En días recientes la prestigiada revista de negocios estadounidense Forbes, dio a conocer la lista de los hombres más ricos del mundo. Por cuarto año consecutivo la encabeza el empresario mexicano Carlos Slim, por encima de hombres tan poderosos como Bill Gates, principal accionista de Microsoft, Warren Buffet, el empresario más célebre de los estados Unidos por sus anécdotas (propone que los ricos paguen más impuestos), entre otros. En el selecto grupo de los 100 mayores capitales a nivel global se encuentran otros tres mexicanos: Germán Larrea y Alberto Bailleres poderosos industriales mineros, así como Ricardo Salinas, dueño de TV Azteca, Iusacell, Banco Azteca y la cadena de tiendas Elektra.

Slim, como se sabe, es el principal accionista de Teléfonos de México y de Telcel, que dominan el mercado de la telefonía fija y celular en México respectivamente; de America Movil, la mayor empresa en el mercado de la telefonía celular en America Latina y la tercera a nivel global, así como de muchos otros negocios, tanto en México, como en el ámbito internacional, tales como tiendas departamentales, bancos empresas de la construcción, redes de internet, entre muchos giros.

 

 

Paralelamente, si revisamos la lista de los empresarios mexicanos que cuentan con capitales superiores a los mil millones de dólares, observamos que el número que se reconoce es de 15, y que la suma de los recursos que han logrado acumular a través del tiempo asciende a casi 150 mil millones de dólares, equivalentes a un billón 920 mil millones de pesos, a la tasa de cambio a actual de 12.80 pesos por dólar. Esta suma representa nada menos que al 48.5 % del Presupuesto de Egresos aprobado por el Congreso de la Unión para el actual ejercicio, de 3 billones 956 mil millones de pesos.

En estos días también, la organización internacional de beneficencia, Oxfam, con sede en Londres, Inglaterra, publicó un análisis sobre la concentración de la riqueza en el mundo y la polarización en la distribución de la misma, citado por la revista digital: forumenlinea.com “The cost of inequality: how wealth and income extrems heart us all” (El costo de la inequidad: cómo los extremos en la distribución de la riqueza y el ingreso nos afectan a todos). En el mismo da cuenta de cómo la riqueza se ha concentrado brutalmente en todo el mundo, durante los últimos 30 años, incluidos países pobres y ricos; el ingreso del 1% de la población que más tiene se ha incrementado en 60%, y más aún en el caso del 0.1% con mayores ingresos, mientras que la mayor parte de la población se ha empobrecido también de manera extrema.

Solo durante el 2013, refiere Oxfam, el capital de los 100 individuos más ricos del mundo se incrementó en 240 mil millones de dólares de dólares, “suma suficiente para terminar con la pobreza extrema 4 veces en todo el mundo”

Es una realidad que los mexicanos vivimos en carne propia cada día de manera más intensa, que la inequidad condena a los pobres a un futuro de pobreza y garantiza a los ricos un futuros de mayor riqueza. Con la inequidad la movilidad social se ha vuelto un mito, y si acaso se sigue manifestando es, no para elevar los niveles de vida de quienes en algún momento se preciaron de pertenecer a una creciente clase media, sino para deprimirlos.

Durante los últimos años la paulatina reducción de la clase media en términos de su participación de la riqueza ha sido una constante. La desigualdad en el mundo, y en México en particular, es la causa de graves problemas y enfermedades sociales como: la violencia, la delincuencia, la depresión mental y la obesidad, entre otros males.

A lo largo de la historia reciente ha habido, de acuerdo a Oxfam, claros ejemplos de que la inequidad en la distribución de la riqueza puede revertirse con políticas públicas y programas de choque que a la postre traen bienestar no sólo a los pobres, sino también ofrecen tranquilidad a los ricos. Tal vez el más conocido de ellos sea el llamado New Deal (Nuevo trato, en español) implementado por el Presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt, para luchar contra los efectos que la Gran Depresión de 1929 causara en su país. Este programa se desarrolló entre 1933 y1938 con el objetivo de apoyar a los grupos más pobres de la población, reformar los mercados financieros y dinamizar la economía estadounidense para disminuir el desempleo.

De alguna manera el New Deal fue replicado parcialmente a través del denominado Plan Marshall, impulsado para la recuperación de Europa Occidental tras la Segunda Guerra Mundial.

Planes similares se aplicaron en países orientales como Japón, Corea del Sur, Hong-Kong y Taiwán durante las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado.

Más recientemente, un plan exitoso para luchar contra la pobreza extrema y reducir la inequidad y acotar el enriquecimiento excesivo a costa de las mayorías los constituye el programa implementado por el Presidente Lula da Silva, en Brasil, que obtuvo logros importante al cerrar la brecha entre ricos y pobres y elevar el nivel de una proporción importante de la población que se encontraba sumida en la pobreza extrema.

Sin cuestionar el mérito que pueden tener los grandes capitales, es obvio que en mucho se generan a partir de la existencia de monopolios u oligopolios, que se benefician de grandes grupos de consumidores cautivos que les transmiten, por la necesidad, las utilidades excesivas que generan el enriquecimiento excesivo de los primeros. Basta con echar un ojo a lo que sucede en nuestro país con bienes y servicios como: la telefonía fija y celular, el cemento, algunos los alimentos primarios y procesados, el acceso a los medios de comunicación, los servicios financieros, entre otros.

Para acotar la riqueza excesiva y revertir la inequidad en la distribución de la riqueza es necesario: acabar con los privilegios fiscales para los que más tienen y gravar más a los que más ganan; fortalecer las oportunidades de empleos dignos y debidamente remunerados, con mayor inversión en obra pública y políticas que estimulen verdaderamente la inversión y el crédito barato; fortalecer el Estado de Bienestar para garantizar educación, salud y acceso a una vivienda digna toda la población. Esto es un verdadero compromiso con las mayorías. El reto está a la vista; hay que asumirlo.