaria el 0.01% del total de la industria controla el 30.49% de la producción. Asimismo, la OCDE estima que la falta de competencia en el sector de las telecomunicaciones le cuesta al país 1.8% del PIB por año. Esa falta de competitividad termina afectando a los salarios de los consumidores quienes al no tener otra opción tiene que dejar su excedente a los monopolistas. Sin embargo, es necesario aclarar un punto muy importante. Carlos Slim, Emilio Azcárraga, Salinas Pliego, entre otros, no tienen la culpa de esta situación. Recordemos que el fin de una empresa es maximizar sus beneficios y ejercer su poder de monopolio. Ellos son empresarios y mientras una entidad no los regule, van a empujar al mercado hasta el límite. Desde esta perspectiva, lo que necesitamos son instituciones con mayor poder sobre los monopolios y un Estado que promueva seriamente la igualdad de oportunidades económicas para incentivar la entrada a los mercados que hasta hoy permanecen altamente restringidos.

3. Eficiencia del gasto público

Siempre he pensado que el problema de México no es técnico, ni de recursos sino de voluntad política. Sabemos cuál es nuestra tarea, pero pocas veces nos comprometemos a hacerla y cuando decidimos hacer algo, lo hacemos a medias. Ya conocemos la historia de los parches fiscales de cada año, de los incrementos monumentales a los salarios de diputados y senadores, de las reformas de medio pelo y de la falta de compromiso para cambiar al país por parte de la clase política. A veces pensamos que si nuestros legisladores no cambian, pocas reformas estructurales podrán ser implementadas y menos cambios positivos ocurrían en nuestro país. Es cierto, pero también es cierto que el Gobierno Federal ejerce un presupuesto lo suficientemente grande como para generar cambios sin necesidad de aprobación alguna por parte de las cámaras. Necesitamos un Estado más eficaz y transparente en cuanto a su gasto. Menos para actividades improductivas y más para la inversión generadora de crecimiento. Menos para el gasto corriente de servidores públicos y más para programas sociales de reducción de pobreza. Menos para contratos y concesiones privadas y más para la educación de los jóvenes de México. El próximo gobierno tendrá la tarea de orientar el gasto público hacia las necesidades de México y no seguir las practicas de corrupción que hasta ahora han hecho del gobierno una institución poco eficiente, turbio y ausente en el cambio de México.

Fuentes: INEGI, CIEN y OCDE.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.

Estudiante de Economía y Finanzas del ITESM CEM, Presidente de la Sociedad de Alumnos en Economía (SALEC), escritor de La Revolución del Pensamiento y de la revista universitaria Espacio Latinoamericano. Twitter: @LuisAngel_Perez Correo Electrónico: [email protected] Web: www.revoluciondelpensamiento.com