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“Los dogmatistas y los serviles aguzan sus silogismos para falsear los valores en la conciencia social; viven en la mentira, comen de ella, la siembran, la riegan, la podan, la cosechan. Así crean un mundo de valores ficticios que favorece la culminación de los obtusos; así tejen su sorda telaraña en torno a los genios, los santos y los héroes, obstruyendo en los pueblos la admiración de la gloria. Cierran el corral cada vez que cimbra en las cercanías el aletazo inequívoco de un águila” -José Ingenieros-
Hace 6 años los mexicanos nos vimos envueltos en un proceso electoral polémico que dejó insatisfechos a distintos sectores de la sociedad. Uno de los aspectos más dolorosos fue la “guerra sucia”, hecho que polarizó el universo político en México, cuyos efectos continuaron aun después del cuestionable resultado de aquel 2 de julio. Basta recordar que en cada suceso, en cada acontecimiento trágico durante el segundo sexenio del PAN nos preguntábamos qué, quién o quiénes eran en realidad un “peligro para México”, pero esto, realmente es y seguirá siendo una pregunta tramposa, cuya génesis son la ignorancia y el pánico. Habría entonces que preguntarnos primero si este planteamiento maniqueo es apropiado dado que no nos podemos basar en un juicio que carece de razonamiento lógico: ¿qué es México? y de acuerdo a esa definición ¿cuál puede ser ese peligro para México?

En las últimas semanas, el resurgimiento de la “guerra sucia” hacia el candidato de la izquierda se ha hecho presente en los distintos medios de comunicación, los recientes spots de los partidos PAN y PRI son la muestra de que esto apenas empieza. Pero aceptar como “estrategia” de campaña este tipo de acciones es solapar el cinismo con el que se pretende entrar de nuevo en una espiral de violencia moral y simbólica, porque queda claro que no es el hecho de cuestionar a López Obrador lo que indigna, debido a que disentir siempre será saludable para una democracia, lo verdaderamente repudiable es que se pretenda convencer al electorado (una vez más) a través del engaño y la descalificación: ¿por quién nos toman cuando nos pasan estos spots? Si el tipo de mensaje con el que pretenden hacernos cambiar de opinión carece de argumento ¿qué piensan de nosotros? ¿Acaso se nos percibe como votantes viscerales? Cabe aclarar que no se subestima los efectos de la “guerra sucia”, sino se cuestiona a quienes la ejercen para justificar su existencia y preeminencia política en detrimento del “adversario político”.
El cinismo ronda a todos los partidos cuando hablan de violencia y corrupción, indigna que se pase de la comunicación política a la incomunicación de la política, basta con ver una y otra vez los spots y las declaraciones para darse cuenta que al votante no se le respeta, al anteponer la denostación y no la propuesta se deja entrever que anhelan votantes pero no ciudadanos.
Los spots del PAN hablan de impedir el regreso del rencor, del odio, de la intolerancia, hacen incluso una grosera manipulación de los discursos obradoristas intentando evidenciar al candidato como alguien que justifica e invita a violentar el orden: ¿Acaso no es violencia este tipo de campañas que promueven la polarización y el odio? ¿Por qué no mejor escoger la comparación o contrastación de los proyectos económicos o sociales?
Claro, un spot de treinta segundos con mensajes cortos impacta más, “llega al público meta” diría el publicista, pero los costos a la larga son muchos, ya que la denostación no construye, no aporta al tan anhelado debate de ideas. En el contexto de un México de 10 millones de twiteros y más de 110 millones de televidentes la influencia de un tweet de 140 caracteres a un spot de 30 segundos, sigue siendo abismal en términos de costos, tiempo e impacto. A pesar de que el #movimientoyosoy132 ha influido en el rumbo de la elección gracias a las redes sociales, no olvidemos que hay mucho retos, muchas regiones desconectadas de los cambios sociopolíticos que se gestan –contra todo pronóstico- valerosamente desde el centro del país. Dicho movimiento es un gran logro, pero no es algo a lo que esté acostumbrado el poder político y económico, hay mucho que hacer en pro de nuestra democracia y sin duda la integración de la comunidad universitaria es clave.
Más allá de López Obrador, lo que está en juego es la forma de hacer política. Es sabido que todos los partidos implicados en este proceso electoral tienen entre sus filas a militantes que usualmente utilizan el insulto y la provocación. Con razón o sin ella, lo que no podemos permitir es que los partidos políticos y las instituciones reflejen oficialmente estas posturas. De seguir la tendencia mercadológica y política en la conducción de las campañas, resulta inimaginable el costo social y político que representaría hacer del espacio público un coliseo donde sólo hay pan y circo.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Licenciado en Ciencias Políticas por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Diplomado en Organizaciones de la Sociedad Civil FLACSO-Argentina. Los trabajos se orientan al análisis y descripción de temas enfocados a los Recursos Naturales y el Medio Ambiente. Twitter: @H7GO