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Los avances tecnológicos, el modernizado sistema cibernético y la buena disposición de cientos de mexicanos, no han superado la ineficacia de la operación policiaca. La ausencia de un servicio de inteligencia impide que los más connotados y conocidos dirigentes de la delincuencia organizada, los verdaderos operadores de los cárteles del narcotráfico, sean localizados y detenidos para que respondan ante las autoridades competentes.
Cómo hacen falta hombres como Rosalino Ramírez Faz, José Salomón Tanús y Francisco Quiroz Hermosillo. Un civil y dos militares, a los que se agrega otro más de los que ya fueron y se llevaron las fórmulas aplicables en un excelente servicio de inteligencia: capitán Fernando Gutiérrez Barrios. Sin duda alguna los cuatro sirvieron al país y frenaron las acciones delictivas de personas y grupos que pretendieron desestabilizar a México.
Pronto se cumplirá un año más de la sospechosa fuga de Joaquín Guzmán Loera, del penal alta seguridad de Puente Grande, en Jalisco. “El Chapo” se volvió un hombre invisible para todas las policías –federales, estatales y municipales-, aunque para los norteamericanos está localizable como uno de los hombres más ricos del mundo y como un personaje influyente. Esto lo cito “por pura curiosidad”, como dice el Presidente Felipe Calderón Hinojosa. Casi doce años de gozar de la libertad, sin riesgo alguno.

Hay un cúmulo de especulaciones en torno a ese caso y al de otros líderes delincuenciales que no caen en las manos de los agentes policíacos. Hasta en el cine mexicano se han filmado historias de la operación de los modernos delincuentes, según se dice que los argumentos están basados en hechos reales. Hasta ahí queda todo.
Insistir en la necesidad de que el gobierno federal establezca un servicio de inteligencia, no es con el ánimo de criticar sino de que puede llegarse a contar con un equipo humano lo suficientemente capaz para detectar con antelación los movimientos de los delincuentes, de integrar un archivo completo con las “fichas” de quienes forman parte del activismo contra la sociedad, contra la autoridad y contra la paz social.
Llegamos a conocer parte de los trabajos que realizaron los hombres ya mencionados. No había publicidad de ninguna naturaleza. El trabajo era realizado con tal discreción que se conocía cuando estaban los resultados finales, siempre con los presuntos responsables detenidos y con las pruebas suficientes para integrar la averiguación previa, fundamentar la consignación penal y reforzar el proceso correspondiente, sin dar margen a la libertad de los inculpados.
PRUEBAS, NOMBRES, SEÑOR CALDERÓN
El pasado sábado, 2 de junio, con motivo de celebrar “El Día del Policía”, el Presidente Felipe Calderón Hinojosa hizo referencia a los hombres que participan en la lucha contra la delincuencia y aseveró que muchos de ellos “han sido traicionados y puestos en manos de los criminales, en algún caso, por las propias autoridades en cuyo auxilio fueron para hacer frente a la delincuencia”.
Grave, muy grave, que eso haya sucedido y relevante que la denuncia la haga el propio Presidente de la República. En primer lugar, don Felipe de Jesús debió no ser el denunciante simple, sino la autoridad que aportara los nombres de quienes, como autoridades estatales o municipales, han asumido tan indignante conducta. Después, en segundo término, ordenar que se proceda conforme a la ley y sancionar a los responsables.
Al dirigirse a los policías federales no reparó en llamarlos a que sean ellos, los que “exijan que los controles de confianza permanezcan y sobre que cualquier acto de traición a México, a la Policía Federal y a ustedes mismos, sea castigado, que no penetre el crimen en sus filas, porque no sólo peligra la Nación, por supuesto, sino también peligra su vida”.
Calderón Hinojosa responde a quienes insistimos en la urgencia de un servicio de inteligencia, porque según él, las capacidades técnicas y tecnológicas hacen de la policía “una institución sólida con capacidad para hacer frente al fenómeno delictivo del país” y por eso “hoy el país cuenta con instituciones capaces de combatir con eficiencia a la criminalidad , pasando de la cultura del “cómo no” a la del “como sí”.
Mantener una postura de esa naturaleza encierra al Presidente de México y a sus colaboradores en la materia en un cuarto obscuro. Nadie mejor que ellos, sobretodo si consideramos que estamos en el sexenio en que se hace “lo que nunca antes se habían atrevido hacer los presidentes”. Estamos de acuerdo en esto último, porque ninguno en su sexenio dejó 60,000 hogares enlutados luego de una inútil guerra, en tiempos de paz.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Periodista, articulista, comentarista en Radio y Televisión. Ha sido Jefe de Información y Director de Noticiarios de Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional; Magistrado Numerario Fundador Tribunal Superior Agrario; Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno del Estado de México; Representante del Gobierno del Estado de México en el D.F.; Director del Centro de Estudios de Justicia Agraria “Doctor Sergio García Ramírez” del Tribunal Superior Agrario y Director periodístico de la Agencia Mexicana de Información (AMI). Autor del libro “Bob Kennedy y los Asesinos sin Cara”. 1968. Autor del libro “La Radio, El PRI y El Destape”. 1988. [email protected] Twitter: @JorgeHyV