La gente está lista, cerveza en mano, pulmones y garganta a punto de explotar, salen los luchadores y todo comienza, la emoción se desborda, gritos, insultos y un espectáculo digno para quién lo quiere ver, disfrutar y olvidarse de los problemas por lo menos durante el show. Los rudos, los técnicos y el referí. Saltos espectaculares, vuelos, llaves de todo tipo, hasta piquetes de ojos y golpes bajos, todo se vale, aún siendo técnico. Obviamente el referí solo ve lo que quiere ver y prefiere hacerse de la vista gorda, por que lo que importa es el show.
Claro hablo de la lucha libre, en donde los mexicanos nos pintamos solos, es un lugar mágico, digno de estudio y análisis de un buen antropólogo. Mucho de lo que somos los mexicanos lo podemos encontrar ahí. Podemos explicar muchas cosas a través de la lucha libre, también claro está, la política.
Algunas similitudes:
Existen bandos: En la lucha libre tenemos por lo general a los rudos y a los técnicos; en la política tenemos a los partidos políticos que los podemos identificar más por los colores que por su ideología.
El referí: Por lo general quien dirige la legalidad de la contienda en la lucha libre es un personaje carismático, que sabe de lucha, es muy subjetivo en su apreciaciones y por lo general sabe quien es el que va ganar, y si no lo sabe, por lo menos, tiene a su favorito y hace hasta lo imposible por que gane. En la política tenemos al IFE y al TRIFE, que tiene personajes simpáticos, muy subjetivos en sus apreciaciones (representan a sus respectivos colores) y que además tienes a sus favoritos y hacen hasta lo imposible por que ganen, o por lo menos por hacerse de la vista gorda y aplicar la Ley a modo. Cabe señalar que en ambos casos el referí tiene una muy buena relación con todos los bandos, detrás de bambalinas, aunque en el show no lo parezca, es decir, son al fin de cuentas lo mismo.
El público: En la lucha y en la política son ciudadanos de a pie, es decir, los que sabemos lo que cuesta vivir, el kilo de tortillas, el costo del transporte público, desconocemos o sabemos lo lejano del mundo macroeconómico, sabemos que los políticos son seres míticos y en ocasiones hasta dudamos de su real existencia. Nos ha tocado vivir de forma cercana lo difícil o complicado que es pedir justicia. Nos acercamos al show por salir de lo cotidiano o en el caso de la política, por que es inevitable no verse involucrado, a toda hora nos bombardean de spots, espectaculares o pendones; además por que durante un tiempo nos convertimos en extraordinarios analistas de la política nacional y hacemos de eso el tema de la sobremesa. Y en ambos casos nos cuesta trabajo ver o nunca nos damos cuenta, de que solo es un circo lo que nos ofrecen. Que son tan reales como las películas de ficción.
El show: Sin duda espectacular. Se grita, se exhiben, se pavonean, ofrecen imágenes deliciosas, la promesa se cumple; en la lucha libre aunque solo dura unos cuantos minutos, son intensos, la emoción y la balanza de la pelea, pasan de un bando a otro. El público se emociona y se involucra de tal manera que nada importa, la adrenalina fluye intensamente y al final, las luces se apagan y la gente regresa a su casa, a su realidad; Los luchadores y el referí, por su parte, en los camerinos se abrazan, disfrutan de sus anécdotas, comparten los alimentos, los planes, se preparan para su próxima “pelea”, para el siguiente show, y claro, cobran por el espectáculo. En la política, también cobran por el espectáculo, aunque acá los ingresos son inmensamente más jugosos, pero igual que en la lucha, la pelea ante el espectador es férrea, intensa, en ocasiones emocionante; los medios son el cuadrilátero favorito, apoyados por el nuevo juguete “las encuestas”, mantienen al espectador cautivo, esperando la última noticia o el chisme más reciente, durante horas se comenta, se analiza y al llegar el nuevo, volvemos a empezar. Los colores adquieren tácticas distintas y en ocasiones son rudos o técnicos, dependiendo la situación en las encuestas. Si van bien, son respetuosos del oponente y si van mal, la agresión es la mejor opción. La pelea no tiene cuartel, sus miembros pelean y se entregan a la lucha. No existe tregua. Pero detrás de bambalinas todo es distinto, al final de cuentas lo que esta en juego no es la elección, sino ver a quien le toca la rebanada más grande del pastel, en la oscuridad acuerdan, negocian y se burlan del espectador. Al final del show, ellos, de alguna u otra forma siguen ganando y el espectador regresa a su vida a luchar por sobrevivir.
Yo también quiero ser 132, no quiero este espectáculo, denigrante, quiero que las cosas también, que entiendan que somos listos, que ya no están tratado con el pueblo del siglo pasado. Y prefiero mil veces la lucha libre, al menos yo soy el que decido si me presto al show.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
Lic. en Derecho. Actualmente es Socio titular del despacho Jurídico Martínez y González. Correo electrónico: [email protected] Twitter: @Sandinon
























