Me gusta pagar impuestos. Con ellos compro civilización.
Oliver Wendell Holmes, Jr.
La pregunta que da título a esta entrada me surgió después de ver un ingenioso video de la banda Recodo en alianza con el Sistema de Administración Tributaria (SAT) para incentivar a los ciudadanos a presentar su declaración anual 2011, que para personas físicas vence este mes de Abril. Los mexicanos estamos acostumbrados a exigir enérgicamente al gobierno seguridad, empleo, servicios públicos, estabilidad económica, entre otras demandas legítimas, pero no estamos especialmente dispuestos a cumplir con nuestras obligaciones fiscales.
En tiempos electorales, cuando solemos informarnos un poco más de lo habitual, reparamos con mayor frecuencia en todas las fallas de nuestro gobierno, en todas las carencias económicas y sociales que enfrentamos como nación, en la rapacidad de algunos funcionarios y en la incongruencia de muchos políticos. Desde luego, en estas circunstancias y ante la ola de violencia que arrasa al país y la precaria situación económica que enfrentan tantos mexicanos, para algunos parecería casi una burla exigir a los ciudadanos que paguen sus impuestos y financien al gobierno, sus instituciones y su burocracia.
Nuestra poca disposición a pagar impuestos se observa claramente en los datos oficiales reportados por el SAT en el último Informe Tributario y de Gestión correspondiente al cuarto trimestre del 2011, en el cual se difunden los principales resultados de la evolución de la recaudación de ingresos del gobierno federal. La recaudación tributaria del país en 2010 (que incluye todos los impuestos que operan en México: ISR, IDE, IETU, IVA, IEPS, ISAN, entre otros) representó 9.6% del PIB. Asimismo, los ingresos tributarios en 2011 registraron un decremento real de 0.7% con respecto a 2010.
Si hacemos un análisis comparado con otros países con base en las estadísticas reportadas en el citado Informe, el nuestro es uno de los países de América Latina con menores ingresos tributarios con respecto al PIB, casi a la par de Ecuador y Venezuela, y por debajo de Bolivia y Honduras (CEPAL, 2009). México sigue siendo altamente dependiente de los ingresos petroleros, sirva como botón de muestra el dato reportado en el Informe sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública de la SHCP para el cuarto trimestre del 2011, donde se indica que 44.4% de los ingresos del sector público tienen este origen.
Sin embargo, nuestra poca disposición a sostener el gasto público no coincide con nuestros valores en torno al rol que debería tener el gobierno. La Encuesta Nacional de Valores: lo que Une y Divide a los Mexicanos (ENVUD, 2010) reporta que a 56% de los encuestados les gustaría “una economía fuerte que ofrezca empleos y buenos salarios” como principal objetivo para el país para los próximos 10 años, y 31% quieren “un sistema de seguridad que garantice servicios de salud y bienestar a la gente” como segundo objetivo. Asimismo, 57% de quienes participaron en este ejercicio cree que el gobierno debe tener más responsabilidad que el individuo para asegurar que todos tengan sustento. Contradictoriamente, 46% de los mexicanos opinan que los impuestos deberían reducirse, aún si esto significa menos servicios públicos. Al parecer, buscamos un gobierno que ofrezca empleos y una red de seguridad social básica, pero no estamos dispuestos a financiar esos servicios.
Desde mi punto de vista esta contradicción radica, por un lado, en la falta de efectividad del gasto público y la enorme insatisfacción con la forma en que estamos representados y, por el otro, con la débil conexión que hacemos entre impuestos y la calidad de los servicios públicos. Ambas aristas del tema fiscal (representación y civilización) se complementan de forma simbiótica. Es decir, no estamos dispuestos a pagar impuestos por bienes y servicios públicos de mala calidad, pero al mismo tiempo no podemos esperar mejores condiciones de vida si no participamos en el financiamiento de la acción pública.
Para avanzar hacia un país más próspero tenemos que estar conscientes que como ciudadanos no sólo tenemos derechos claramente establecidos en la Carta Magna (Art. 31), también poseemos obligaciones, y una de ellas es contribuir al financiamiento del aparato gubernamental. Para ser ciudadanos completos, tenemos que ser sujetos de derechos y obligaciones, sólo así compraremos más civilización y podremos exigir mejor representación. Cada vez que entremos a un hospital o escuela pública, entremos a un museo o biblioteca pública, transitemos por una carretera federal, usemos el transporte público u observemos a una patrulla vigilar nuestra colonia, recordemos que esa porción de civilización y modernidad la están comprando nuestros impuestos.
Nuestra exigencia de mayor seguridad, una economía estable, más empleos y servicios públicos de calidad debe ir de la mano con nuestra responsabilidad a financiar mejores servicios. Probablemente, nunca deje de ser ingrata la labor de pagar impuestos, pero recordemos que cumpliendo con ello como ciudadanos podemos exigir a nuestros representantes populares que cumplan con su labor. Es tiempo de que seamos corresponsables en construir el México al que aspiramos
























