Por: Rafael García Tinajero Pérez
En situaciones de campañas electorales como la que vive hoy México, cuando la política se hace de forma absurdamente pragmática, sin ideas ni ideología, sin principios, ni proyecto ni programa, resulta lógico que los contendientes, sobre todo aquellos que avizoran una derrota inminente o los que ven sus posibilidades de crecimiento estancadas o a la baja, tomen la decisión de bajar también a los contrarios disminuyéndolos ante la opinión pública o de plano eliminarlos de la contienda mediante diversas argucias. Como ya no pueden convencer intentan vencer generando la percepción de que los adversarios son tan malos o peor que ellos, es lo que se llama campaña negra.
Las campañas negras apelan a los sentimientos más primitivos como el miedo y el odio y tienen efectos negativos múltiples, dividen a las sociedades y hacen imposible el dialogo y la convivencia, aún en el seno de las familias, entre quienes tienen diferentes convicciones políticas. Entre quienes compiten crean tal situación de encono que se hace imposible la reconciliación tras la contienda y los necesarios consensos para que el país avance por causes de concordia y de cooperación.
Cuando además intervienen aquellos que detentan cargos públicos tan importantes como el de Presidente de la República, estos efectos se multiplican y surgen otros como es la pérdida de legitimidad de las instituciones del Estado.
En la historia de este país existen dos casos paradigmáticos sobre esta forma de actuar y sus consecuencias:
El primero es el encarcelamiento de Francisco I. Madero, candidato del Partido Antirreeleccionista, por el gobierno de Porfirio Díaz en 2010 y que desemboco en una guerra civil cruenta que costo la vida de un millón de mexicanos y un largo periodo de inestabilidad social.
El segundo es el del desafuero de Andrés Manuel López Obrador, en 2005, hecho que, al no sacarlo de la contienda electoral del año siguiente dio origen a una campaña electoral negra en su contra y a una intervención descarada del Presidente de la República, amén de un resultado dudoso que tácitamente es reconocido cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación declaró válidas las elecciones presidenciales y en su dictamen los magistrados reconocieron que la actuación del presidente, Vicente Fox, puso en riesgo la legitimidad del proceso al hacer campaña abiertamente en favor del candidato de su partido, Felipe Calderón. Fue el origen de un gobierno mermado en su legitimidad que para recuperarla optó por sacar al ejercito de sus cuarteles e iniciar una guerra no planeada, sin táctica, inteligencia ni estrategia, la guerra contra el narcotráfico cuyas consecuencias se extienden en el tiempo hasta nuestros días con su cauda de muertos, desaparecidos, viudas y huérfanos.
Hoy, cuando es los órganos responsables de perseguir el delito y procurar justicia, carecen de autonomía puesto que dependen totalmente del presidente de la República, tal parece que éste ha decidido usar todo el poder Estado para descarrilar a un candidato, Ricardo Anaya, aún a costa de debilitar, aún más, a las instituciones del Estado y poner en riesgo a éste y nuestra muy frágil democracia.
Es por esto que no considero ocioso el reproducir esta misiva que envíe a mis compañeros Diputados Federales de la LIX Legislatura el día de la sesión en que se desaforo a AMLO y preguntando hoy lo mismo al Presidente de la República, Enrique Peña Nieto. ¿De qué lado de la historia se formará?

¿Qué quieren ser, Madero o Huerta?”
COMPAÑERO DIPUTADO FEDERAL DE LA LIX LEGISLATURA.
PRESENTE.
Seguramente habrán visto la manta que en la sesión del pasado martes exhibimos algunos diputados del PRD con la leyenda: “¿Qué quieren ser, Madero o Huerta?”.
Esta carta tiene como fin solicitar, con un gran respeto, que se reflexione sobre el mismo tema. Sé que eres un gran conocedor de la historia patria, pero no es ocioso que juntos recordemos dos pequeños pasajes de la historia tomados del texto “¿Quién mató a Pancho Madero?”, de Daniel Molina Álvarez, fechado por el autor el 20 de febrero del 2005, los cuales resumo a continuación.
El primero se refiere a la eliminación de Madero, mediante argucias legaloides, de la contienda presidencial de 1910:
A principios de 1910, en vísperas de su enésima reelección en la Presidencia de la República, el viejo dictador, Porfirio Díaz, vivía en plena decadencia personal y política. De hecho, el mando de la República había ya escapado de las manos de Don Porfirio para caer repartido en las de varias camarillas que se disputaban la sucesión a dentelladas.
Así, cuando apareció en la escena política Francisco I. Madero, con la publicación de su histórico libro: “La sucesión presidencial de 1910”, en el que demandaba “Sufragio efectivo, no reelección” la oligarquía, enfrascada en sus intrigas palaciegas, lo ignoró totalmente. Madero se concentró en la organización de su Partido Nacional Antireeleccionista y apareció meses más tarde con una fuerza política y moral incontrastable.
Cuando la dictadura comprendió que sería derrotada en las urnas por Madero, decidió sacarlo de la carrera presidencial inventándole falsos cargos y conduciéndolo finalmente a prisión. Para impedir su asistencia a la Convención Antirreeleccionista, se le había acusado de invadir un predio ajeno, desacatando una orden judicial y construyendo ilegalmente una brecha para robarse una carga de guayule; y cuando esta acusación fracasó por ridícula e infundada, se le acusó – siendo ya candidato a la Presidencia de la República- de proteger de la policía a un orador que había pronunciado en San Luis Potosí un discurso injurioso en contra de las autoridades, que había falsificado un empleado de Ramón Corral, de este modo Madero fue detenido y trasladado a la cárcel de San Luis Potosí.
Al eliminar tramposa y alevosamente de la contienda democrática al más popular de los contendientes, la dictadura cometió uno de los más grandes y estúpidos de sus errores, ya que con ello precipitó el estallido de la Revolución Mexicana, el Porfirismo, y con el desprecio que sentía por el pueblo, subestimó la reacción que produciría este agravio.
El segundo tiene que ver con el golpe militar de Victoriano Huerta:
Las elecciones extraordinarias que llevaron a la Presidencia de la República a Madero fueron tan concurridas, unánimes y entusiastas que convencieron a los enemigos de la revolución y de la democracia de la necesidad de derrocarlo y aún de eliminarlo físicamente.
Encontraron su programa en la frase acuñada por el porfirista García Granados: “La bala que mate a Madero salvará a México”.
Del cuartelazo de la Ciudadela fueron responsables, además de los militares golpistas, el embajador estadounidense, intereses plutocráticos extranjeros, la ultraderecha católica, la prensa reaccionaria, las cámaras de diputados y senadores, el poder judicial en pleno y los políticos profesionales desplazados y resentidos contra el maderismo, particularmente los porfiristas de todo pelaje.
También contribuyó con su granito de arena contra el régimen maderista la jerarquía católica, la cual temía perder los beneficios y privilegios que, disminuidos durante la Reforma, había empezado a recuperar durante el porfirismo gracias a las gestiones e influencias de una primera dama mocha y manipuladora que obtenía de su decrépito y enamorado consorte todo lo que le pedía a favor del clero.
Cuando Madero se encontraba preso en Palacio Nacional, algunos diputados y senadores lo presionaron con intrigas para que renunciara a la Presidencia, y cuando obtuvieron con engaños las renuncias de Francisco I Madero y José María Pino Suárez, la mayoría de la Cámara de Diputados cometió la indignidad de desaforarlos –que eso equivalió a aceptar sus renuncias- y de prestarse a la farsa del nombramiento de un Presidente que duró en el poder 45 minutos, tiempo sólo suficiente para que Pedro Lascuráin nombrara Secretario de Relaciones Exteriores a Victoriano Huerta y luego renunciara, convirtiendo a el Chacal en el Presidente Constitucional. Huerta asumió el poder el 19 de febrero de 1913 y Madero fue asesinado tres días después.
Como podemos observar, aunque la historia no se repite con exactitud, hay una gran semejanza entre estos pasajes de nuestra historia y lo que estamos viviendo. La decisión que tomes hoy puede marcar la diferencia.
Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Madero o Huerta? Heredar a tus hijos y nietos el orgullo de haber pertenecido a una legislatura que contribuyó a la consolidación del régimen democrático, o el oprobio de haber servido a una camarilla obsesionada por el poder que, enarbolando la bandera de la ley, condenó al país a un retroceso histórico que lo llevó hasta la época del Chacal.
Tus actos tendrán consecuencias sobre esta y futuras generaciones de mexicanos. El sentido de tu voto de hoy marcará tu lugar en la historia.

Huerta o Madero, tú decides.
Palacio Legislativo de San Lázaro a 7 de abril del 2005.
Atentamente.

DIP. FED. RAFAEL GARCÍA TINAJERO PÉREZ. DISTRITO XII DE MICHOACAN.