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La perspectiva que ofrecen los medios internacionales sobre las campañas presidenciales en México, posibilita otro enfoque, no necesariamente mejor, pero sí distinto de la visión puramente doméstica, que en el entorno de las posiciones adversariales a ultranza y el encono, conlleva una por momentos inevitable carga sectaria, en mayor o menor medida.
En algunos ámbitos, lo políticamente correcto parece consistir en el ataque incondicional, con verdades, verdades a medias, mentiras y calumnias, contra el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto; y, a la inversa, la mitificación cotidiana, a contrapelo de la realidad, de Andrés Manuel López Obrador, a quien se insiste en identificar con “las izquierdas”, en una visión simplista pero efectiva en términos propagandísticos.

No obstante, en los medios internacionales hubo, durante la semana transcurrida entre mi anterior columna y la que usted lee ahora, una cobertura básicamente positiva para Peña Nieto, tanto en la campaña en general, como en el caso del incidente en la Universidad Iberoamericana, que ha sigo magnificado y, por supuesto, manipulado con fines electorales.
Desde luego, hay dudas e interrogantes. Por ejemplo, tanto funcionarios del gobierno federal estadunidense como legisladores del Congreso en Washington, plantean inquietudes en cuanto al compromiso del candidato del PRI en el combate al narcotráfico, pues lo consideran más interesado en atender los delitos que afectan a la sociedad mexicana –secuestros, robos, asesinatos–, que el flujo de droga hacia el norte.
El influyente The Washington Post lo plantea de esta manera: “Muchos de sus compatriotas estarían de acuerdo: les importa poco cuánta cocaína es llevada de contrabando a Estados Unidos”. En la llamada guerra contra el narcotráfico, los muertos son una de las aportaciones de los países latinoamericanos: ¿alguien ha sabido de una tímida propuesta del gobierno o del Congreso de Estados Unidos, para que la militarización que Washington promueve en América Latina, se aplique dentro de su propio territorio?
En este y en otros aspectos, con las consecuencias que cada quien desee encontrar, parecería que Peña Nieto sigue siendo en buena medida una incógnita. El propio The Washington Post hace referencia a los carteles de campaña, con el lema: “Tú me conoces”. Y si bien señala que a seis semanas de la elección, mantiene una sólida ventaja de dos dígitos en las encuestas, “tanto los votantes mexicanos como los observadores estadunidenses, confiesan que no saben realmente cuál es la propuesta del candidato. Tampoco están seguros de cómo gobernaría a México…”
Roy Campos, de Consulta Mitofsky, entrevistado por el diario estadunidense, reflexiona: “¿Realmente lo conoce la gente? No. Pero quieren conocerlo”. Y añade el diario: “Señalado por sus oponentes como un títere bonito y un estafador telegénico, Peña Nieto es en realidad un maestro de la política al menudeo (las cursivas son mías), que por medio de la disciplina en el mensaje y un refinado mercadeo, se ha convertido a sí mismo en la nueva cara del viejo PRI…”
Es notable y revelador que sea una publicación estadunidense la que ofrezca una visión más a fondo del candidato presidencial del PRI: “Peña Nieto nació a la vida y para el PRI en Atlacomulco, una tranquila población al noroeste de la ciudad de México. Aprendió política en la mesa familiar, con integrantes del mítico Grupo Atlacomulco.
“Desde pequeño, su cabello estaba bien peinado y sus modales eran impecables. Toda su vida parece haber sido una campaña. (…) Peña Nieto aparece más como un líder que como un político mexicano. Muchas de sus propuestas resultan vagas, pero las ha tomado de la izquierda, la derecha y el centro…”
Esto, claro, no responde a todas las interrogantes ni disipa todas las dudas, por más que López Obrador y Josefina Vázquez Mota, la cada vez más hundida candidata panista, sigan muy a la zaga en las encuestas electorales. El entorno enrarecido de las campañas poco se presta para la discusión ecuánime; de hecho, la política electoral se caracteriza por la grandilocuencia, los gritos, las aclamaciones, los abucheos, los aplausos, las rechiflas… Poco o nada tiene, o puede tener, de ponderada.
El rechazo que encontró Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, fue registrado así por diversos periódicos estadunidenses y canadienses: “Cuando el puntero en la campaña presidencial de México enfrentó a una multitud de estudiantes el viernes en la capital mexicana, se burlaron de él y ridiculizaron la accidentada trayectoria de su partido. Muchos lo llamaron cobarde y le gritaron ‘¡lárgate!”’, mientras abandonaba el lugar.
“Fue una despedida inusual en contraste con las cálidas recepciones que ha encontrado el popular candidato durante las primeras seis semanas de la campaña rumbo a la elección del 1 de julio. Aun así, es el aspirante a vencer. (…) Aunque haya alambre de púas en su camino, tanto por lo que se refiere al pasado del PRI como a sus pecados personales, o bien a la influencia de los medios, Peña Nieto mantiene una cómoda ventaja de dos dígitos sobre sus rivales. Pese a la agresiva protesta universitaria, no pierde la compostura. ‘Nunca rechazaré la oportunidad de escuchar a la sociedad, mucho menos a los jóvenes’, dijo en un mensaje en su cuenta de Twitter”.
El regreso del PRI a la Presidencia se mantiene firme en el horizonte rumbo al 1 de julio. “Mucha gente parece pensar que ese regreso es inevitable. Quizá no sea del todo cierto, pero el PRI ha logrado crear la impresión de que la victoria será inevitablemente suya”, considera Andrew Seele, asesor principal del Instituto de México en el Woodrow Wilson Center de Washington, DC.
Nada será definitivo hasta el cierre de las casillas el 1 de julio… y quizá ni siquiera entonces, pues queda entre las posibilidades un recuento como el que se pedía en 2006 y no se llevó a cabo. Pero hasta el día de hoy, la realidad es la que es.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, así como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 países. Editorialista de Excélsior. Presidente del Círculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx