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El día 31 de mayo el diario Reforma publicó los resultados de una encuesta bajo el título Adelanta AMLO en centro y sur (p. 6). Se consignan ahí conclusiones que son infundadas, si se atiene uno a la metodología que se usó. Con un total de 1,515 entrevistas en todo el país, se afirma que la brecha entre EPN y AMLO se ha cerrado hasta tenerse una diferencia de apenas 4 puntos entre ambos, en las preferencias del electorado.
La estadística permite obtener muy buena información para tomar decisiones, si se hace correctamente. Pero también puede llevar a conclusiones engañosas. En primer lugar, si se ve la tendencia de los últimos meses (en las siete empresas que se dedican a esto), hay efectivamente un ajuste a la baja en el puntaje de EPN, y una ganancia de AMLO. Pero de ninguna manera puede acelerarse este proceso al punto que presenta la encuesta de Reforma.
Todas las empresas han venido mostrando un comportamiento semejante, cuál más, cuál menos. Y esto es importante, porque de alguna manera se validan entre sí. Y, salvo algunas desviaciones más o menos explicables (recordemos a alguna casa encuestadora que en los días aciagos del 2006 le daba a AMLO 10 puntos de ventaja sobre FCH), obtenemos en promedio una fotografía algo borrosa, pero muy indicativa.

Me parece que Reforma está tratando deliberadamente de aportar confusión al proceso. ¿Por qué lo hace? No podría contestar esa pregunta. Pero es claro que algo tiene un tufillo raro.
Divide al país en cuatro grandes áreas, lo cual deja poco menos de 400 entrevistas en cada una. ¿Puede con esto darse un resultado que tenga un nivel de credibilidad aceptable? NO.
Dicen que su encuesta tiene un margen de error de 2.9 por ciento. Falso.
En primer lugar, la terminología margen de error es ambigua. Si a lo que se refieren es a la amplitud de un intervalo de confianza para la estimación puntual, ésta es de 5 puntos porcentuales para un tamaño de muestra de 1,515, bajo un esquema de muestreo aleatorio simple, y de 10 puntos para una muestra de 400 casos. Así pues, el “margen de error” en cada una de las regiones es del orden de 10 puntos – en el mejor de los casos. Y ello, sin considerar el efecto de diseño, toda vez que se usa un muestreo polietápico y que, a ojo de buen cubero, nos llevaría tal vez a 15 puntos porcentuales, o más. Ello invalida la conclusión tremendista que nos ofrecen.
La nota metodológica no informa cómo se llevó a cabo la encuesta. ¿Hicieron primero una encuesta en cada una de las cuatro regiones, con tamaño de muestra controlado en cada una de ellas? O bien, ¿hicieron primero la encuesta nacional, con un tamaño total de 1,515 unidades, y posteriormente repartieron éstas en cada región?
Los resultados serían diferentes según el caso. Los expertos de Reforma no podrían equivocarse en algo tan elemental, así que la conclusión es que ese diario está arrojando arena a los ojos del espectador. Y todo coincide con el ciberataque a la página de Mitofsky, donde se presentan, entre otras cosas, los resultados, semana a semana, de las siete casas encuestadoras que, como dije antes, coinciden en términos generales.
Sería prácticamente imposible que en el curso de unos cuantos días AMLO hubiese podido remontar la diferencia de más de 15 puntos que lo separaban de EPN, inclusive en las encuestas de Reforma. Ni yendo a bailar a Chalma.
Algo turbio hay en todo esto. Y, naturalmente, si llega a ganar EPN el 1 de julio, ya tendrá AMLO el material de Reforma para invocar otra vez el fraude y volver al intento de desestabilización que nos tuvo al borde del precipicio hace seis años. Él no cree en las encuestas, excepto cuando los resultados le favorecen.
Flaco servicio le hace ese periódico al país, además de contribuir al descrédito de la metodología estadística.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.