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El día de ayer, en Excélsior, nos alumbran las palabras de Ricardo Alemán, reportero. Titula su documento “La chabacana “primavera azteca””. A más de reparar en el título, que uno se pregunta, ¿qué puede tener de chabacana la “primavera azteca”, si es que existe?, hay varios elementos que analizar.
Primero, a Ricardo Alemán le parece que quienes han crecido en la “burbuja de familias pudientes” son ingenuos y desatinados, porque considera un desatino emparentar al movimiento estudiantil en boga con lo que algunos, no todos, han llamado “primavera árabe”. Amén que, usando bellamente unos guiones largos, señala que ese “par de marchas de protesta juveniles” han sido “claramente manipuladas”. Yo quisiera que don Ricardo, que seguramente tiene acceso a información que al común de los mortales nos es negada, me explicara quiénes son los que “claramente manipulan” porque, mea culpa, probablemente yo —y muchos más— he —hemos— sido manipulado por fuerzas extrañas, tipo agencias de inteligencia (no ya extranjeras, sino de partidos políticos). Cuánta ingenuidad la mía, y eso que no crecí en “burbuja de familia pudiente”. ¿Será que ahora, tardíamente, estoy tornándome pudiente?
Segundo, dice Ricardo Alemán, que a la “primavera azteca” la encabezaron —acaso habla en pasado como con la esperanza de que haya sido una llamarada de petate— “un puñado selectivo de jóvenes universitarios […] que se educan en las no menos exclusivas universidades privadas”. Y sentencia, sabedor de una verdad como un templo: “le faltó lo esencial: las verdaderas masas juveniles”. Por lógica mínima, asumo que las masas de universidades privadas no son juveniles, ¿qué serán?, porque seniles dudo que sean.

Dice además “lo cierto es que no aparecen por ningún lado los verdaderos agraviados por una clase política mediocre, como la mexicana”, ergo, los jóvenes de universidades privadas no padecen agravios de una clase política mediocre, es decir, Alemán supone que la mediocridad política no ofende a esos jóvenes. Eso es una mentira, además de una ofensa velada, además de un juicio limitado, por decir lo menos, que subestima a los estudiantes de instituciones privadas. Y presupone que por no ser un “sin futuro”, como llama a los de universidades no privadas, uno tiene que dedicarse a comodino.
Tercero, dice Ricardo Alemán, que la “primavera azteca” no fue una respuesta al gobierno en turno, sino que “se gestó a partir de una grosera y grotesca manipulación político-electoral que —al paso de los días— ya dio sus resultados”. Además señala, como para confirmar la conspiración judeo-masónica-izquierdista-universitario-privada, para parafrasear la fantástica fórmula del general Franco, que en Tlatelolco apareció “el inefable AMLO, a quien proclamaron como su líder”.
Esos tres puntos me parecen esenciales para entender —si es que se puede— este artículo de Ricardo Alemán. De entrada, considero que el reportero demuestra una ignorancia supina que hasta, como dice él en una fórmula más bien burlona, “ternurita” da. Falla cuando intenta meter todas las recientes movilizaciones en el mismo saco, pues la del domingo no fue igual a la del sábado. Fueron convocatorias distintas, orígenes distintos. Y mucho menos fue igual a la del lunes, esa sí, convocada directamente por la estructura juvenil del candidato López Obrador. Ricardo Alemán confunde al movimiento #Yosoy132, ese sí, iniciado en universidades privadas, pero no circunscrito a ellas, con una iniciativa que vino incluso de mexicanos en el extranjero y otra marcadamente institucional. Es cierto, sí, algunos participan o participaron en los tres casos, algunos, no así todos. Aunque también sería posible decir que el apartidismo del movimiento se mantiene, hasta cierto punto, aun cuando se hayan coreado consignas en contra de Peña Nieto y el PRI, pues no se coreó ninguna a favor de algún otro partido ni de algún otro candidato o candidata. Y las consignas sobre el PRI y Peña son absolutamente naturales, en tanto lo que se pide es objetividad, respeto y fin a la manipulación de los medios de comunicación masiva, de los cuales Peña parece ser el adalid. Sin embargo, la piedra angular del movimiento es el voto informado y razonado, marco en el que cabe perfectamente la divulgación de los aspectos oscuros del candidato del PRI, protegido de las televisoras y medios parciales, pues, como dijo Josefina Vázquez Mota en el debate “decir la verdad no es dividir a México”.
Por otro lado, no hubo ausencia de participantes de universidades públicas. Allí estuvieron la UAM y el Poli, la UNAM y la UACM, todas ellas públicas, y, naturalmente, El Colegio de México, también institución pública cuyos estudiantes no necesariamente crecimos en las famosas “burbujas de familias pudientes”. Ahora, si esos estudiantes no hubieran estado, igualmente hubiera sido legítima la protesta, en tanto ser estudiante de universidad privada no conlleva estupidez, inmovilismo o características acomodaticias —y eso es histórico, no nuevo.
Y sobre el tercer punto, sobre esa conspiración diversa y amplia de la que nos habla Alemán y que llama manipulación, hay dos cosas que decir. Parece ser, por un lado, que la más famosa conjura ya no será la de Martín Cortés, sino la en contra de las televisoras y los medios de comunicación parciales. Por otro lado, insisto, yo no vi a nadie siendo manipulado y no me vi a mí, de manera que probablemente soy demasiado ciego o la inteligencia del PRD, PT, Convergencia (MC) y Morena es demasiado buena, lo cual dudo no por buena fe sino, precisamente, por lo contrario.
Finalmente, lo que hace Ricardo Alemán sí me parece manipulación. O podríamos llamarle verdades a medias. O podríamos llamarle desfachatez y mentira. Dice que la manifestación de ayer, 23 de mayo, no llamó a repudiar un gobierno represor, que no se ocuparon de los “criminales maestros que tienen paralizada la educación en esa Oaxaca [sic]”, no censuraron a la “mafia magisterial”, tampoco a la “clase política mediocre” y menos “llamaron por el voto reflexivo e informado”. Así como París valía una misa, vale la pena aclarar la mente de don Ricardo, después de un artículo que escribió, como percibo, con la bonhomía que es posible.
¿Qué cree? Que la manifestación de ayer, 23 de mayo, sí llamó a repudiar no a uno, sino a varios gobiernos represores que ha habido en este país —y que hay. Es cierto, no nos ocupamos de los “criminales”, como llama a los maestros de la sección 22 de Oaxaca, porque de esos deben ocuparse los gobiernos estatal y federal y también su sindicato, a fin de que logren dejar de tener paralizada la educación, negociando con ellos. Sobre la “mafia magisterial”, de esa sí que nos ocupamos, en las consignas. También nos ocupamos de la “clase política mediocre” y, lo que sí me parece una mentira flagrante, es que se nos acuse de no llamar al voto reflexivo e informado, cuando fue no una, sino varias consignas las que resonaron llamando a eso.
Hay muchas verdades a medias en el texto de Ricardo Alemán. Y hay muchos juicios de valor que no se sostienen más que con su víscera. Sería bueno algo de serenidad en el autor y algo de seriedad también, por qué no. Habrá que recomendarle que reflexione sobre aquella frase de sor Juana Inés de la Cruz “hay que pensar para hablar y no hablar para pensar” o, en este caso, escribir.
Por último, sería bueno también que para la marcha del 3 de junio don Ricardo baje de las alturas donde se halle, a escuchar lo que pasa en la movilización. Podría, si no le apetece, no entrar a la marcha, pero sí verla pasar y escuchar todo lo que se dice, todo lo que se propugna. Le vendría bien, también, estudiar a fondo toda la información referente al movimiento #Yosoy132 y a las demás movilizaciones recientes, a fin de caracterizarlas adecuadamente y evitar confusiones, que no son suyas nomás, sino que las transmite a quienes lo leen. Porque, como solía decir el profesor Lorenzo Meyer en el aula —saber que, por supuesto, le ha sido negado a Alemán— “uno no dice que la burra es parda, si no tiene los pelos en la mano”.
P. S. Por cierto, como respuesta a la pregunta de Alemán, quienes participamos en la movilización del día 23 sí sabemos lo que es la democratización de los medios. Y no nada más la democratización, lo que quisiéramos, no sólo nosotros, cualquiera con dos dedos de frente, es objetividad, es respeto por los televidentes, radioescuchas y, acaso, lectores. Y al respecto está ya a discusión una propuesta que, en términos de diseño institucional, me parece magnífica, pero esos son juicios de valor que, al caso, importan poco menos que nada.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Tesista de licenciatura Política y Administración Pública en El Colegio de México. Comentarios: [email protected] Twitter: @jhcolorado