La memoria no es precisamente la más confiable de las características del mexicano. Es muy probable que si preguntamos a un grupo de 100 personas, con seguridad el 80% (o más) no podrá decirnos quien fue Manuel Buendia. En cambio, si es probable que un buen numero de ellas sepa quien es el señor Bartlett; y si el encuestado ronda por los 40 años lo asociará indefectiblemente a la “caída del sistema” en las sucias elecciones de 1988 que nos heredaron a Carlos Salinas.
Pero, ¿quien fue Manuel Buendia?. Recordemos algunos detalles. Manuel Buendia, el más famoso columnista político del diario Excélsior, asesinado la tarde del 30 de mayo de 1984, en calles de la colonia Juárez por un sicario de la extinta Dirección Federal de Seguridad. El asesinato ocurrió cuando investigaba las relaciones del narcotráfico con en el Gobierno y el Ejército. Temas incómodos, tan vigentes entonces como ahora.
La investigación del asesinato se encargó al entonces Jefe de la Dirección Federal de Seguridad, José Antonio Zorrilla. Su “investigación” enredó todo, perdió pruebas y no arrojo conclusiones. Igual pasó con la investigación encargada posteriormente al un “Fiscal Especial”, el Lic. Miguel Angel García. Las conclusiones del fiscal pecaron del mismo defecto: eludir cualquier declaración ministerial de los superiores jerárquicos de Zorrilla, con el argumento de que operaba al margen de cualquier dependencia. Sin embargo sabemos que oficialmente Zorrilla dependía de Manuel Bartlett.
Como muestra de la veracidad de los indicios en poder de Buendia, un año después, en la investigación del asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena, el Gobierno mexicano “descubrió” que el narcotráfico había penetrado al Gobierno, al Ejército y a la policía, ¡y en que forma!.
En medio del escándalo que originó el caso Camarena, el Gobierno de los EUA reveló datos sobre las relaciones de la policía política con el narco. En la investigación se determinó que altos jefes del narco como Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca “Don Neto” y Miguel Angel Felix Gallardo tenían en su poder credenciales de la Federal de Seguridad firmadas por el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz. Un comandante de la Judicial Federal identificó Caro Quintero pero lo dejó en libertad porque enseñó una credencial de la DFS con su foto.
El caso Camarena probó que Buendia estaba siguiendo una pista periodística delicada. Pero fue asesinado antes de terminar sus pesquisas. Su oficina fue saqueada por la Federal de Seguridad. La Secretaria de Gobernación a cargo Manuel Bartlett intentó desviar la atención hacia un móvil pasional, pero finalmente se impuso la vertiente política. Ya en el sexenio de Salinas se decidió el encarcelamiento de Zorrilla, mas la investigación dejó muchos hilos sueltos. Pero la memoria de la DEA es firme y aún más la memoria del llamado grupo Leyenda, compañeros de Camarena, que no han olvidado ni archivado el asesinato de uno de sus agentes. Por si las dudas, el Sr. Manuel Bartlett no pisa suelo de los EUA desde entonces. Se dice que será detenido en cuanto ponga un pié allá.
Tan dañada quedó la DFS con todo esto que De la Madrid decidió desaparecerla, substituyéndola por el Disen, que bajo Salinas evolucionó al actual Cisen.
Manuel Bartlett, lúgubre emisario del más tenebroso pasado priísta quiere convencernos ahora que es el salvador de la Patria. Aprovechando a López Obrador en su papel de amoroso dispensador de indulgencias que lavan el más impresentable pasado, Bartlett busca convertirse en representante de la “izquierda”. Con esta estrategia, Bartlett apuesta a que nadie recuerde la “caída del sistema”, la muerte del agente de la DEA, Enrique Camarena, y el asesinato de Manuel Buendia. Eso sin hablar de su participación en el megafraude de Chihuahua al imponer a Baeza, sus amenazas al entonces director de Proceso Julio Scherer y el papel jugado en la hasta ahora misteriosa muerte del ex gobernador yucateco Loret de Mola.
Está consignado en varios medios que el siniestro ex secretario de Gobernación ha gastado una fortuna en abogados para limpiar su imagen. Pero para cualquiera medianamente informado, su imagen no mejorará así la enchapen en oro.
El nuevo Bartlett, pues se reinventa cada que le conviene, muestra que su lealtad se adapta a las circunstancias. Pero para muchos de nosotros, es y seguirá siendo uno de los representantes de lo peor del priísmo, verdadero monumento viviente a la intolerancia, la cerrazón y la prepotencia. ¿Y que decir del movimiento pejista que lo esta arropando? , nada, simplemente son tal para cual.
























