Llegar a la Estela de Luz -a las 6 de la tarde el miércoles pasado- me conmovió mucho. Ver miles de personas juntadas por una causa común me emocionó. ¿Pero estaban juntos? ¿Y tenían una causa en común? La marcha tenía dos características: los estudiantes tenían más orgullo de su universidad que semblanza a un movimiento de estudiantes. La segunda: la marcha no tenía propuestas. Muchos estudiantes se referían al movimiento de 68 y a la primavera Árabe sin considerar dos puntos: estos movimientos tenían propuestas, y a los dos les resultó muy difícil realizarlas.
Insisto: estudiantes, estoy con ustedes. De ninguna manera estoy en contra del movimiento #YoSoy132 y tampoco lo quiero criticar. Lo que quiero es que el movimiento se amplíe. Quiero que sea más que una expresión de la frustración de un grupo privilegiado y que se convierta en un movimiento verdaderamente representativo e innovador, un movimiento que tenga propuestas. Un movimiento que sólo está en contra, no puede durar mucho ni tener un gran impacto. De la misma manera, un movimiento de sólo estudiantes no cambiará la situación política del país.
Cuando llegué a la marcha la semana pasada, lo primero que noté fue que había menos indignación y jóvenes enojados de lo que me había imaginado. La mayoría parecía divertirse, reírse y hasta jugar. Lo bueno de eso fue que no hubo violencia ni vandalismo. ¿Lo malo? Pues la falta de propuestas combinada con la diversión los hizo aparecer poco serios. Cuando llegamos al Ángel de la Independencia, pensé que había un temblor. No, sólo fueron los estudiantes brincando y gritando “¡El que no brinca es Peña!”. Me sentí amargada y pesimista por no compartir su entusiasmo. ¿Qué tiene de malo divertirse? Nada, pero tampoco brincando se cambia el mundo.
Mi bolsa de libros que llevaba para intercambiar regresó conmigo a casa. Buscando entre los letreros que decían qué importante es la educación y “Yo leo, no veo Televisa”, no encontré con quién intercambiar libros. Los estudiantes empezaron a gritar “¡Queremos escuelas, no telenovelas!”. Imagínense que esta propuesta se realizara y Televisa empiece a dar clases en vez de producir telenovelas… Las propuestas verdaderas no son igual de pegajosas, y por lo tanto no tan divertidas. La falta de escuelas no es el problema. Lo que se necesita es un nuevo sistema educativo, que enseñe lo que de verdad se necesita para ser ciudadanos informados. Lo que se necesita es que los estudiantes usen sus conocimientos e información para proponer soluciones.
Otros me intentaban convencer de que “Twitter y Facebook son nuestras armas”. Eso sólo agregó más ironía a la marcha. Mientras los tuiteros tenían la posibilidad privilegiada de poder organizarse, la influencia de Twitter en las elecciones de este año será mínima. Eso fue ilustrado por la cantidad de vendedores del sector informal que atraía la marcha. Sin embargo, los vendedores fueron atraídos por el poder adquisitivo del grupo de estudiantes, y no por sus metas ideológicas. Los jóvenes que se podían tomar la tarde libre para marchar, son privilegiados. Se veía manifestantes comprando botanas de un vendedor de la misma edad, o más joven que ellos. Sus miradas no se cruzaban. Los vendedores nunca fueron invitados a participar, ni mostraban mucho interés en participar en esta expresión de alegría de un grupo privilegiado. Mientras haya desigualdad e injusticia tan brutal como se vive en México, no podemos esperar que el sistema político cambie. Estudiantes, por favor, dejen de brincar contra Peña un momento y contextualicen su situación. Pidan la igualdad de oportunidad verdadera y la justicia social. Eso es lo que se necesita para poder contar con un sistema político con votos libres. La información imparcial no existe, pero existen los ciudadanos que saben interpretarla.
El domingo de la misma semana me tocó ver otra marcha por Reforma, esta vez organizado por la comunidad Animé (o frikis como se llamaban a sí mismos). Tristemente los jóvenes disfrazados de personajes de caricaturas japonesas (también había un Yakult) eran un grupo más coherente que el movimiento estudiantil, porque tenían un mensaje claro: “Los frikis son amigos, no comida”. Exigían una sociedad más abierta e incluyente y usaron el arma adecuada para su mensaje. Lograron su objetivo: la gente sonreía y se unía a la marcha.
“¡Aquí se ve, aquí se ve que Peña Nieto Presidente no va a ser!” gritaban los estudiantes. La verdad es que no se veía. Aunque pareció un grupo impresionante por su tamaño físico y los efectos en el tráfico, en realidad este grupo era muy pequeño. No sólo en número relativo al electorado mexicano y por su exclusividad, sino en relación a sus propuestas.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
























